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Conferencia prometedora

Reorganizar la financiación autonómica es capital para el gasto en sanidad, educación o dependencia

Varios de los asistentes a la Conferencia de presidentes autonómicos junto con el rey Felipe VI.
Varios de los asistentes a la Conferencia de presidentes autonómicos junto con el rey Felipe VI. EFE

Lo más interesante de la Conferencia de Presidentes autonómicos celebrada ayer es que estuvo precedida de un periodo de trabajo serio y de un guion de cuestiones que se tradujo en políticas de empleo, acuerdo para crear una tarjeta de servicios sociales y otras. Pero lo más importante es la voluntad de lograr un pacto sobre la financiación autonómica, este año, lo cual equivale a determinar cuánto pueden gastarse las comunidades en la prestación de los grandes servicios públicos a los ciudadanos: sanidad, educación, dependencia.

El cierre de un pacto de financiación tropieza con varios retos. Mariano Rajoy advierte de que la recaudación fiscal continúa por debajo de los niveles previos a la crisis y exige seguir reduciendo el déficit. A su vez, Susana Díaz y otros responsables de autonomías gobernadas por socialistas cuestionan la bonificación de Madrid a los impuestos de sucesiones y donaciones y patrimonio —cedidos a las comunidades—, lo cual perjudica a otras. Ahora todo depende de que la comisión de expertos que ha de concretar la financiación autonómica juegue bien las cartas.

Hace más de cuatro años que no se reunía este foro y hay que celebrar el fin de la anomalía, pese a la automarginación de los presidentes de Cataluña y del País Vasco. Dada la carencia de un Senado territorial, cuya introducción exige reformar la Constitución, la conferencia es un foro de acuerdos transversales que debe funcionar como una institución —en vez de poner el acento en solemnidades y alfombras rojas—. Ya hemos dicho muchas veces que España necesita ese Senado federal; hasta que sea posible organizar la reforma constitucional, poner en servicio el instrumento pragmático de la Conferencia de Presidentes es lo mejor que se puede hacer. Lo que hace falta es una actitud constructiva y que la voluntad de celebrarlas no dependa solo de la debilidad o fortaleza del Gobierno de turno.

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