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El ajedrez según Elena Alonso, ganadora del Premio Alhambra al Arte Emergente

El juego que llegó a España de la mano de la cultura musulmana y la artista lo revisita a través de la abstracción geométrica

Premio Alhambra al Arte Emergente
'S13, R19, Z26', la obra de Elena Alonso, ganadora de las II edición del premio Cervezas Alhambra de Arte Emergente, dentro de la Feria ARCOmadrid. |

"El arte actual no es arte, sino artesanías", afirmaba hace poco el escritor Félix de Azúa, en plena promoción de su último libro, Volver la mirada (Debate), en el que reúne sus textos sobre arte, y que presenta estos días. La idea era, se entiende, denostar el trabajo de los creadores contemporáneos asimilándolo a una categoría que se considera inferior. Pero, por otro lado, también hay quien se esfuerza en recordarnos que la relación entre artistas y artesanos puede ser muy fructífera.

Por ejemplo, en el contexto de la feria ARCO acaba de decidirse el tercer premio Cervezas Alhambra de Arte Emergente. La ganadora ha sido Elena Alonso (Madrid, 1981) con la obra S13, R19, Z26, un trabajo escultórico de tres elementos basados en las piezas del juego de ajedrez, que tal y como las conocemos tendrían origen árabe y llegaron a nuestro país a través de la cultura musulmana.

Alonso sigue así su enfoque habitual de indagar sobre los materiales y las formas dentro de una clave general de abstracción geométrica. En esa misma línea, acaba de inaugurar una individual en su galería, Espacio Valverde, después de haber sido una de las presencias más comentadas con su arco para Querer parecer noche, la exposición-suma del arte producida en Madrid en el CA2M de Móstoles.

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Arriba, Elena Alonso. Abajo, 'Antojo', la obra que presentó en la exposición 'Querer parecer noche' en CA2M de Móstoles. |
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Alonso realizó su obra para esta edición de los galardones en estrecha colaboración con un experto tornero. La premisa general del premio Cervezas Alhambra es que los creadores plásticos colaboren con un artesano, inspirándose en la ciudad de Granada y en su principal monumento. Bajo la coordinación de la comisaria Alicia Ventura, un comité de expertos se encarga cada año de invitar a los artistas participantes y seleccionar las propuestas finalistas. El jurado que este año ha tomado la decisión final estaba compuesto por Manuel Segade, director del CA2M, los artistas Juan Cruz y Teresa Lanceta, el comisario David Barro, la crítica Bea Espejo, la coleccionista Patrizia Sandretto Re Rebaudengo y la directora de Marketing de Cervezas Alhambra, Laura Quero.

Alicia Ventura no parece estar muy de acuerdo con la visión de Félix de Azúa. De hecho, ella prefiere invertir los términos de la tesis del escritor: "La artesanía también es arte. Y también evoluciona y se renueva. Las tradiciones están para que permanezcan, se conozcan y se actualicen en el tiempo. Por ejemplo, una visita reciente a ferias internacionales, como la de Basilea, pone el acento en la cerámica y otras técnicas totalmente renovadas para su venta como arte contemporáneo".

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Los ganadores de las dos ediciones anteriores del premio fueron José Miguel Pereñíguez, con una pieza conceptual bellamente resuelta en lo formal, y Kiko Pérez, por una exquisita instalación de baldosas hidráulicas que recordaban al antiguo alicatado nazarí.

Este año, además de la ganadora, los expertos habían seleccionado los proyectos presentados por otros cinco artistas (dos de ellas en tándem), de quienes cuatro son mujeres.

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Arriva, 'Señas y sonidos del Palacio Rojo (leones/reyes/abencerrajes)', de José Miguel Pereñíguez; abajo, 'El holandés errante', de Kiko Pérez; ganadores del premio Cervezas Alhambra al Arte Emergente 2017 y 2018 respectivamente. |

Patricia Gómez y María Jesús González (Valencia, 1978) son conocidas por su trabajo de documentación de espacios abandonados o en desuso mediante fotos, vídeos e instalaciones murales, invocando la memoria que esos lugares albergan. En esta ocasión también se remiten al palacio andalusí para recrear unos arabescos obtenidos según la técnica del "apretón" —un método de reproducción por la que se aplica con presión un material blando sobre el relieve original, creando un molde con el que después se pueden generar copias—, cuya aplicación a la Alhambra estuvo curiosamente prohibida durante un tiempo antes de utilizarse para restaurar sus yeserías.

Asunción Molinos (Aranda de Duero, 1979), de la que recordamos una estupenda exposición sobre la historia de Egipto en la galería Travesía Cuatro hace dos años, aquí se centra en el yamur, el remate ornamental típico de los alminares de las mezquitas compuesto por lo general de tres esferas de tamaños decrecientes ensartadas en un vástago central. Del mismo modo que los yamures se han reutilizado en iglesias cristianas, añadiéndoles cruces o convirtiéndolos en veletas o pararrayos, la escultura de forja de Molinos también introduce alteraciones en la forma original para reflexionar sobre los devenires históricos.

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Izquierda, arabescos de Patricia Gómez y María Jesús González. A la derecha, la escultura de Gabriel Pericàs. |

Mònica Planes (Barcelona, 1992), siempre interesada en indagar sobre nuestra relación con los espacios, ha ideado una instalación de cuatro grandes piezas de cerámica partiendo de los tradicionales azulejos pintados con escenas de artesanos trabajando.

Por fin, Gabriel Pericàs (Palma, 1988), mallorquín residente en Nueva York, artista y editor, ha realizado una serie de esculturas de latón según los métodos de producción de los instrumentos de viento, como resultado de su estudio de la red de distribución de agua de la Alhambra. Las formas que la obra adopta hacen pensar en un alambique o un aparato retro-industrial.

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A la izquierda, el 'yamur' reinterpretado por Asunción Molinos. A la derecha, las grandes piezas de cerámicas de Mònica Planes. |

Posiblemente el jurado no lo tuvo fácil para elegir una sola obra dentro de una selección completa y variada que representa bien el panorama actual de la creación artística en nuestro país. "El arte contemporáneo es una de las profesiones que mejor nos sirve para medir la creatividad de un país y de sus gentes", concluye Alicia Ventura. "El cerebro y el corazón de un artista están en continua ebullición buscando nuevas formas, nuevos lenguajes, nuevos medios para expresarse. Y nuestra aportación consiste en recuperar unas técnicas ya olvidadas para muchos cuando somos uno de los países más ricos en ellas: vidrio, cerámica, forja, ebanistería, y un largo etcétera".

Ante esto, nos remitimos a otra cita. Procede del libro El artesano (2008, Ed. Anagrama), del sociólogo norteamericano Richard Sennett, uno de los escritos más agudos sobre la vieja pretensión de hacer bien las cosas (que esperamos que nunca se pierda): "No hay arte sin artesanía; la idea para una pintura no es una pintura".

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