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Coordinado por Gonzalo Fanjul y Patricia Páez
opinión

Los que miran desde arriba

El discurso antimigratorio continúa extendiéndose en los gobiernos de todo el mundo

Macron promete redoblar la lucha contra la inmigración irregular en su visita a Calais.
Macron promete redoblar la lucha contra la inmigración irregular en su visita a Calais.DENIS CHARLET / POOL / EFE

Esta semana está siendo potente en lo que se refiere a discursos y políticas antimigratorias. En una conjunción cósmica se han concentrado unas cuantas noticias que nos recuerdan que efectivamente podemos volver a vivir el pasado. “Todos no cabemos, así que hay que elegir. Tenemos que elegir si nuestra etnia, si nuestra raza blanca, si nuestra sociedad debe continuar existiendo o deben ser eliminadas. Si los aceptásemos a todos, ya no seríamos nosotros la realidad social, la realidad étnica”. Estas declaraciones, que podrían ser de Mussolini, son de Attilio Fontana, el candidato de la Liga Norte para presidir la región de Lombardía.

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En el libro en el que periodista Chaves Nogales relata su viaje a la Alemania nazi de la preguerra, hay una entrevista a un miembro del partido en la que se recogen los mismos argumentos, exactamente iguales. Es tremendo que este tipo de discurso se repita 80 años más tarde. Primero, porque conocemos la historia y sabemos que este enfoque solo nos puede llevar a un espacio de inhumanidad y muerte. Pero es que, además, ahora tenemos a la ciencia para decirnos que lo de raza es una patraña cuyo origen es social y que no se corresponde con los resultados obtenidos de los análisis del genoma humano que en su gran mayoría concluyen que solo hay una raza humana única.

Es decir, cuando Fontana habla de raza blanca no podemos saber muy bien a que se está refiriendo. ¿Los sirios cuyo color de piel es claro son raza blanca? ¿Un eritreo, un sudanés, un etíope que tengan la piel clara son raza blanca? ¿Y un calabrés de piel oscura es de raza negra? En realidad, como demuestra HUMANAE el maravilloso proyecto de Angelica Dass sobre el que escribí hace unos meses, si fuéramos colores seríamos iguales.

También esta semana Macron se ha cubierto de gloria en Calais. En un discurso contundente el presidente de República Francesa reiteró algunos de los aspectos más radicales de la política migratoria que quiere llevar a cabo. Cierre de fronteras y mayor control, deportaciones rápidas y mano dura son algunas de las claves. Me resulta curioso que nadie le haya explicado a Macron cómo funciona esto de los movimientos humanos. Si en un río hacemos una presa y limitamos el movimiento de la corriente, el río cambiará su cauce o se desbordará. Los flujos migratorios son iguales, no van a desaparecer, sino que cambiarán o desbordarán. Solo hay que mirar lo que ha pasado en Grecia, Italia o en nuestro país en los últimos cinco años.

Pero no pensemos que el problema se encuentra solo en Europa. Esta semana se hacía viral el vídeo de un migrante mexicano, que era deportado después de pasar en Estados Unidos los últimos 30 años de su vida. Su familia le despedía en el aeropuerto, porque su mujer y sus hijos sí que se podían quedar. ¿Qué criterio justifica que un señor no sea apto para un país, pero su familia directa sí? Y como expresaba el prestigioso analista Michael Clements en un tuit, es incalculable el daño económico que esto producirá al país.

El otro día me contaba una anécdota una amiga de madre finlandesa y padre español. Estaban en Marruecos, el padre empezó a despotricar contra los marroquíes con un discurso claramente racista. La madre le paró en seco y le dijo: ¿pero cómo crees que te miran a ti en Finlandia? Todos miramos con desprecio hacia abajo y no nos damos cuenta de que siempre hay alguien haciendo lo mismo con nosotros desde arriba, concluía mi amiga. Amén.

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