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El misterio de a quién va dirigida la peineta más famosa de la historia

Rabioso y nihilista, Johnny Cash convirtió este gesto de desprecio en un símbolo de rebelión. Pero, ¿para quién era?

Ceño fruncido, mordida de labios, dedo corazón estirado. La famosísima foto de Jim Marshall, tomada en el penal de San Quintín en 1969. Se publicó por primera vez en el libro del fotógrafo 'Not fade away', en 1997.
Ceño fruncido, mordida de labios, dedo corazón estirado. La famosísima foto de Jim Marshall, tomada en el penal de San Quintín en 1969. Se publicó por primera vez en el libro del fotógrafo 'Not fade away', en 1997.

No es una peineta, es mucho más: un símbolo de rebelión, de autoafirmación y de individualismo. Está ejecutada con una profunda rabia. El ceño fruncido, la dentadura mordiendo con violencia el labio inferior. Y ese brazo estirado, con el dedo corazón el primer plano: "Que os den". 

Los Beatles cruzando Abbey Road. Bob Marley y su porro… Y Jonnhy Cash realizando su rabiosa peineta. Probablemente estas sean las tres instantáneas más famosas de la historia del rock. Desde luego son las más reproducidas, las más estampadas en camisetas y pósteres. Pero la imagen de Johnny Cash (Arkansas, 1932-Nashville, 2003), dechado de fiereza y nihilismo, tiene además el valor de guardar una de las historias más misteriosas de la historia del rock. Tanto que, como en los buenos mitos, nadie sabe dónde empieza la realidad y dónde acaba la ficción sobre el momento en el que Johnny levanta, desafiante, su dedo corazón.

En 1968, Johnny Cash estaba intentado regresar al mundo de los vivos. Años de consumo de estimulantes le habían granjeado una leyenda tan negra como su inseparable guitarra D35. Él mismo bromeaba acerca de su mala fama en su autobiografía, publicada en España por Global Rhythm: “Durante mis años de anfetamina pasé unas cuantas noches en la cárcel, pero nunca más de una noche: siete incidentes en total, distintas fechas en distintos lugares donde la ley local decidió que todos estaríamos mejor si me encerraban bajo llave”.

Cash y su dedo corazón acabaron por convertirse en un icono, en un símbolo de individualismo y lucha contra lo establecido. Y hasta hoy así ha seguido siendo.

El pueblo, sin embargo, le creía un convicto, por su mala cabeza y por letras como la de Folsom Prison Blues, esa en la que escribió: “Disparé a un hombre en Reno / solo por verle morir”. Era una canción de 1955, pero se había convertido en un himno detrás de los barrotes de medio EE. UU. Casi desde su primera emisión radiofónica, las cárceles de todo el país le pidieron que la interpretara para sus reclusos. Y Cash, siempre piadoso con los débiles y los marginados, allá que iba a tocarla. En 1968 creyó que había llegado el momento de homenajear al lugar que tanto le había dado: grabaría un disco en directo en el penal de Folsom, el inmortal Johnny Cash at Folsom Prison.

A pesar de que la compañía discográfica no las tenía todas consigo, fue un éxito clamoroso. A Cash le dieron hasta un programa de televisión. Se casó con la también cantante de country June Carter, su segunda esposa. Pronto, la discográfica le pidió que repitiera, esta vez en el mítico penal de San Quintín, un año después. No solo habría un equipo de grabación para el pertinente disco, también habría uno de televisión de Granada Television. Y un fotógrafo, claro. El que la estrella quisiera. Y Johnny eligió al que se consideraba el mejor, uno que le había presentado un tal Bob Dylan que de vender su imagen sabía bastante. Se trataba de Jim Marshall, el artista que inmortalizaría la peineta. Pero, ¿a quién iba dirigido ese gesto de desprecio?

Johnny Cash en concierto en la prisión de Cummins (Arkansas) en abril de 1969.
Johnny Cash en concierto en la prisión de Cummins (Arkansas) en abril de 1969. Getty

TEORÍA N.º1: La peineta estaba destinada a los carceleros

La preferida por los mitómanos. Su principal apoyo es el testimonio de Merle Haggard, artista country que por la época todavía no había descubierto su talento musical, pero sí su vocación delictiva, por lo que asistía como público involuntario (preso de San Quintín) al concierto. “Cash había perdido la voz el día anterior en San Francisco, y no podía cantar muy bien. Pensé que pincharía, pero se ganó a los presos. Mantuvo el tipo y la actitud: mascó chicle, se mostró altivo y le hizo la peineta a los carceleros. Todo lo que los presos esperábamos que hiciera”.

