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HISTORIA

Cuando los negros ocupaban la peor parte del hospital

La historia del centro sanitario regional de Saint Louis, al norte de Senegal, es un ejemplo viviente de lo que supuso el colonialismo. Fue el primer edificio de estas características en el África negra

A la izquierda, visita de una delegación ministerial francesa al hospital en 1943, a la izquierda, una enfermera en 1950.
A la izquierda, visita de una delegación ministerial francesa al hospital en 1943, a la izquierda, una enfermera en 1950.
Saint Louis (Senegal)

Cuando en 1848 se abolió la esclavitud en las colonias francesas, los antiguos dueños no aceptaban que sus sirvientes se convirtieran de la noche a la mañana en sus iguales. Por eso se fundaron en todo África lugares para recluirlos en guetos. Reino Unido envío a 400 exesclavos a fundar Freetown, la actual capital de Sierra Leona. Liberia fue la solución de los estadounideses para dejar ir a sus antiguos trabajadores gratuitos. Hubo otro caso más concreto. La primera ciudad fundada por Francia en África Occidental, Saint Louis (Senegal), reservó a sus exprisioneros un barrio entero alejado de la zona europea, con la esperanza de evitar que un día estos nuevos hombres libres reclamaran los mismos derechos que los occidentales.

Saint Louis era entonces una de las ciudades más importantes de lo que se conocía como África negra. Nacida como colonia en 1659, aquí se creó la Compañía Francesa de las Indias Occidentales, la entidad que gestionaba el intercambio entre África y América de tejidos, marfil, aceite y también esclavos. "Eran considerados como animales, pero procuraban tenerles con buena salud para que llegarán en buen estado a América", cuenta el profesor del Instituto de Estudios Europeos Alain Sinou en uno de sus libros de 1986. Este investigador ha escrito una decena de títulos centrados en las ciudades coloniales de África subsahariana. Los primeros habitantes franceses de la isla eran militares y empleados de la compañía, que convivían con negros libres y con esclavos. Nacieron muchos hijos mestizos fruto de la unión entre europeos y africanas.

Una de las órdenes del gobernador francés instaba a los "negros y negras que hacen sus necesidades a orillas del río, a meterse en el agua para no ensuciar"

La salud llegó a ser precisamente uno de los motivos principales de preocupación de la colonia con el paso de los años, sobre todo por la aparición de misteriosas enfermedades desconocidas en Occidente. Por eso hacía falta un centro médico. Fundado a principios del siglo XIX, fue el primero en importancia y con características de hospital en África Subsahariana, según el propio centro. Tras innumerables proyectos y retrasos (uno de ellos preveía el traslado de piedras desde Canarias para su construcción), se convirtió en un símbolo del poder de la metrópoli y también de las diferencias entre los que habitaban Saint Louis. Hoy sigue en pie, atiende a una población de unos 250.000 habitantes y continúa siendo unos de los edificios más imponentes de la ciudad.

Zahir Fall, jefe del archivo del hospital, entre sus estanterías.
Zahir Fall, jefe del archivo del hospital, entre sus estanterías.

Zahir Fall, jefe actual del archivo histórico del hospital, muestra la lista de los directores de la institución. Hasta los años sesenta, todos militares y con apellido francés. Desde la independencia, todos senegaleses. "Cuando nació, este centro atendía a unos 900 pacientes al año, ahora tiene capacidad para 4.000. Es un edificio pequeño, que no puede crecer más hacia arriba porque sería inseguro y no tiene posibilidad de expandirse a los lados", resume.

Su construcción y diversas ampliaciones se demoraron décadas entre un mar de correspondencia entre la colonia y la metrópoli. Esta cantidad de misivas da una idea de la importancia capital que tuvo este edificio y la carga simbólica del urbanismo en la época colonial. "La primera preocupación del gobernador es proteger mejor a sus ciudadanos. El hospital simboliza, de un modo material y en su arquitectura masiva que domina la isla, la protección del Estado francés", resume Alain Sinou.

Vista desde el río Senegal del hospital en una imagen sin fechar proporcionada por el archivo histórico de la ciudad.
Vista desde el río Senegal del hospital en una imagen sin fechar proporcionada por el archivo histórico de la ciudad.

A principios del siglo XIX la fiebre amarilla, el tifus, el escorbuto, la sífilis y la hepatitis afectaban a la población sin que los médicos supieran cómo actuar contra estas enfermedades desconocidas. En esos primeros años, el cirujano solo estaba a disposición de los blancos y en la mayor parte de los casos, el tratamiento a los enfermos se basaba en aislarles en sus habitaciones y esperar a que murieran. La ignorancia llevó a las creencias místicas y a pensar que eran dolencias propias de territorios que estaban más allá de la mano de Dios. "Los colonos daban por sentado que eran maldiciones que acababan llegando, por eso trataban de permanecer en África el menor tiempo posible en la mayor parte de los casos", recoge Sinou.

Justo en esa época desembarcó en Saint Louis la misionera Anne-Marie Javouhey, fundadora de la orden de Saint-Joseph de Cluny. Las hermanas se implicaron a fondo en el trabajo en el hospital. Dos siglos después, la orden mantiene una estrecha relación con la ciudad. "Se ocupó de los problemas que ella consideraba esenciales: el clero, la construcción de una iglesia, la reforma del hospital, la consolidación de las dos comunidades existentes. Considera esencial la creación de un clero africano", recoge una biografía sobre la monja. El edificio conserva aún placas de la época en recuerdo de estas religiosas y siguen gestionando un colegio en la ciudad. Con la declaración del carácter laico de la institución a principios del siglo XX, las monjas fueron desapareciendo paulatinamente del servicio hospitalario.

Zona del hospital que recuerda a la hermana Jean, una de las misioneras que trabajó en el hospital.
Zona del hospital que recuerda a la hermana Jean, una de las misioneras que trabajó en el hospital.

La alta mortalidad suponía una pérdida económica importante, porque bajo el halo del continente de las fiebres, ningún ciudadano formado quería vivir en la ciudad y solo acudían a ella los "parias", según define Sinou en su libro sobre la ciudad. Por eso el gobernador emitió una serie de normas urbanísticas para mantener las calles limpias y así evitar la proliferación de enfermedades. Una de las órdenes instaba a los "negros y negras que hacen sus necesidades a orillas del río, a meterse en el agua para no ensuciar". En este contexto, la necesidad de mejorar el hospital se hizo urgente. "Primero fue un hospital militar con muchísimas deficiencias, a partir de 1822 comenzaron las reformas que lo convirtieron en lo que es hoy", explica Fall.

Libro de registros de 1950 cuando estaba dividida la medicina europea y la africana. ampliar foto
Libro de registros de 1950 cuando estaba dividida la medicina europea y la africana.

Según el libro de Sinou, basado en archivos coloniales: "El espacio se divide según la jerarquía militar. Por un lado, los oficiales, después los suboficiales y el resto de la tropa. En la parte inferior de esta escala, de manera homogénea, estaban los africanos". En la documentación aportada por Fall también aparece reflejado que esta división se prolongó en el tiempo, pues en 1934 el ala oeste estaba reservada para la "medicina europea y la pediatría" y la sur para la "medicina y maternidad africana y los enfermos contagiosos". El archivo del hospital alberga en sus estanterías algunos de los libros de registros de los años treinta, cuarenta y cincuenta con los nombres de los pacientes y la división entre medicina europea y africana.

Con la caída de los imperios coloniales, se acabaron las distinciones. Desde los setenta empezó a recibir algunos fondos europeos para su renovación. A partir de 2002 se inicia lo que el centro define como "periodo de grandes proyectos". En 2005, por ejemplo inauguró el servicio de urgencias, y en 2010 se empieza a realizar diálisis en pacientes. Ahora cuenta también con un servicio de anatomía patológica, para estudiar a fondo las enfermedades y su propio laboratorio. "Con la implantación de la carrera de medicina en la universidad de Saint Louis, esperamos ampliar el abanico de especialistas", explica Ibrahima Konaté, profesor y cirujano del hospital. En una pequeña sala, tres informáticos intentan con un material más que precario empezar a digitalizar los expedientes y documentación hospitalaria.

En una de las paredes del despacho del secretario personal del la dirección, cuelgan los retratos de todos los que han estado al frente de este centro en los últimos 50 años. Todos senegaleses, ni rastro de los de la época colonial.

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