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A Europa le crecerán las uñas

Después de las reformas para consolidar el euro, la UE debe construir su propio Pentágono

Tanques del Ejército turco listos para cruzar la frontera sirio-turca, en el distrito de Hassa, Turquía, el pasado 22 de enero de 2018.
Tanques del Ejército turco listos para cruzar la frontera sirio-turca, en el distrito de Hassa, Turquía, el pasado 22 de enero de 2018. EFE

Europa no puede enseñar las uñas. No hablemos ya de utilizarlas para defenderse o realizar una intervención exterior, como las que protagonizan Rusia y Estados Unidos o las que hará China en algún momento cercano. ¿Qué haría la Unión Europea ante una crisis de seguridad de la misma envergadura que la crisis económica y financiera que puso en peligro la solvencia de varios de sus países y llegó a erosionar la credibilidad del euro?

Hasta ahora, los europeos, unos más a gusto que otros, hemos confiado en la OTAN como marco institucional para la seguridad y la defensa del continente. Según se nos ha repetido desde ambas orillas atlánticas, es la alianza más exitosa de la historia, puesto que ganó una guerra, la fría, sin disparar ni una bala. Casi tres décadas después de aquella hazaña, hay en la Casa Blanca un personaje que ha dado suficientes muestras de desconfianza respecto al papel de la Alianza como para que los propios europeos también desconfiemos de Estados Unidos a la hora de defendernos.

Donald Trump hizo su campaña con el lema de que la OTAN era una alianza obsoleta y que los europeos debíamos pagarnos nuestra seguridad. Luego se desdijo y sus asesores militares le convencieron de que ratificara su compromiso con el artículo 5 del Tratado Atlántico, que obliga a todos los socios a defender al socio que sea atacado. Pero su credibilidad es tan escasa que Angela Merkel, al terminar en mayo la gira que hizo el presidente estadounidense por Europa, dejó bien claro que “los europeos tenemos que tomar el destino en nuestras manos”.

Los peligros son crecientes y acumulativos: terrorismo, guerras híbridas (que incluyen los ataques digitales y fake news), crisis de los refugiados… A la tensión con Rusia se suma ahora la ofensiva antikurda de Erdogan en Siria, donde ataca las milicias patrocinadas por Washington. Dos socios atlánticos se dividen en una guerra, mientras el Kremlin observa complacido la oportunidad de romper la OTAN por el flanco medioriental.

La Alianza no sabe como resolver este fenomenal embrollo. Su último Concepto Estratégico, el documento que define su acción, es de 2010 y nadie se atreve a sacar a debate uno nuevo. Esta “excepcional comunidad de valores comprometida con los principios de la libertad individual, la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho”, tal como se definió entonces, difícilmente puede incluir a la autocrática Turquía de Erdogan.

No es extraño que los socios de la UE incrementen sus presupuestos de defensa, se replanteen el servicio militar, discutan nuevas estrategias o resuciten el proyecto escondido en el Tratado de Lisboa (2009), la bella durmiente lo llaman los expertos, de una estructura permanente de cooperación (PESCO), relanzada el pasado noviembre como un Schengen de la defensa. Después de las reformas para consolidar el euro, ahora tocará construir el Pentágono europeo, el departamento de defensa que convierta a la UE en agente global y garantía de seguridad para los europeos.

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