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¿Hubo moción de censura?

Un mero “echar a Rajoy” no era el programa de gobierno que necesitaba el debate

Pedro Sánchez interviene en el debate de la moción de censura.
Pedro Sánchez interviene en el debate de la moción de censura. Europa Press

En España las instituciones políticas están bien diseñadas pero los políticos las utilizan mal. A esta conclusión estoy llegando. Veamos, como ejemplo, el caso de la moción de censura del jueves pasado en el Congreso.

En un sistema parlamentario la legitimidad democrática de un Gobierno se basa en el vínculo de confianza que le une al Parlamento y que se manifiesta en el apoyo de una mayoría de diputados. En nuestro caso, este vínculo se establece entre el Congreso y el presidente del Gobierno y puede quebrarse a través de determinados procedimientos, entre ellos la moción de censura.

En muchos sistemas políticos, la moción de censura consiste en exigir responsabilidad política al Gobierno con el fin de provocar, simplemente, su caída. En nuestro sistema, así como en el alemán, entre otros, la moción de censura no solo sirve para destituir a un presidente sino también, simultáneamente, para designar a otro que ha sido presentado como candidato. Por eso se la denomina moción de censura constructiva: a la vez puede retirar la confianza a un presidente (censura) y proceder a la investidura de otro (constructiva). Todo ello con el objetivo de dar estabilidad al Gobierno.

Este procedimiento de investidura de un presidente del Gobierno, y también el habitual tras unas elecciones generales, requiere una premisa fundamental: el candidato debe exponer y debatir en el Parlamento su programa de gobierno. Este debate no es un mero trámite formal sino que tiene un profundo sentido democrático: debe contribuir a formar la opinión de los diversos grupos parlamentarios sobre la conveniencia o no de votar al candidato. Por eso debe ser un programa lo suficientemente detallado, no solo para saber si es conveniente votar a dicho candidato sino también para averiguar si es creíble, es decir, si las medidas propuestas son coherentes entre sí y su coste económico es verosímil, si cuadran los números y no se trata de pura demagogia con el objeto de contentar a todos.

¿Por qué es importante la exposición y debate del programa político? Porque mediante su programa el candidato pretende obtener la confianza de una mayoría de diputados y, además de ayudarles a decidir su voto, estos tienen argumentos, en el caso de resultar elegido, para controlar si cumple con los objetivos a los que se ha comprometido. La democracia no consiste solo en elegir diputados y designar un Gobierno sino también en controlar a ambos: los electores a los diputados y estos al Gobierno. Para efectuar este control se necesitan conocer sus compromisos.

El pasado jueves, la moción de censura no se llevó a cabo de acuerdo con nuestro modelo constitucional. El desarrollo de la sesión no fue el propio de una moción de censura constructiva sino de una censura a secas, en la que solo se demandan responsabilidades al presidente del Gobierno pero no se requiere al candidato que exponga un programa de gobierno razonablemente concreto y argumentado. Por un lado, los grupos parlamentarios expusieron los motivos de su censura al presidente, con lo cual nada que objetar a la primera parte del procedimiento. Pero, por otro lado, se obvió la segunda parte, no se expuso un programa preciso y detallado, a menos que el lema “echar a Rajoy” se considere ya todo un programa de gobierno.

Bien, ello ya está hecho y consumado, nada que objetar a efectos prácticos y de futuro. Pero los precedentes son siempre peligrosos. De ahora en adelante, ¿cómo se podrá controlar al actual presidente? ¿Con arreglo a qué parámetros se podrá ejercer el control si no se ha comprometido a nada, más allá de ciertas vaguedades? El deterioro de las instituciones democráticas es el deterioro de la democracia.

Estamos constantemente hablando de reformas institucionales, incluso de algunas que pueden afectar al texto constitucional. Pero quizás sería prioritario hablar antes de otras reformas. Por ejemplo, de mejorar nuestra cultura jurídica y política, de elevar la capacidad profesional de los cargos públicos electivos, de aumentar los conocimientos de quienes condicionan la opinión pública a través de los medios de comunicación. El buen funcionamiento de las instituciones políticas es la garantía de la democracia y de ello somos responsables todos, incluidos por supuesto los ciudadanos.

El jueves pasado tuvo lugar una sesión de censura en el Congreso, no estoy tan seguro de que tuviera lugar una moción de censura constructiva, la específica de nuestro modelo constitucional.

Francesc de Carreras es profesor de Derecho Constitucional.

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