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ÁFRICA

El escándalo de las “ciudades chárter” para frenar la migración africana

Ante el auge del discurso anti-inmigración y al más puro estilo neocolonial siglo XXI algunos políticos plantean crear urbes gestionadas por potencias extranjeras dentro de África

Caricatura de la Conferencia de Berlín. Publicado en 1885 por el Journal L'Illustration bajo el título «Découpage de l’Afrique à la conférence de Berlin», LA CONFÉRENCE DE BERLIN - A chacun sa part, si l'on est bien sage. Ampliar foto
Caricatura de la Conferencia de Berlín. Publicado en 1885 por el Journal L'Illustration bajo el título «Découpage de l’Afrique à la conférence de Berlin», LA CONFÉRENCE DE BERLIN - A chacun sa part, si l'on est bien sage. Wikimedia Commons

El Premio Nobel de Economía 2018, Paul Romer, desarrolló en los noventa una idea que lo llevó a ser venerado por los amantes de las recetas de desarrollo diseñadas desde el Norte. El concepto se basaba en que los países más pobres pudieran enriquecerse estableciendo "ciudades chárter" o ciudades fletadas, administradas por extranjeros dentro de sus fronteras. Es decir, oasis urbanos tecnocráticos para atraer inversiones y empleos, inundadas por capital privado y sin necesidad de ayuda extranjera. Solo haría falta que los países pobres arrendaran trozos de territorio a potencias extranjeras "iluminadas", que se harían cargo de ellas a modo de protectorado imperial. Así, supuestamente, se generaría empleo para la población local y los africanos no tendrían que migrar. La idea, tachada de neo-medieval y neo-colonial en la época, ha sido rescatada ahora por un funcionario alemán, encendiendo todas las alarmas.

El pasado mes de noviembre, Günter Nooke, comisionado alemán para África, dijo que a los países europeos se les debería permitir arrendar tierras y construir y administrar ciudades en el continente africano como un medio para detener lo que él ve como la expansión descontrolada de la migración de África a Europa. Para Nooke, permitir el "desarrollo libre" de estas áreas estimularía las economías africanas y generaría "crecimiento y prosperidad", reduciendo el atractivo de Europa como destino para la migración. Las ciudades, agregó, operarían bajo un conjunto de leyes independientes del país anfitrión. 

No es la primera vez que Nooke pronuncia unas declaraciones así. En octubre, y con el peso de la huella deleznable que el violento pasado colonial alemán dejó en Namibia, Camerún, Tanzania y Togo, el político dijo que la colonización europea había permitido a África "deshacerse de sus estructuras arcaicas" o que "la guerra fría ha hecho más daño a África que el período colonial".

Esta vez, la Unión Africana se ha posicionado con contundencia. La directora de comunicación de la Unión Africana, Leslie Richer, explicó recientemente a la BBC que las ciudades que Nooke propone son una "respuesta perezosa" a las preocupaciones sobre la migración e "implica que África debe renunciar a su soberanía". 

Mientras en muchos países africanos, la tenencia de tierra aún es irregular y está en manos de minorías ricas, en cierta forma herederas del colonialismo, la exclusión económica que podría significar llevar a cabo una idea como esta sería desastrosa. Además, estos planes chocarían frontalmente con la Agenda 2063 y los planes de integración política y económica de toda la región.

No es la primera vez que la idea de las "ciudades chárter" cala en el continente. En 2008, el entonces presidente de Madagascar, Marc Ravalomanana, expresó interés en implementar el plan en la isla del Océano Índico tras una reunión con su ideólogo, Paul Romer. Sin embargo, la oposición acusó a Ravalomanana de traición y las protestas desencadenaron su caída en 2009.

En América Latina, el expresidente de Honduras, Porfirio Lobo Sosa, apoyó la idea en 2011, creyendo que las "ciudades chárter" mejorarían las vidas de los hondureños. El periódico independiente La Prensa dijo en ese momento que el plan convertiría al país en "el Hong Kong de Centroamérica". Tras una reacción violenta de los críticos que se oponían a que Honduras perdiera el control sobre su territorio, Sosa tuvo que renunciar a sus planes de implementarlas en el país. Sin embargo, sí ha calado la idea de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), no sin levantar los mismos recelos.

En un momento en que tanto los migrantes de África como América Latina hacia Europa y Estados Unidos colman portadas de periódicos y ocupan las secciones internacionales de los telediarios, la migración se ha convertido en uno de los principales eslóganes para el auge tóxico de la ultraderecha a un lado y otro del Atlántico.

En dicho contexto, este nuevo modelo de ciudades, concebidas como áreas de extraterritorialidad bajo el control de la comunidad internacional está despertando la perplejidad y la ira tanto de la diplomacia africana como de partidos políticos europeos como los verdes alemanes, que ya han pedido la dimisión de Nooke.

Ali Sangaré, secretario general del Consejo Federal de la Comunidad Africana en Alemania, recuerda que una ciudad, "no se crea así, se crea en torno a una cultura o historia específica. No puedes decir que vamos a crear ciudades y decirle a la gente: vas a vivir allí y es el colono blanco quien vendrá y gobernará todo eso. Creo que este pensamiento del señor Nooke no es más que neocolonialismo".

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