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Si estás sano, el yogur con bifidus y otros probióticos no te aportan nada

Una revisión científica de ensayos clínicos no encuentra pruebas de que estos alimentos "funcionales" mejoren la salud intestinal

Alimentos probióticos
Una persona come un yogur con probióticos

Los alimentos probióticos, aquellos que contienen microorganismos que supuestamente aportan beneficios para la salud, son un negocio en alza, aunque las pruebas científicas que los avalan no son sólidas. Eso es lo que advierte un estudio publicado este martes que ha analizado las ventajas para la flora intestinal que aportan los lactobacilos y las bifidobacterias, dos de los probióticos más comunes y usados en la industria alimentaria. Según el estudio, por el momento no puede decirse que estos probióticos aporten beneficio alguno a personas sanas en cuanto a su flora intestinal. Precisamente es a este colectivo al que se dirige gran parte de la publicidad de estos productos.

El mercado de los probióticos movió en 2015 unos 26.000 millones en todo el mundo, según los datos del trabajo. Europa es una de las regiones de mayor actividad comercial en este campo. Pero, hasta el momento, ha habido relativamente pocos estudios de sus efectos reales en personas sanas.

El nuevo trabajo, publicado en Genome Medicine, es lo que en la jerga científica se denomina un metanálisis. Sus autores han hecho una búsqueda sistemática de todos los ensayos clínicos en humanos publicados en este campo. Los autores del trabajo, de la Universidad de Copenhague (Dinamarca), han encontrado siete estudios de este tipo. En estas pruebas participaron adultos sanos de entre 19 y 88 años y cada estudio agrupó entre 21 y 88 personas. En los estudios se analizaba si galletas, lácteos, cápsulas y otros preparados con probióticos cambian la flora intestinal medida en las heces más que un simple placebo. Solo uno de los siete estudios encontró cambios significativos, mientras el resto no observó beneficios para la salud intestinal.

“No existen pruebas convincentes de que que los probióticos tengan ningún efecto consistente en la flora intestinal fecal de adultos sanos”

Las conclusiones del trabajo resaltan que “no existen pruebas convincentes de que que los probióticos tengan ningún efecto consistente en la flora intestinal fecal de adultos sanos”. “Hay una gran necesidad de nuevos ensayos bien diseñados y realizados para explorar el potencial de los probióticos en la supuesta mejora de la salud de personas sanas”, ha dicho Oluf Pedersen, autor principal del estudio.

Rosa del Campo, experta en la relación entre la microbiota y las enfermedades del Instituto de Salud Carlos III, ofrece una opinión independiente sobre el trabajo. Las conclusiones, dice, van en línea con lo que han demostrado análisis anteriores. La experta traza una línea muy clara entre los beneficios que estos compuestos tienen en personas enfermas, de los que sí hay pruebas, dice, y las que no lo están. “Si estás sano, tomar un probiótico no tiene sentido, igual que no lo tiene tomar un antibiótico si no lo necesitas”. En la comida normal ya hay cientos de probióticos, desde los lácteos a las aceitunas, así que consumir yogures con contenido extra “no te va a aportar ningún beneficio”, comenta.

Campo explica que en casos más particulares, como niños con fibrosis quística o personas con colitis o colon irritable se están explorando los beneficios de los probióticos con más éxito. El objetivo es buscar el tipo de microorganismo más apropiado para cada paciente. El uso que la industria hace de este tipo de bacterias en alimentos para personas sanas “es un poco estafa al consumidor, pues siempre hay que demostrar las propiedades y en muchos casos no lo consiguen”, resalta.

Grandes multinacionales de este sector se han visto obligadas en el pasado a retirar su publicidad o pagar sanciones millonarias por haber asegurado que sus yogures eran “saludables”, ayudaban a mejorar la salud intestinal o a reforzar el sistema inmune sin que hubiera pruebas científicas de ello.

Daniel Ramón, director general de Biopolis, una empresa biotecnológica valenciana que desarrolla bacterias para alimentos funcionales, resalta la diferencia que hay entre los probióticos convencionales, como los analizados en el estudio y de los que “no hay ninguna demostración formal de que tengan un beneficio”, y los de segunda generación, que han sido desarrollados de forma más específica. “Este segundo tipo sí tienen un mecanismo de acción conocido y son beneficiosos por ejemplo contra las diarreas”, advierte.

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