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Por qué los cigarrillos ‘sanos’ enganchan más

Un estudio destapa los efectos de la pirazina, un compuesto del tabaco 'light' y los cigarrillos electrónicos que potencia la adicción

Un hombre usando un cigarrillo electrónico en Reino Unido
Un hombre usando un cigarrillo electrónico en Reino Unido

Cada vez que se enciende un pitillo light o un cigarrillo electrónico hay un ingrediente que facilita que alguien acabe enganchado de por vida. Y no, no es la nicotina.

Un nuevo análisis de antiguos documentos secretos desvela cómo la industria tabaquera investigó durante años con una nueva sustancia para hacer cigarrillos más sanos (con menos alquitrán) pero con el mismo sabor. Era la pirazina, un ingrediente clave del tabaco light y los cigarrillos electrónicos. El trabajo, publicado en Tobacco Control, alerta de que los diferentes tipos de pirazinas contribuyen de forma independiente y conjunta con la nicotina a que el tabaco enganche y pide a las autoridades sanitarias que regulen su uso.

“Las pirazinas parecen hacer el producto más atractivo siendo más fácil empezar a fumar [...] más difícil dejarlo [...] y más probable que alguien recaiga tras haberlo dejado”, resumen los autores del trabajo, liderados por Gregory Connolly, director del Centro para el Control Global del Tabaco de la Universidad de Harvard (EE UU).

El principal gancho bioquímico del tabaco es la nicotina, que provoca la liberación de dopamina en el cerebro. Pero estudios más recientes apuntan a que tiene que haber más compuestos responsables de la adicción, como demuestra la alta tasa de recaída entre aquellos que intentan dejarlo a pesar de seguir tomando nicotina con parches o pastillas, recuerdan los autores del estudio.

El equipo ha revisado bases de datos con siete millones de documentos que la industria se vio obligada a hacer públicos en 1998. Parte de ellos revelan cómo, una vez terminada la II Guerra Mundial, las tabaqueras afrontaron una situación peligrosa para su negocio. Las ventas de cigarrillos no paraban de bajar y la gente se preocupaba más por los efectos nocivos del tabaco. Como reacción desarrollaron pitillos bajos en alquitrán, pero no tenían casi nada del sabor original.

Los documentos desvelados por el equipo de Harvard describen cómo Phillip Morris (la mayor tabaquera del mundo) se embarcó en un gran proyecto de investigación para identificar qué compuestos naturales hacen más intenso el aroma del tabaco, sintetizarlos y desarrollar una mezcla que llamaron “superzumo”. Ese cóctel caracterizaba la marca Merit, el primer pitillo light lanzado por la empresa. La mezcla contenía cinco compuestos, tres de ellos eran pirazinas.

"La bomba de los cigarrillos", decía en 1976 este anuncio de tabaco con bajo alquitrán y "sabor enriquecido".

Las sustancias también hacían el tabaco más suave, lo que permitía inhalar una mayor dosis sin causar mucha irritación, resalta el estudio. Esto era ideal para la estrategia de las tabacaleras, que querían ganar consumidores de 18 a 24 años haciendo el tabaco menos fuerte, según otro informe destapado. Las pirazinas de aquel superzumo se usan en marcas superventas como Marlboro Gold, que cambió de nombre en la UE y EE UU al prohibirse el término light.

“Es la primera vez que se desvela el uso de las pirazinas con efectos químicos y sensoriales que actúan en sinergia con la nicotina y aumentan la adicción [al tabaco]”, explica a Materia Hillel Alpert, coautor del estudio, desde la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard donde trabaja. Sin embargo, “estas sustancias son muy conocidas en la industria alimentaria ya que están presentes en comidas calentadas y con sabor tostado”, resalta. En la actualidad, Phillip Morris forma parte del Grupo Altria, una multinacional de los alimentos, la bebida y el tabaco.

Los derivados de la pirazina también parecen provocar un subidón de dopamina en el cerebro independiente al de la nicotina, según el estudio, lo que explicaría en parte por qué muchos fumadores no consiguen dejarlo solo con los parches de nicotina. Los autores del estudio alertan del peligro que estas sustancias pueden suponer y piden a la ONU y las agencias sanitarias de la UE, EE UU y Canadá que regulen su uso.

Esteve Fernández, epidemiólogo y director de la Unidad de Control del Tabaquismo del Instituto Catalán de Oncología, resalta la importancia del trabajo. “Es una prueba más de las malas tácticas que la industria usa contra la población fumadora”, opina. También resalta las implicaciones para las investigaciones sobre los dispositivos electrónicos, “que supuestamente solo liberan vapor de agua y nicotina”.

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