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Nuestras hijas se merecen un futuro mejor

El reloj del desarrollo se detuvo para los 3.000 habitantes de Meja-Lalu, Etiopía hace seis años, cuando una tormenta tiró los postes del tendido eléctrico y se quedaron sin luz ni agua

Niñas esperando al camion cisterna en Meja-Lalu.
Niñas esperando al camion cisterna en Meja-Lalu.
Meja-Lalu (Etiopía)

Es temprano y ya están en la escuela. Las niñas y los niños son igual de escandalosos en cualquier parte del mundo y, sobre todo, cuando llegan visitantes y rompen la monotonía con el saludo de precepto: “Good morning teacher, how are you?” (Hola maestro, ¿cómo está?)". Esta es la bienvenida larga y cantada que nos recibe en cada una de las clases que visitamos; es el que han aprendido en un inglés que los alumnos pronuncian a la perfección mientras se levantan y hacen una reverencia de lo más elegante. Después de eso, el aula se llena del bullicio y el revoloteo de escolares curiosos por saber qué hacemos allí.

Tenemos una reunión con Araso Jima y Dersu, dos líderes del pueblo, pero antes paramos en la escuela para ver cómo está avanzando el programa de salud que Nuevos Caminos empezó en la zona hace un par de años. Hoy estamos repartiendo las compresas de tela para las adolescentes que empiezan a menstruar. Las enfermeras se han reunido con ellas y les cuentan cómo usarlas y lavarlas. Cada una de ellas un par de compresas y braguitas para que las puedan usar durante la menstruación y así no pierdan clases. A pesar de la vergüenza que les da hablar del tema, guardan su regalo como un tesoro que será determinante para su futuro.

Aunque por su estado nutricional no menstrúan más de dos días seguidos, esos días no suelen asistir a clase, porque están enfermas y sangran, según dicen ellas. Además, cuando la familia va creciendo y los recursos son más escasos, se utilizan para pagar los libros y uniformes de los hijos varones. La tasa de abandono escolar de las niñas puede comprobarse visitando las clases de secundaria. Es inevitable entristecerse al ver que la mayoría de los adolescentes que asisten son varones. Sin agua, no hay letrinas en la escuela donde las chicas puedan asearse. Esos dos días al mes se suman a los días que faltan por tener que quedarse en casa para ayudar a sus madres o ir a buscar agua a la fuente más cercana.

Las mujeres dedican más de cuatro horas diarias a buscar agua. ampliar foto
Las mujeres dedican más de cuatro horas diarias a buscar agua.

Y ese es el tema del que Araso Jima y Dersu quieren hablar con nosotras y por el que nos han convocado. Están preocupados porque ven como su pueblo vuelve a sumirse en la pobreza después de haber probado que una vida mejor era posible.

El pueblo de Meja-Lalu participó, hace ya más de nueve años, en un plan de desarrollo liderado por la Oficina de Desarrollo Social del Vicariato de Meki (MCS). En la ejecución de ese proyecto se trabajó con la población local en la identificación de sus necesidades más acuciantes para lograr un desarrollo sostenible y a largo plazo. El Gobierno se encargó de que la luz llegara al pueblo y MCS puso en marcha una escuela primaria y perforó un pozo de agua. El pozo abasteció a la población durante tres años, cubriendo una necesidad tan básica como el acceso al agua potable.

Gracias a esta infraestructura, las mujeres pudieron ver cómo ahorraban tiempo para realizar otras tareas vitales para la subsistencia como el cuidado de los niños y los enfermos en la familia, el pastoreo de los rebaños o el comercio de las cosechas estacionales que recogen tras cada temporada de lluvias.

Asímismo los niños y niñas pudieron iniciar estudios de educación primaria, se acortó la distancia a la escuela más cercana y ahorraron horas en la tarea diaria de ir a buscar agua a la fuente más cercana, tarea que comparten las mujeres y los más pequeños de la casa, normalmente las niñas.

El coste de la reparación de la instalación eléctrica es inasumible, hay que buscar alternativas

Los habitantes de Meja-Lalu se sentían orgullosos de pagar su recibo de la luz, para ellos tener una bombilla en casa y tener una bomba de agua que surtiera la fuente del pueblo fue un avance exponencial en su lucha contra la pobreza.

Pero como ya habrá podido intuir el lector en este punto, la historia no acabó bien. Tres años después de la puesta en marcha del proyecto, durante la época de lluvias, una tormenta derribó algunos postes de la luz, unos hablan de nueve y otros de 15. Lo cierto es que, seis años más tarde, los postes caídos son incontables. Acordamos con Araso Jima y Dersu visitar a la compañía de la luz, con quienes ellos ya se habían sentado en varias ocasiones sin conseguir nada. Incluso habían conseguido reunir entre toda la comunidad los tres mil euros necesarios —una pequeña fortuna en Meja-Lalu—, que cubrirían el pago que les exigía la compañía para unas reparaciones que nunca empezaron. El ingeniero con el que nos reunimos un par de veces nos explicó muy amablemente que no pueden hacer nada al respecto. El coste de la reparación de la instalación eléctrica, tal y como está actualmente, es inasumible y los ingresos que se generan en Meja-Lalu por el gasto eléctrico de la población no compensan los trabajos necesarios.

Tras una larga negociación y varias visitas, finalmente conseguimos que la compañía eléctrica se comprometiera a llevar un generador al pueblo. No tendrán electricidad en sus casas, pero al menos podremos poner en marcha de nuevo un proyecto para que el agua vuelva a ser un bien para la población.

Unas semanas después, nos notificaron que el generador ya estaba allí y que la comunidad ya se había organizado para empezar los trabajos de reparación. Tras seis años de desuso y sin mantenimiento, el tendido eléctrico era un desastre y las instalaciones del agua en el pueblo también se habían deteriorado. Este verano organizamos una campaña especial para llevar agua a Meja-Lalu. Gracias al apoyo de nuestros socios hemos empezado a reconstruir la nueva fuente y el depósito en el centro del pueblo. Pronto empezaremos a instalar las tuberías y hacer que el agua vuelva a correr, y con ella la vida y el desarrollo. Los habitantes de Meja-Lalu están ansiosos por tener agua de nuevo, sobre todo las mujeres.

Representantes de Meja-Lalu, en una reunión comunitaria. ampliar foto
Representantes de Meja-Lalu, en una reunión comunitaria.

En una de nuestras reuniones en el pueblo, Meseret, una de las representantes de las mujeres de Meja-Lalu, se levantó y nos dijo: “Yo quiero que mi hija vaya a la escuela, pero no puedo hacerlo todo sola y ella me tiene que ayudar. No tener agua nos está llevando a ser cada día más pobres, nuestros burros mueren por los duros caminos, nuestros enfermos sufren mucho. Nuestras hijas se merecen un futuro mejor”.

Su clamor es el grito de todas ellas, quieren que sus hijas dejen de cargar esos tristemente famosos y tan fotografiados “jerrycans” (garrafones) amarillos que inundan Etiopía y otros países de África y, en su lugar, carguen los libros de la escuela para construir el futuro que a ellas se les ha negado.

El desarrollo es posible, las mujeres de Meja-Lalu lo han probado y no se resignan a ver cómo sus hijas están abocadas a repetir su historia.

Silvia Garriga es gerente de la Asociación Nuevos Caminos, que trabaja en proyectos de desarrollo en Etiopía desde hace 10 años. Recientemente visitó los proyectos de la zona de Meki y este relato está basado en su experiencia allí.

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