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Ras y Erf, una relación complicada que cuestiona la medicina del futuro

Un estudio muestra que aunque se logren tratamientos para un tipo de mutaciones relacionadas con el 30% de los tumores, otra mutación puede hacer que fracasen

Instituto de Medicina Predictiva y Personalizada del Cáncer en el Hospital de Can Ruti de Badalona, (Barcelona)
Instituto de Medicina Predictiva y Personalizada del Cáncer en el Hospital de Can Ruti de Badalona, (Barcelona)

A partir de los años 70, los investigadores del cáncer, una enfermedad que era tan mortífera como incomprensible, comenzaron a vislumbrar sus secretos. Científicos como Harold Varmus descubrieron que muchos tumores son provocados por fallos genéticos dentro de células normales y se pensó que ese conocimiento ayudaría a controlar la enfermedad. En 1982, las alteraciones en los genes Ras fueron la primera mutación descrita en cáncer. Estos oncogenes son los más frecuentes y están detrás de algunos de los tumores con peor pronóstico como los de páncreas o pulmón. Entonces se pensó que si era posible crear moléculas que inhibiesen los genes mutados, la cura del cáncer sería posible, y además se reducirían los efectos secundarios de tratamientos como la quimioterapia.

En algunos casos, como el caso del imatinib, un fármaco para tratar la leucemia mieloide crónica, la estrategia funcionó. Sin embargo, con el tiempo se observó que en muchos tumores había gran cantidad de genes implicados, haciendo imposible detener su progresión con un solo fármaco. Además, la enfermedad mostró una capacidad enorme de adaptación.

El imatinib, un fármaco para tratar la leucemia mieloide crónica, fue el primero de un tipo de medicamentos personalizados

Cuatro décadas después, la búsqueda continúa y los genes Ras son uno de los objetivos más interesantes en el desarrollo de nuevos fármacos anticáncer, atrayendo miles de millones de euros. Los Institutos Nacionales de Salud de EE UU lanzaron incluso ‘La iniciativa Ras’ para el estudio de estos genes que están detrás del 30% de los tumores. Pese al interés y la inversión, por ahora no se han podido desarrollar este tipo de medicamentos, porque las proteínas Ras son como una bola y no tienen esta especie de cavidades que tienen a veces estas moléculas y sirven para encajar un fármaco que bloquee su actividad.

Ahora, un trabajo liderado por Óscar Fernández-Capetillo, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), apunta a nuevas dificultades para desarrollar este tipo de terapias. En un estudio publicado en la revista Genes & Development, probaron a apagar los genes Ras en células madre embrionarias para ver qué sucedía. En principio, cuando desaparecían estos genes, que crean proteínas que incitan a las células a crecer, se detenía su crecimiento. Lo mismo sucedía con teratomas, un tipo de tumores. Sin embargo, la situación cambiaba cuando tras la desactivación de Ras se desactivaba otro gen llamado Erf.

Cristina Mayor-Ruiz, primera firmante del estudio, había observado que algunas células tumorales eran capaces de crecer sin nutrientes si se eliminaba el gen Erf. Ese fue el origen del estudio y lo que les hizo poner a prueba la hipótesis de que la ausencia de Erf anulaba el efecto de la desaparición de Ras como freno para la proliferación descontrolada de las células y los tumores.

“Lo que nuestro trabajo viene a decir es que, si al final se desarrollan inhibidores de Ras, tampoco va a funcionar como tratamiento, porque los tumores podrían escapar mutando Erf”, explica Fernández-Capetillo. “Esto abunda en la crítica de que la medicina personalizada está bien, pero no se deben descartar otros enfoques que funcionan aunque no se sepa exactamente cómo, como sucede con la penicilina o sucedió con la quimioterapia”, apunta. “Las dos estrategias tienen que convivir”, concluye.

María Abad, una investigadora del Vall d'Hebron Institute of Oncology que no ha participado en el estudio, considera que los resultados no cuestionan necesariamente el futuro de la medicina personalizada. “Ellos hacen el experimento con teratomas, que no son como un cáncer como el de páncreas”, puntualiza. En cualquier caso, considera que “si en el futuro se consiguen inhibidores de Ras, algo que todavía no existe, esta información nos ayudará a entender las resistencias a esos fármacos”.

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