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¿Cuántas Coreas hay en el mundo?

León, Toledo, Huesca, Palencia, Gandía, Palma o Coruña tienen barrios llamados Corea. El fotógrafo Alejandro S. Garrido documenta el presente de un territorio periférico que sigue siendo un enigma

Bloques sobre los que se proyectó un plan de rehabilitación, finalmente abandonado, en el grupo de viviendas Generalísimo Franco, “Corea”. Al fondo de la imagen el Bloque XII, el único de los 26 del Barrio del Camp Redó, en Palma de Mallorca, que llegó a ser reformado.
Bloques sobre los que se proyectó un plan de rehabilitación, finalmente abandonado, en el grupo de viviendas Generalísimo Franco, “Corea”. Al fondo de la imagen el Bloque XII, el único de los 26 del Barrio del Camp Redó, en Palma de Mallorca, que llegó a ser reformado.

El franquismo y la propaganda norteamericana sembraron España de barrios de casas baratas. En los años cincuenta, los arrabales de muchas ciudades españolas se llenaron de urbanizaciones marginales en las que las que se apiñaban viviendas insalubres –sin instalaciones y asentadas en suelos sin pavimentar- para quienes llegaban del campo a buscar fortuna en la ciudad. Aunque estas barriadas sin infraestructuras no tardaron en ser conocidas como Corea -la guerra contra el comunismo que libraban los americanos-, el origen de ese nombre continúa siendo un misterio sujeto a múltiples interpretaciones para los miles de familias que habitan hoy los barrios. Hoy, muchos atribuyen ese nombre al momento en que se construyeron sus viviendas, otros al aspecto de campo de batalla que, durante años, sirvió para describir su barrio. Otros más se saben coreanos pero no aciertan a dar con el origen del apelativo.

Grupo de viviendas Francisco Franco, “Corea”. Barrio San Juanillo, Palencia.
Grupo de viviendas Francisco Franco, “Corea”. Barrio San Juanillo, Palencia.

Durante décadas al límite de lo social y hoy convertidos incluso en “joyas arquitectónicas para excluidos” -así describió el diario ABC la sede de la institución benéfico-social Padre Rubinos inaugurada por el presidente de la Xunta Gallega, Alberto Núñez Feijóo el 3 de septiembre de 2014-, las diversas Coreas –y los distintos “coreanos” que las habitan- han vivido sujetas al estigma de pobreza y el abandono que las vio nacer. “Eran lugares alejados del camino a cualquier parte, lugares que no esperaban visitas”, define Alejandro A. Garrido (Madrid, 1986), un fotógrafo metido a investigador que expone parte de su indagación en la Galería Casa sin Fin de Madrid tras mostrarla al completo en Caixaforum de Barcelona y en espera de que esa exposición llegue en otoño al centro Caixaforum de Madrid.

Garrido recuerda que “en pleno auge de la Guerra Fría, los acuerdos bilaterales con Estados Unidos que hicieron posible la construcción de estos barrios condicionaron la política española posterior”. Y advierte, citando a Georges Lefebvre en El nacimiento de la historiografía moderna “que no hay relato histórico sin documentos”. Por eso sus fotografías de calles, interiores, tapias, iglesias, bloques de viviendas, escaparates, comercios abandonados o registros catastrales quieren documentar algunas de las Coreas españolas.

Escaparate para manualidades y labores. “Corea” en la Barriada de La Asunción, León.
Escaparate para manualidades y labores. “Corea” en la Barriada de La Asunción, León.

Pocos documentos registran la naturaleza periférica y excluida de estos barrios que, sin embargo, han ido cambiando con el tiempo. Bautizadas como grupos de viviendas Generalísimo Franco, con nombres de santos –San Juanillo-, de personajes bíblicos –La Inmaculada- o de jefes falangistas –Pedro Villaescusa-, la primera de estas barriadas, la de León, se comenzó a construir en 1952. Esas primeras Casas del Aguinaldo que no tenían ni agua corriente ni alcantarillado y que veían cómo en los días de lluvia sus calles se convertían en lodazales, fueron las primeras “viviendas incrementales” modernas levantadas en España. A la manera que propone el Pritzker Alejandro Aravena, fueron las familias las que comenzaron a construir aseos, a instalar los colectores de aguas residuales o a añadir habitaciones aprovechando los patios. Seguramente por eso sus asociaciones de vecinos eran muy activas. Sin embargo, Garrido asegura que “el abandono y el aislamiento continúan hoy en la Corea de León”.

En 1953 y en Coruña, fueron 80 familias las que dejaron de vivir en cobertizos con los animales para instalarse en esa otra Corea. Ese mismo año, Franco “intérprete genial de la Victoria y conductor seguro de la Paz” –en palabas del gobernador civil Manuel Pamplona- visitó las viviendas de Huesca. Dos años más tarde se concluirían las de Palencia. Allí las familias completaban su jornada laboral de doce horas envolviendo caramelos con papel parafinado para la fábrica cercana de Mariano de Vena. Con 500 horas de trabajo extraordinario lograban pagar las 3.500 pesetas de la aportación inicial para su casa planificada por la autoridad estatal y levantada “en la modalidad de autoconstrucción”, es decir, con su esfuerzo y conocimiento. 628 familias pisaron el barro de Palencia para entrar en pisos que, a veces, calentaban con carbón caído de las vías del tren.

Vista de una calle en el barrio del Cristo, Palencia.
Vista de una calle en el barrio del Cristo, Palencia.

Las imágenes de Garrido muestran el trabajo de un fotógrafo que dispara desde una categoría “de baja intensidad artística” para adentrarse en asociaciones de vecinos, parroquias y bancos de alimentos en los que a veces fue bien recibido y otras veces, amenazado: “Al final, tuve la sensación de haber viajado en el tiempo hacia un pasado escamoteado y sin embargo presente”. Ese es el documento artístico que recomponen la suma de estas imágenes, la serie Corea de Alejandro S. Garrido logra reconstruir un territorio, ahondar en una historia desconocida y desenmascarar la convivencia y la permanencia de antes y después de los cambios políticos, las burbujas inmobiliarias o el milagro del desarrollo español.