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OPINIÓN

Globos para llevar Internet al fin del mundo

La conexión y acceso a la información es un recurso que contribuye de manera determinante al desarrollo social y económico de las comunidades más aisladas

Uno de los globos del proyecto Loon.
Uno de los globos del proyecto Loon.

El acceso universal a Internet es una de las claves para el desarrollo de muchas de las comunidades más apartadas. Permitiéndoles acceder a mejores opciones de salud, educación, servicios y productos clave, así como el desarrollo de oportunidades económicas inaccesibles de otra manera. Algunas de las mayores empresas tecnológicas —Google, Facebook o Microsoft— han intentado llevar Internet al fin del mundo, aunque de momento solo Google parece firme y exitosa en su empeño.

Una de sus mayores obsesiones ha sido siempre esa: llevar Internet a los lugares más remotos del planeta. En sus propias palabras: “Muchos de nosotros concebimos la Red como una comunidad global. Pero dos tercios de la población mundial no tienen acceso a ella”.

Ya sea a través de usar las capacidades de inteligencia artificial del Google Assistant en una llamada telefónica normal; a través del lanzamiento de grandes globos de helio a la atmósfera; o con el uso de drones, Google persevera en universalizar el acceso.

Según el informe We are digital 2018, de We Are Social y Hootsuite, los usuarios de Internet, 4.021 millones de personas, superan la mitad de la población mundial situándose en un 53%, de las que un 68% de ellas accede a través de dispositivos móviles. Pero todavía queda casi otro 50% que no pertenece a esta comunidad global.

La clave es el acceso. Según el último informe de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (ITU, el organismo especializado en telecomunicaciones de la ONU), en septiembre de 2017 todavía el 52% de la población mundial no tenía acceso a Internet. Aunque desde 2010, las conexiones de banda ancha han incorporado a 1.500 millones de nuevos usuarios, la diferencia global entre regiones con y sin acceso a Internet persiste. Según el documento, “la brecha digital corre el riesgo de convertirse en un abismo digital. Los países más pobres siguen desconectados del resto del mundo y se incrementa la diferencia entre los más y menos conectados”.

Por eso, y porque en ello está su negocio, una de las obsesiones de Google siempre ha sido llevar Internet a los lugares más recónditos. El proyecto más espectacular de la compañía para conseguirlo es el Project Loon — a través de Google X— que intenta proporcionar acceso universal mediante globos. A primera vista parecería una broma, de hecho, el nombre del proyecto viene de lunático, pero la tecnológica ya ha lanzado a la atmósfera más de 100 globos con este propósito.

El Proyecto Loon es todavía experimental, para proporcionar acceso a Internet en zonas rurales y remotas utilizando globos de helio con un pequeño sistema de comunicación que funciona con energía solar, situados en la estratosfera a una altura de unos 20 kilómetros, para crear una red inalámbrica aérea con tecnología LTE (3G o 4G) disponible en la mayoría de los teléfonos, logrando una cobertura de 80 kilómetros de diámetro. Los globos viajan alrededor de la tierra dirigidos por un algoritmo que analiza las corrientes de viento.

Google arrancó con el proyecto el 17 de junio de 2013 con un programa piloto en Nueva Zelanda, donde se lanzaron a la estratosfera 12 globos que funcionaban con paneles solares permitiendo propagar la señal de Internet. Más tarde se lanzaron otros 30 de 15 metros de diámetro para proveer conexión a Internet al emitir señales WiFi que se reciben por medio de una antena del tamaño de una pelota de baloncesto.

Desde entonces, se han realizado pruebas en Brasil y en Australia, en 2014, y varias otras pruebas en Sudáfrica entre 2014 y 2016. Ese año, Google Loon firmó un acuerdo con el Gobierno de Sri Lanka y posteriormente con el de Indonesia para llevar total cobertura al país.

En todos estos años, los avances han sido espectaculares. La tecnología de navegación de los globos ha conseguido dirigirlos a través de 10.000 kilómetros y dejarlos a 500 metros de su objetivo; la posición, que era reportada una vez al día, ahora lo hace varias veces a la hora; la duración de los globos ha pasado de ocho días a más de 100; y han construido un auto lanzador que infla, eleva y lanza un globo en menos de 30 minutos.

Hasta ahora su uso más espectacular y necesario ha sido a finales de 2017 tras el paso del huracán María en Puerto Rico. En octubre 2017, Google recibió la aprobación del Federal Communications Commision (FCC) para lanzar desde Nevada 30 globos para restablecer la comunicación en la isla, que se quedó literalmente incomunicada y a oscuras. Según la empresa, en febrero 2018 más de 200.000 personas contaban con acceso a Internet usando los globos aerostáticos de Google.

