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Entrevista a Aminata Touré

“Si fuera varón, no me apodarían ‘hombre de hierro”

A la exjefa del Gobierno de Senegal la llaman "Dama de hierro", pero no se inmuta. Puede ser próxima presidenta de un país donde la paridad electoral es un hecho

Aminata Touré, la segunda mujer en liderar el Gobierno de Senegal, durante su estancia en Madrid en el foro Views.
Aminata Touré, la segunda mujer en liderar el Gobierno de Senegal, durante su estancia en Madrid en el foro Views. Mujeres por África

El apodo de Dama de Hierro arranca una sonrisa a Aminata Touré. La segunda mujer en liderar el Gobierno de Senegal (entre septiembre de 2013 y julio de 2014) sostiene que simplemente ha hecho “lo que tenía que hacer” en ese cargo y en su anterior puesto de ministra de Justicia, mostrándose firme en la lucha contra la corrupción. “No me molesta, solo se trata de estereotipos vinculados con una imagen de la mujer débil y emotiva”, explica. “Si fuera varón, no me habrían llamado así”. Su compromiso le valió el nombramiento el año pasado como “enviada especial del jefe de Estado”, lo que augura su previsible candidatura para las elecciones presidenciales de 2017.

Touré, de 54 años, destaca desde el foro sobre políticas de desarrollo Views, organizado por la Fundación Ramón Areces, Mujeres por África y la Universidad Complutense la semana pasada en Madrid, los avances logrados en la promoción de la igualdad de género en su país y aboga por acelerar el cambio a través de la educación y de políticas específicas para responder a las necesidades de las mujeres.

Pregunta. ¿Cómo ha cambiado el papel de la mujer senegalesa en política desde que fue nombrada jefa de Gobierno?

Respuesta. En los últimos años, las mujeres han incrementado su presencia en cargos de relevancia, tanto en la administración central como en la local. Uno de los factores clave ha sido la aprobación de la ley de paridad electoral para lograr una distribución equitativa de géneros en los puestos electivos gracias a listas cremalleras en las que hombres y mujeres se suceden alternativamente. Hoy las mujeres representan el 42,7% de la Asamblea Nacional, situando al país en sexta posición de la clasificación mundial [España se coloca en el 18º puesto con un 39,1%]. Sin embargo, aún existe una brecha en la representación femenina en los puestos nominativos.

El empoderamiento de las mujeres no tiene que ser una cuestión de élite, sino que tiene que reflejarse en una mejora de las condiciones de base de todas

En general, las mujeres han progresado en distintos sectores, pero hay que acelerar el cambio, aún queda mucho por hacer. Tanto el presupuesto nacional como el local tienen que destinar recursos a sus necesidades específicas y el panorama económico de este año es positivo, ya que se ha registrado un crecimiento del producto interior bruto del 6,5%. Senegal ha dado enormes pasos adelante en la lucha contra la corrupción y una mejor gestión del presupuesto se traduce en más fondos para mujeres y jóvenes.

Otra importante reforma aprobada permite otorgar la nacionalidad senegalesa a los hijos de mujeres casadas con extranjeros. Se está trabajando también en una ley para víctimas de violencia, una tarea que no es competencia exclusiva de un único ministerio y que implica muchos gastos. Hay que sentar las bases para una legislación que luche contra las discriminaciones y mostrar una fuerte voluntad política para que se respeten las normas que ya existen y que no siempre se aplican, como la que condena las mutilaciones genitales.

P. ¿Cuáles son los obstáculos que ralentizan el avance?

R. Son socioculturales. Vivimos en un contexto conservador, pero esto está cambiando rápidamente, ya que el 70% de la población tiene menos de 35 años y está abierta al mundo gracias a los medios de comunicación e internet. Los desafíos están relacionados sobre todo con la pobreza y el acceso a los recursos. Se está tramitando una reforma agraria para garantizar que las mujeres puedan disponer de la tierra. Por el momento, se pueden solicitar microcréditos, pero me gustaría que se creara un banco con fondos específicos para que obtengan más fondos.

P. ¿Qué medidas se están tomando para impulsar el empoderamiento económico de las mujeres?

R. El empoderamiento de las mujeres no tiene que ser una cuestión de élite, sino que tiene que reflejarse en una mejora de las condiciones de base de todas. Uno de los principales problemas de Senegal es que un elevado porcentaje de sus 14 millones de habitantes tiene un empleo informal, además aún existe un marcado desajuste en los salarios en función del género. El trabajo de las administraciones se está centrando en dos aspectos. Uno es la modernización de la agricultura, el sector que podrá absorber la mayor cantidad de mano de obra, a través, por ejemplo, de la creación de espacios de formación y ayuda para que los jóvenes puedan fundar sus propias pequeñas empresas agrícolas. El otro es el fomento de las nuevas tecnologías.

Pequeñas intervenciones, como instalar aseos en los centros educativos, serían suficientes para reducir el abandono escolar

P. ¿Cómo se introduce la perspectiva de género en el combate para contrarrestar el terrorismo y el extremismo religioso?

R. Para llevar adelante esta lucha la educación y la creación de empleo son necesarias. Si los jóvenes no tienen perspectivas de futuro, es muy probable que se refugien en el extremismo. Hay que adoptar un enfoque global, que incluya a los jóvenes, a sus padres, a las mujeres, la administración, los medios de comunicación, las escuelas y las autoridades religiosas. El 96% de la población senegalesa es musulmana. El Islam no significa opresión de la mujer, como demuestra la fuerte representación de las mujeres en la escena pública, y es importante que los líderes religiosos sean parte activa del cambio de la sociedad.

P. ¿La salud sexual y reproductiva de las mujeres sigue siendo un asunto pendiente para Senegal?

R. Los embarazos precoces han disminuido drásticamente, gracias a la amplia difusión de los preservativos y a una eficaz campaña de lucha contra el sida. La práctica de las mutilaciones genitales también está en declive y la edad media para casarse supera los 18 años. La tasa de mortalidad materna, sin embargo, sigue siendo elevada [en 2015, la Organización Mundial de la Salud registró 315 muertes cada 100.000 nacimientos]. Para erradicar la práctica de los matrimonios de menores hay que mantenerlas el mayor tiempo posible en la escuela. Hoy, la presencia de niñas en las aulas de primaria es casi idéntica a la de los niños. Pese al constante incremento, aún no se ha logrado el mismo resultado en la secundaria. El número de estudiantes universitarias también ha crecido, pero aún existe un desajuste en las disciplinas científicas.

Para evitar el abandono escolar son necesarios recursos económicos para apoyar a las familias, además de sensibilizar a los padres. Las madres a veces exigen que sus hijas se queden en casa para aliviar su carga de tareas domésticas. Pequeñas intervenciones, como instalar aseos en los centros educativos, serían suficientes para paliar el fenómeno.

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