TEORÍA N.º2: La peineta estaba destinada al equipo de televisión

La preferida por los odia-medios. Sostenida por el propio Johnny Cash, que escribió las siguientes palabras en el librillo de la reedición del disco Johnny Cash at San Quentin en 2000: “En un momento del concierto me aparté del micrófono y grité: ‘¡Salid del escenario! ¡No puedo ver al público! Nadie se movió, así que les hice una peineta. De ahí la fotografía”. Buen intento, Johnny, pero mala memoria: su versión no acaba de ajustarse a la realidad -tal y como ha demostrado su fan Adam Gimbel-, por una sencilla razón: no lleva la misma ropa del concierto, su inefable traje negro, sino un mono de presidiario. La foto estaría tomada, pues, durante un ensayo sin público. El mono, por cierto, saldría a subasta a un precio de 5.000 dólares (4.200 euros) en 2010… se vendió por 50.000 (42.400 euros).

Johnny Cash fotografiado junto a su mujer, June Carter, en el interior de una limusina en Ámsterdam, en 1972.
Johnny Cash fotografiado junto a su mujer, June Carter, en el interior de una limusina en Ámsterdam, en 1972. Getty

Sea como fuere, el éxito de la peineta se hizo esperar. De hecho, la fotografía solo existió en el archivo y los ojos de Jim Marshall durante décadas. Marshall sabía que Cash era un hombre extremadamente pudoroso y obsesionado con las buenas maneras. Había alguna que otra reproducción, pero casi circulaban como si se tratara de contrabando. Hasta que, harto de verla reproducida, Jim Marshall decidió publicarla por vez primera en su libro de fotografías Not fade away, en 1997. A Marshall le preguntaron por aquella magnética imagen, claro. Si ya era cascarrabias en 1969, no lo iba a ser menos en 1997: “He olvidado por qué hizo una peineta en esta foto. Puede que estuviera dirigida al equipo de televisión que lo filmaba, o que yo le pidiera que se lo hiciera a los guardas. Fuera por lo que fuera, se ha convertido en una instantánea muy famosa e icónica”.

La foto reaparecía en un momento perfecto. Tras una larga travesía por el desierto, tras el olvido de toda una generación, Johnny Cash, El Hombre de Negro, estaba de vuelta. El productor Rick Rubin le había hecho grabar el disco American Recordings en el salón de su casa, en 1994. Se trataba de un puñado de canciones propias y ajenas que consiguieron que los melómanos redescubrieran y se enamoraran de aquel fenómeno de voz cavernosa.

Anuncio publicitario con el mensaje: “American Recordings y Johnny Cash quieren darle las gracias a la escena de Nashville y a las radios de música country por su apoyo”.
Anuncio publicitario con el mensaje: “American Recordings y Johnny Cash quieren darle las gracias a la escena de Nashville y a las radios de música country por su apoyo”.

Y bueno, pasó lo de siempre: toda esa industria que le había dado la espalda durante décadas, de repente, eran los mejores amigos y admiradores de Cash. ¡Si hasta Metallica siguieron sus pasos y grabaron el vídeo de St. Anger en San Quintín! ¡Si hasta Los Simpson le pidieron a Cash que doblara a un coyote tristón en un episodio!

A la gente que le rodeaba, que le había aguantado sus cuelgues y depresiones, aquello le hacía sangrar las ojos. Rick Rubin decidió demostrárselo gráficamente. Tras ganar el Grammy al Mejor Disco de Country por Unchained en 1998, publicó un anuncio con la de la foto de la peineta y la leyenda: “American Recordings y Johnny Cash quieren darle las gracias a la escena de Nashville y a las radios de música country por su apoyo”. Pura ironía, claro.

En el documental Johnny Cash vs Music Row, Rubin comentaba la génesis de aquella bofetada al sistema: “Cash me dijo que no me iba a decir que lo hiciera, pero que desde luego tampoco me iba a decir que no lo hiciera. De hecho, escribimos juntos el texto que acompañó a la foto de la peineta. Hablamos largo y tendido de aquel anuncio”.

El desprecio a la industria se transformó en amor de los fans anónimos y famosos: por todas partes los miembros de las bandas imitaban el ceño fruncido, la boca entreabierta, el dedo alzado… Elton John compró los negativos. Cash y su dedo corazón acabaron por convertirse en un icono de la historia del rock, en un símbolo de individualismo y lucha contra lo establecido. Y hasta hoy así ha seguido siendo. La peineta de Johnny Cash es, probablemente, la más famosa del mundo… para desgracia de todos los que la han hecho desde entonces, desde Liam Gallagher a Luis Bárcenas.

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