La complejidad tecnológica y operativa de Loon exige una paciencia que parece Google no tiene. En junio, usando sus capacidades de inteligencia artificial, lanzó en Colombia My Line, una línea telefónica tradicional a la que se puede llamar desde cualquier dispositivo sin importar si se trata de uno analógico, un smartphone o incluso un teléfono fijo. Basta con marcar un determinado número desde cualquier parte del país y decir en voz alta nuestra pregunta, inmediatamente el Google Assistant interpretará nuestra petición y la responderá en voz alta. Como si estuviéramos preguntando al buscador en nuestra pantalla.

En septiembre de 2017, todavía el 52% de la población mundial no tenía acceso a Internet

Según Jeremy Landis, director ejecutivo de Cainkade Studio, empresa que tecnológicamente apoya a Google en el proyecto, desde el lanzamiento de My Line en Beta en mayo 2018, se han realizado 35.000 llamadas a Google Assistant vía My Line.

Todavía está por ver la aceptación que tendrá un servicio en el que, estando en una comunidad remota y sin acceso a muchas de las cosas que nosotros damos por sentado, te responde una voz desconocida a una pregunta que es importante para ti. Pero la tecnología está abriendo camino en unas comunidades de por sí muy jóvenes y ávidas de su uso.

Estos no han sido los únicos proyectos. Otro de los intentos de Google de proveer acceso universal fue a través de la compra de Titan Aeroespace en 2014 para crear una flota de drones propulsados por energía solar, capaces de volar más de una semana mientras tomaban fotos de la superficie y proveían de acceso a Internet a lugares remotos. La empresa vendió Titan Aeroespace a principios de 2017 ya que, según Jacquelyn Miller, portavoz de la empresa: “Después de las pruebas, Project Loon ha resultado ser mucho más viable técnica y económicamente para llegar al mundo rural y geografía remota”.

Fue el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, el que primero declaró la compra de Titan Aerospace en el Mobile World Congress de Barcelona en 2014. Según él, “es vital para el conjunto de la sociedad que la Red llegue a todos los rincones”. Pero al final fue Google la que adquirió la empresa.

También Microsoft está en ello, a mediados del 2017 la multinacional estadounidense de tecnología, presentó un nuevo proyecto mediante el cual planea llevar Internet a lugares remotos haciendo uso de radiofrecuencias. El proyecto conocido como Red de Área Regional Inalámbrica (WRAN) usa la conexión digital de algunos televisores, los llamados espacios en blanco de los canales de televisión, para poder recibir y distribuir señal a los diferentes dispositivos que se conecten a este. Para su funcionamiento, se requieren de frecuencias de 600 MHz que se usaban en EE UU para emitir la señal analógica de televisión y que hoy en día, con el uso de plataformas digitales, están abandonadas. Según la empresa, esta frecuencia tiene la suficiente potencia como para usarse para dar conexión a internet estable.

“Microsoft está trabajando con socios de todo el mundo para desarrollar tecnologías y modelos de negocio que harán más fácil el acceso a internet para miles de millones de personas”, afirmó Paul Garnett, director de Iniciativas de Acceso a precios Asequibles de Microsoft.

A menor escala, como se puede leer en el artículo La telemedicina llega a la selva amazónica, el programa piloto TUCAN3G, capitaneado por la fundación española Ehas, en consorcio con otros 10 socios europeos y latinoamericanos, ha podido demostrar cómo sustituyendo la conexión vía satélite por WiFi de larga distancia, se pueden establecer operadores móviles y ofrecer servicios de telefonía e Internet a comunidades rurales aisladas en la cuenca del Amazonas de manera innovadora y rentable.

La estructura de costes del proyecto, así como los acuerdos con los operadores, y en definitiva el precio al usuario final, serán clave en su viabilidad.
La estructura de costes del proyecto, así como los acuerdos con los operadores, y en definitiva el precio al usuario final, serán clave en su viabilidad.

En la tribuna 5 Apps que revolucionan la vida en las zonas más apartadas, se demuestra cómo la conectividad y el acceso a Internet es clave en el desarrollo de los pueblos, tanto en las comunicaciones como en hacer posible la provisión de servicios y productos tan dispares como productos financieros o lámparas solares para su pago en cuotas o la provisión de información clave para los negocios. Internet es un recurso que contribuye de manera determinante al desarrollo social y económico.

En este momento, la única forma de conexión en determinados lugares es a través de satélite con dispositivos a precios pensados para nuestro bolsillo, pero no para las comunidades que habitan esas zonas.

Es de agradecer que una empresa como Google invierta en proveer acceso universal de Internet, y para los más suspicaces, para eso tiene que estar dentro de su línea de negocio y ganar dinero con ello. Sin la rentabilidad económica esperada, la sostenibilidad del proyecto estaría en entredicho, y probablemente hace tiempo que hubiera parado su astronómica inversión en… globos.

María López Escorial es profesora en el Instituto de Empresa desde 2002 y consultora independiente especializada en innovación social, mercados de la base de la pirámide y soluciones empresariales para combatir la pobreza. Además, es presidenta de la Fundación Compromiso y Transparencia.

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