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Una gran muralla de esperanza

Los resultados de la lucha contra la desertificación en el África subsahariana invitan al optimismo

Un árbol sobre tierra árida en Níger.
Un árbol sobre tierra árida en Níger. Giulio Napolitano

Imagine un manto de paisajes verdes que rodean el desierto del Sáhara. Una pared que no sea de hormigón ni de alambre para encerrar a nadie dentro ni fuera. Sino de bosques, pastos y cultivos para proporcionar alimentos, ingresos y un futuro para las comunidades amenazadas por el cambio climático. Una Iniciativa bastante extraordinaria está tomando forma en todo el Sahel y el Sáhara: la Gran Muralla Verde de África.

Su objetivo es combatir la degradación crónica del suelo en países vulnerables donde los problemas causados por la sobreexplotación de los recursos naturales se han visto exacerbados por el cambio climático, causando un daño incalculable a los medios de vida de la gente y a su seguridad alimentaria e hídrica. En muchas de estas zonas áridas parecía que había poca esperanza. Falta suficiente suelo productivo para el cultivo y pastoreo para el ganado del que dependen. La pobreza es rampante y el futuro parecía sombrío, con el hambre y el desempleo llevando a migración forzada y, a veces, incluso, al conflicto. Pero, poco a poco, en las zonas donde la Gran Muralla pone en marcha, tiene lugar una dramática transformación.

Tomemos el caso de Kouloumboutey, en Níger. Es un pueblo que estaba rodeado por un denso bosque. La tala desmesurada y el pastoreo excesivo causaron estragos, sin dejar nada más que una fina capa de polvo estéril, antes de que el cambio climático empeorase las cosas aún más. En 1984, una sequía masiva trajo consigo la conocida como El Boukhari la gran hambruna y los animales empezaron a perder peso y morir. Pero el destino de esta comunidad cambió cuando, en 2012, se asoció con los servicios ambientales del Gobierno para plantar árboles y arbustos forrajeros para el ganado, así como hierba y árboles para prevenir la erosión del suelo. Los aldeanos construyeron márgenes de piedra que el agua no se escurriese. Hoy en día, la comunidad cultiva su propia comida y sus animales tienen suficiente para comer.

Más que una pared, la transformación verde que se está llevando a cabo en toda esta franja del África árida es un mosaico de intervenciones de gestión de la tierra, con el foco en la adaptación al cambio climático. De la idea inicial de construir una línea de árboles de este a oeste de un lado a otro del desierto africano, la visión de una gran muralla verde se ha convertido en un enfoque más integrado, adoptando una serie de intervenciones adaptadas a los ecosistemas locales y a las necesidades de las comunidades. El uso de especies nativas de árboles, arbustos y hierbas que se adapten a las condiciones secas locales es crucial para esta mezcla de soluciones. Estas especies son el valioso capital natural de la región y su arma más valiosa en la lucha contra el cambio climático.

La Gran Muralla Verde del Sahara y la Iniciativa Sahel reúne a más de 20 países de África, asociados para el desarrollo, institutos de investigación y organizaciones de la sociedad internacional, civil y las comunidades locales. En la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) estamos firmemente comprometidos a garantizar que se generan impactos duraderos, como en Senegal, donde la plantación de 11 millones de árboles ha contribuido a la restauración de 27.000 hectáreas de tierras degradadas, y los jardines de usos múltiples permiten a las mujeres aumentar sus ingresos y producir alimento para sus familias.

Se trabaja para ampliar la iniciativa a nuevas áreas en estos y otros países

La FAO trabaja para apoyar a las comunidades locales, algo esencial si se pretende que estas adopten los cambios como una forma de vida para el futuro. Este enfoque ya produce resultados alentadores, con 120 pueblos de la región transfronteriza de Burkina Faso, Malí y Níger restaurando más de 2.000 hectáreas de tierras muy degradadas con 55 especies nativas de plantas, incluidas las gramíneas forrajeras para el ganado. Entre ellas, hay especies que se adaptan bien a las condiciones de secano y las necesidades locales.

Ahora se trabaja para ampliar la iniciativa a nuevas áreas en estos y otros países, asegurando que el proceso sea sostenible mediante la capacitación de los aldeanos en cómo recoger, almacenar y plantar semillas y plántulas, y mantener las zonas restauradas. Mientras tanto, la creación de empresas de base comunitaria está ayudando a la población rural a obtener ingresos por cosechar y procesar los productos locales, conservando más valor añadido. Un ejemplo de ello es la goma arábiga, que crece en muchas áreas de este cinturón del Sahel de África y para la que existe un mercado internacional enorme.

El reto ahora es trabajar juntos para ampliar y expandir la Gran Muralla Verde. Ya lo hacemos activamente sobre el terreno en seis países de África e incluso ampliamos el enfoque a otros continentes. Lo más especial de este modelo es que se puede exportar a cualquier lugar con condiciones secas y ecosistemas frágiles, por lo que actualmente se está introduciendo en Fiji y Haití y se espera ampliar el concepto a otras partes del Caribe y del Pacífico. Esta semana  celebramos la primera conferencia internacional sobre la Gran Muralla Verde, en Dakar (Senegal). Es una buena oportunidad para mostrar algunos de los esperanzadores resultados obtenidos hasta el momento, y compartir las experiencias para que el impresionante impacto de la muralla pueda dar esperanza a otras comunidades que sufren el flagelo de la desertificación y el cambio climático.

René Castro es director del departamento Forestal de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y exministro de Medio Ambiente y Relaciones Exteriores de Costa Rica.

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