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Se busca nuevo plan de sistema alimentario

La conferencia anual del Chatham House centró el debate en transformar el modelo para que sea sostenible y resiliente a los retos actuales y futuros

Una mujer recoge chiles en Myanmar.
Una mujer recoge chiles en Myanmar.

"La agricultura intensiva ha sobrepasado sus límites; seguir produciendo como hasta ahora no es una opción". José Graziano da Silva, director general de la FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura) lo viene diciendo por activa y por pasiva: los sistemas alimentarios tienen que cambiar radicalmente. "La producción alimentaria ha aumentado en las últimas décadas, pero con un elevado coste para el medio ambiente, generando deforestación, escasez de agua, agotamiento del suelo y altos niveles de emisiones de gases de efecto invernadero", señaló en su discurso de apertura de la conferencia anual del laboratorio de ideas Chatham House.

Lo que ha sido una máxima desde los años sesenta, con los avances de la Revolución Verde alcanzar altos rendimientos sobre todo mediante el uso de fertilizantes, plaguicidas y riegos "choca con la limitación de recursos naturales", recordó Graziano. Y producir más no es suficiente para erradicar el hambre y la desnutrición ni para afrontar los desafíos demográficos y ambientales que nos vienen encima en los próximos años. Para Da Silva, el foco hay que ponerlo por un lado en la eficiencia y, por otro, en sistemas más equitativos y sostenibles. "A partir de ahora alimentar a la población debe ir de la mano con cuidar del planeta", insistió. Junto a él, académicos, políticos, empresas clave del sector y organizaciones no gubernamentales se reunieron durante dos días en Londres para contestar a la pregunta, ¿cómo sentar las bases de un nuevo paradigma alimentario?

“Si fallamos en la alimentación fallamos en absolutamente todo lo demás”

"Nuestro sistema alimentario actual es insostenible y cada es vez más frágil debido a los cambios ambientales y geopolíticos. Sin embargo, cuando intentas transformarlo es increíblemente resiliente, en sentido negativo, porque nadie se atreve a cambiar un ápice", señaló Tim Benton, investigador en Chatham House y experto en seguridad alimentaria. Según él, la principal razón para el inmovilismo es "esa idea de que la comida barata es necesariamente buena". Por eso cree que la transición hacia un modelo sostenible debe incluir desde los modelos de producción y distribución hasta los hábitos de consumo. Esto incluye "tomar medidas incómodas para los consumidores cómo pagar por el precio real de los alimentos o reducir el consumo de carne y en vez de comerla a diario hacerlo una vez por semana". De no instaurarse una nueva mentalidad a todos los niveles, "el cambio climático va golpear fuertemente el sistema, lo que provocará una subida drástica de los precios de los alimentos; solo entonces nos veremos forzados a adaptarnos, pero a costa del sufrimiento de muchas personas, especialmente los más vulnerables del planeta", alertó.

Situar la transformación en el centro

Uno de los desafíos es aunar intereses y coordinar esfuerzos en todos los ámbitos. "El reto es crear una agenda global en el que la transformación de la industria alimentaria esté en el centro de la conversación; es una transformación muy complicada, pero si involucramos a todos los actores y ponemos la responsabilidad en los gobiernos podemos implantar un sistema sostenible", aseguró Gerda Verburg, coordinadora de la plataforma The Scaling Up Nutrition (SUN), movimiento bajo el amparo de Naciones Unidas que reúne a representantes de 60 países en un esfuerzo colectivo por fomentar la nutrición. Mantener el statu quo no hará más que agravar el problema. Según la FAO, de seguir como hasta ahora ahora, en 2030 todavía quedarán más de 650 millones de personas pasando hambre.

José Graziano da Silva, en Londres.
José Graziano da Silva, en Londres.

El apoyo de las entidades privadas es tan necesario como la voluntad política. "El papel del sector privado debe ir mucho más allá de responsabilidad social corporativa, tienen que estar en las discusión, pasando a ser parte de la solución y no del problema", aseveró Verburg. A su lado, en la mesa de debate, se encontraban también gigantes de la industria como Danone, Nestlé, o Cargill, una de las multinacionales agroindustriales más poderosas del mundo. Entre las propuestas de las compañías, destacan alianzas público-privadas para alcanzar un uso más eficiente de recursos como el agua, inversiones en infraestructura en los países en vías de desarrollo o apoyo y formación a pequeños agricultores para adaptarse a las nuevas condiciones meteorológicas, como el aumento en la variabilidad de las lluvias o la mayor frecuencia de sequías e inundaciones.

Preservar para aumentar la productividad

El mantra de preservar en lugar de agotar se aplica especialmente en la pesca. “La clave para aumentar la productividad no es sobreexplotar los océanos, es reconstruir los bancos de peces, permitir que las especies se reproduzcan y preservar sus hábitats naturales” indicó Lasse Gustavsson, vicepresidente y director ejecutivo de Oceana, asociación de conservación marina. “Si nos centramos en en la conservación y en combatir la pesca ilegal, en diez años podremos pescar un 60% más que en la actualidad de forma sostenible”. En el momento actual menos del 1% de las aguas internacionales están protegidas. Su caballo de batalla es conseguir que Bruselas establezca mayores límites de capturas que permitan a las poblaciones de peces recuperarse. “Las soluciones deben venir de los políticos, es la regulación la que tiene que cambiar”, indicó Gustavsson.

Un ejemplo de voluntad política e innovación al servicio de nuestros recursos lo puso Marie Haga, directora ejecutiva de la fundación Crop Trust al presentar el búnker helado en el que se encuentra el banco universal de semillas más grande del mundo. Gestionada por la fundación y propiedad del gobierno noruego, en un archipiélago a escasos metros del polo norte se encuentra la llamada Bóveda de Semillas de Svalbard. Se trata de una “caja fuerte” que conserva toda la diversidad genética de las plantas comestibles (más de 4000 especies de la totalidad del planeta). El objetivo es "proteger uno de los principales bienes públicos de la humanidad", señaló Haga. Paradójicamente, la bóveda diseñada para resistir cualquier desastre también se está viendo afectada por inundaciones por culpa del cambio climático. Una evidencia más de que no hay tiempo que perder. “Salvaguardar para siempre los pilares fundamentales para el futuro de la agricultura es una necesidad urgente”, indicó Haga. Después vino una reflexión que nunca esta demás recordar, “si fallamos en la alimentación fallamos en absolutamente todo lo demás”.

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