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¿Primero la OTAN?

Defensa explica a la Alianza, pero no a los ciudadanos, su aumento de gasto

Mariano Rajoy, en el centro, con la ministra María Dolores de Cospedal y el jefe del Estado Mayor de la Defensa Fernando Alejandre, el pasado día 24 en una videoconferencia con las unidades españolas en misiones en el exterior. VÍDEO: EPV

El gasto español en Defensa va a aumentar un 80% en siete años. Es una decisión de envergadura sobre la que el Gobierno de Mariano Rajoy no ha considerado necesario informar detalladamente a los españoles. Ha optado, sin embargo, por enviar una carta a la OTAN, hurtando al debate público doméstico un asunto crucial como es el de la seguridad.

Ciertamente, la decisión viene a cumplir con el mandato de La Cumbre de Newport (Gales) de 2014 de elevar los presupuestos de Defensa con el objetivo de llegar al 2% del PIB. Es un nivel que solo alcanzan cinco países de la Alianza Atlántica. Pero esa no puede ser la coartada para que la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, relegue la soberanía nacional. De hecho, ni siquiera la decisión tomada ahora, a punto de terminar la fecha límite del 31 de diciembre para hacerlo, cumple a pies juntillas el compromiso. Elevar hasta los 18.000 millones de euros anuales supondrá un gasto en Defensa del 1,5% o 1,6% del PIB español. Es probablemente un objetivo más realista que marca la tendencia (que es lo principal), pero tampoco hay explicación al respecto.

El debate nacional en el terreno de la seguridad es urgente. El nuevo, arrogante y unilateral liderazgo de Donald Trump se ha convertido en un factor de desestabilización antes inexistente. La lucha antiterrorista que se libra en Oriente Próximo y en el Sahel cuenta ahora con un aliado de nuevo cuño: el ciberterrorismo. Europa inicia un nuevo camino defensivo sin Reino Unido y, por último, hay un debate que va más allá del objetivo cuantitativo del gasto que Trump, por cierto, echó en cara a los aliados de malos modos. La política de Defensa necesita adaptarse, definir las amenazas, coordinarse en los foros internacionales —donde este Gobierno participa activamente, lo que es alentador—, establecer prioridades, fijar capacidades e invertir en tecnología e I+D militar. Hay que saber en qué se gasta ese dinero de más y para qué.

Esta resistencia al debate sobre la política de Defensa viene de antiguo por razones históricas, pero hoy este Gobierno y su ministra saben que hay consenso político suficiente entre PP, PSOE y Ciudadanos, entre otros, sobre la necesidad de elevar el gasto en Defensa. España es uno de los países de la OTAN que menos invierte, pero participa en todas las misiones europeas y en casi todas las de la OTAN. Según los criterios de esta organización, el gasto en Defensa (sumando las misiones militares en el exterior de la Guardia Civil, por ejemplo) no es tan humilde como parece. Pero fortalecer su potencial militar en esos organismos internacionales es una necesidad urgente si España quiere desempeñar un papel de cierta relevancia a escala mundial.

Hay todavía mucho por hacer, pero no a espaldas de los ciudadanos, que tienen derecho a saber cómo se gasta el dinero que pagan con sus impuestos. También, a conocer cuáles son las prioridades y por qué una partida puede aumentar en un 80% mientras otras sufren recortes o, directamente, se desatienden, como el cambio climático, por ejemplo, una de las peores amenazas para la seguridad de todos.

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