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El ‘Aquarius’ y la urgente gestión compartida de las migraciones

La poca determinación de la Comisión Europea y el hecho de que los estados miembros actúan con estrategias confrontadas hace difícil desarrollar una estrategia común para los refugiados

Unos manifestantes protestan contra la prohibición del Gobierno italiano de acoger a los migrantes del 'Aquarius'.
Unos manifestantes protestan contra la prohibición del Gobierno italiano de acoger a los migrantes del 'Aquarius'. Getty Images

La situación del Aquarius, el barco con más de 600 personas refugiadas y emigradas al que se le ha impedido acceder a los puertos de Italia y Malta, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de tener una gestión migratoria regional, en el caso Euro-Mediterráneo, vinculada a una acción multilateral efectiva.

El año pasado, la Comisión Europea publicó un análisis prospectivo donde repasaba los principales elementos que actualmente impulsan las migraciones. El informe no deja de ser un compendio sobre qué hay detrás de los movimientos humanos y al mismo tiempo nos hace ver la complejidad que supone gestionarlos y la necesidad de hacerlo de manera concertada entre países de origen, tránsito y destino de las migraciones.

Un dato relevante de partida es el número creciente de personas que dejan su país. Si bien la proporción de inmigrantes se mantiene estable desde hace años en torno al 3% de la población mundial, el número aumenta en consonancia con la población mundial. Esto hace que nos acerquemos ahora a 250 millones de personas, casi 75 más que en el año 2000.

Cada vez más actúan factores como el cambio climático (que se cree que será pronto el más importante), los desplazamientos forzados vinculados a conflictos armados y violaciones de los derechos humanos (refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos) o el hecho de que las migraciones sean un fenómeno globalizado, de alta movilidad, constantemente conectada y muy diversificada (niños no acompañados, familias, estudiantes, solicitantes de asilo, temporeros, migraciones irregulares, etc.).

Quizás uno de los puntos que más hacen pensar en relación a la situación del Aquarius, es el hecho de que las migraciones irregulares se han convertido en un negocio con una demanda inagotable. En el caso europeo, el 90% de las migraciones irregulares llegan por el Mediterráneo, en gran parte utilizando las redes dedicadas a la que ya empieza a conocerse como la industria de las migraciones irregulares y que afecta especialmente a los países del sur y este de Mediterráneo.

Todo ello confluye con el hecho de que, en las sociedades europeas, la percepción sobre las migraciones y cómo se gestionan actualmente es cada vez más negativa. Es decir, sopla un viento poco proclive a desarrollar políticas concertadas en el ámbito de la UE y en estrecha colaboración con los países del sur del Mediterráneo.

Las migraciones irregulares se han convertido en un negocio con una demanda inagotable

En el fondo, la situación del Aquarius reúne muchos de estos factores, al que debemos sumar uno más amplio; la construcción de un sistema de gestión regional (para el espacio Euro-Mediterráneo) de migraciones que sea estable y sostenible. Estamos ante movimientos transfronterizos entre países, pero también de movimientos entre espacios regionales y eso es lo que dificulta, y mucho, encontrar una respuesta política, ya que implica a países y actores internacionales con intereses muy diversos, incluso confrontados. En el caso Euro-Mediterráneo, se puede decir que la actual fragmentación institucional hace muy difícil plantearse un sistema de gestión realista y efectivo.

La poca determinación de la Comisión Europea y el hecho de que los estados miembros actúan con estrategias confrontadas hace difícil desarrollar una estrategia común. De hecho, la situación del Aquarius, como otros casos de salvamento marítimo y recepción inicial de refugiados e inmigrantes en el Mediterráneo, es deudora de los intereses contrapuestos de los Estados, que hace muy difícil que hoy haya una estrategia europea común. Esto se ha visto en el rechazo de los países del grupo de Visegrad a participar en la acogida de refugiados y en la inoperatividad del sistema de reubicación impulsado por la Comisión Europea ante la emergencia de hace dos año. Y también en el largo, difícil e inacabado proceso para poder establecer un sistema común de asilo, sobre el que quizás se avance durante la reunión del Consejo Europeo de finales de este mes de junio, ya que las migraciones es un tema destacado de su agenda.

A pesar de todas estas dificultades y obstáculos, la UE tiene una agenda política y una amplia batería de instrumentos y políticas para la gestión de las migraciones que deberían poder permitir establecer una agenda común y compartida entre las dos orillas del Mediterráneo, y hacerlo además desvinculándola de las dinámicas de la política interna de los Estados implicados (tanto en el norte como en el sur).

La situación del Aquarius hace emerger las contradicciones y hace ver que estamos lejos de poder hacer converger las prácticas actuales con los compromisos que se quieren alcanzar globalmente

Pero si subimos un escalón más, veremos que a escala mundial, la Asamblea General de Naciones Unidas, a partir de la adopción de la Declaración de Nueva York sobre migrantes y refugiados de 2016, está desarrollando el Global Compact for Migration (GCM), que quiere convertirse en la referencia a la hora de tener un compromiso mundial para una gestión segura y ordenada de los flujos migratorios. La Comisión Europea mostró su firme compromiso en esta herramienta que debe convertirse en una convención internacional, y el Parlamento Europeo lo ve como una oportunidad para hacer que la política migratoria de la UE ponga los derechos humanos en el centro de la gestión migratoria, tal como plantea el GCM. De nuevo, la situación del Aquarius hace emerger las contradicciones y hace ver que estamos lejos de poder hacer converger las prácticas actuales con los compromisos que se quieren alcanzar globalmente.

Es urgente, y ya desde hace tiempo, que la gestión migratoria regional, en el ámbito Euro-Mediterráneo, esté vinculada a una acción multilateral efectiva así como a convenciones internacionales que permitan establecer pautas y obligaciones tanto en los flujos migratorios estructurales y de larga duración como en los momentos donde de manera coyuntural hay que hacer frente a emergencias humanitarias.

Xavier Aragall es asesor técnico del área de Políticas Euromediterráneas, especializado en migraciones, del Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed).