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El asunto del escritor africano

El asunto del escritor africano

Por Edwige Renée Dro (*)

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Bernard Dadié / Ilustración de GRAH POLL

El pasado 7 de noviembre celebramos el Día internacional del Escritor Africano. La jornada se instauró en la conferencia de ministros africanos de Educación y Cultura allá por 1991, en Cotonú, Benín, gracias a una propuesta de la Asociación Panamericana de Escritores (PAWA en inglés). Desde entonces, el escritor africano tiene su día.

El objetivo de esta jornada, según el profesor Akukwei Okai, secretario general de la asociación desde 1989 _prueba de que en África, lo difícil es tomar el poder, sino..._ es "permitir a los africanos hacer una pausa y reflejar, además de celebrar, la contribución de los escritores africanos al desarrollo del continente". Objetivos realmente nobles de los que no tenía ni idea ¿Me avergüenza afirmar esto, además para la posteridad? Eh..., pues no.

Debo decir que el 7 de noviembre se podría haber ido y venido sin que supieramos que celebrábamos otro día internacional. Puede ser que haya demasiados y está bien que algunos no sean tan pasotas como yo.

En Costa de Marfil, la jornada estuvo marcada por un homenaje al decano de nuestros escritores, Bernard Binlin Dadié. Fue por él por quien quise participar en la ceremonia a la que, finalmente, no pude asistir. ¡Un auténtico mazazo! Habría estado muy bien conocer a uno de los autores que marcaron este país. Y es una pena que cuando hablamos de los padres de la literatura africana, sólo hablemos de Soyinka o de Chinua Achebe. De Léopold Sédar Senghor, en ocasiones, si el autor quiere ser realmente inclusivo. Ahí, mencionado con Césaire y Damas como uno de los padres fundadores de la Negritud. A veces, con Wole Soyinka con motivo de aquella discusión sobre la Negritud y la Tigritud. Senghor, que dijo alto y fuerte "señores blancos, dicen que no somos más que negros, así que aquí estamos en toda nuestra Negritud", a lo que Soyinka replicó "el tigre no proclama su tigritud, se abalanza sobre su presa".

¡Ah, esos padres fundadores! Pero por qué nadie habla de las madres fundadoras. Por qué nadie habla de Paulette y de Jane Nardal, aquellas damas que contribuyeron a las discusiones sobre la Negritud con sus escritos, pero también ofreciendo un marco a jóvenes estudiantes, sobre todo en el Salón Clamart, el café que acogía discusiones inflamadas sobre la Negritud.

Jeannette nardal

¡Ah!, la magnífica historia de la literatura africana. Pero regresemos a Dadié y al asunto del día internacional del escritor africano ¿Por qué no se menciona a Dadié más allá de las fronteras de Costa de Marfil, como se menciona a Chinua Achebe más allá de las fronteras de Nigeria? ¿Es porque viene de un país francófono y la serie de Escritores Africanos Heinemann que descubrió Achebe al mundo se centraba más en el mundo anglófono africano? Tendremos tiempo de hablar sobre la fosa que existe entre el África francófona y anglófona. No digamos la lusófona o la hispanohablante. Sí, África es una, como decía mi amigo y colega el escritor congoleño Richard Ali en nuestra charla inaugural para la edición sobre el idioma de la revista literaria Jalada. Sin embargo, la realidad está ahí. Pero bravo a los escritores marfileños por haber homenajeado al decano Bernard Dadié el 7 de noviembre y que muchos tributos de este tipo le sigan.

La cuestión que me reconcome desde hace un tiempo es ésta: ¿podremos celebrar el Día internacional del Escritor Africano en los próximos años? Porque este tema se ha convertido en una auténtica patata caliente. El poeta nigeriano Christopher Okigbo abrió el debate anunciando en 1963 que no era otra cosa que un escritor, un simple escritor, y no un escritor africano. Eso, cuando Chinua Achebe escribía: "Hay algo que hemos intentado y en lo que fracasamos y es definir la literatura africana de manera satisfactoria ¿Es la literatura producida en África o sobre África? ¿La literatura africana podría tratar de cualquier tema o debe tratar sobre algo africano?".

Como decimos en Costa de Marfil para hablar de la parte complicada de un tema, affaire sur mollet de serpent. Porque después de este intercambio, el debate sigue en pleno auge. Taiye Selasi, la autora de Ghana Must Go, en un ensayo publicado en el británico The Guardian, pide que dejemos de meter a los escritores (¿africanos?) en una caja. Pero, ¿a quién se lo pide? ¿Quién mete a los escritores (¿africanos?) en una caja? ¿Por qué los propios escritores se meten en esta caja? Y si no lo hacen, ¿por qué dar tanta importancia a un tema que no vale realmente la pena? A menos, que sea algo que esconde un malestar profundo.

Sí, escribimos. Pero, ¿quién nos promociona? ¿Quién nos acompaña? Si no hubiera sido por las series Escritores Africano de Heinemann uno se pregunta dónde estaría Chinua Achebe. En 2013, el escritor beninés Habib Dakpogan decía: "Me acompaña después de más de seis años el Centro Nacional del Libro de París. Imaginen. Aunque hay instituciones de mi país que pueden hacerlo". Sí, señores ministros africanos, esto va más a allá de sentarse en una conferencia y crear un día internacional.

Taiye Selasi / Africultures. Arriba, imágenes de Wikipedia de Jeannette Nardal y Suzanne Cesaire.

Ahí es, en efecto, donde se sitúa el verdadero problema y lo que da lugar a la débil autoestima del escritor africano cuando se enfrenta a la pregunta de si se considera como tal ¿Es una cuestión que deberíamos calificar de problemática, como afirma la autora etíope Maaza Mengiste? ¿A quién pide Taiye Selasi esa libertad artística?

Por mi parte, soy una escritora africana. Punto. Y sobre este día internacional, está bien si podemos debatir los verdaderos problemas, como el estado de la edición en nuestros países, la distribución de nuestras obras, un combate real contra la piratería, un acompañamiento del estado, etcétera. Cuando Nigeria no tiene siquiera un ministerio de Cultura...

(*) Edwige Renée Dro es marfileña. Periodista, escritora, traductora, bloguera y pluma seleccionada por el proyecto Africa39 como uno de los 39 mejores escritores menores de 40 años en África subsahariana. Dirige un club de lectura en Abiyán, centrado en literatura africana y denominado Abidjan Lit (Abiyán lee), y forma parte de incontables proyectos de creación y difusión literaria panafricanos. Lo suyo es el writivism, una mezcla de escritura y activismo.