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“Los trabajos del futuro no serán solo rutinarios, requerirán estética y humor”

El ministro de Ciencia de Argentina, Lino Barañao, afronta los desafíos de una Latinoamérica que requiere más innovación, y reconoce que faltan empresas que apuesten por ella

José Lino Salvador Barañao, ministro en el Ministerio de Ciencia de Argentina, durante la entrevista.
José Lino Salvador Barañao, ministro en el Ministerio de Ciencia de Argentina, durante la entrevista.

El kirchnerismo ha recibido muchas críticas en sus 12 años de gobierno, pero sus políticas de ciencia en general han sido siempre elogiadas y han logrado situar a Argentina como el segundo país latinoamericano con más inversión en investigación y desarrollo (I+D), detrás de Brasil. Con esa tranquilidad habla el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva argentino, Lino Barañao (Buenos Aires, 1953),  sobre el difícil desafío que encara toda Latinoamérica en tiempos en que las materias primas, sus principales exportaciones, se deprecian y en que debe desarrollar otros productos y servicios más innovadores.

Pregunta. ¿Cómo le va a la ciencia en Argentina?

Respuesta. Estamos incrementando casi en un 10% anual la planta de investigadores, cosa inédita a nivel mundial. Si bien encabezamos en Latinoamérica el número de investigadores por habitantes, todavía no estamos en el nivel de los países más desarrollados. Estamos incorporando entre 100 y 150 investigadores por año. Llevamos 1.150 repatriados por los programas oficiales. Ahora hay investigadores que están volviendo a empresas o universidades privadas. Sobre todo vuelven desde países europeos, por la crisis. No solo cobran bien y van a tener lugar sino que también se sienten reconocidos por la sociedad y por el poder político, más allá de cuestiones afectivas. Pero tan importante como el fortalecimiento del sistema es que éste esté acoplado al desarrollo del país. Ahora los investigadores también están preocupados por la solución de problemas del sistema productivo. Si no pudiéramos mostrar que investigadores argentinos desarrollan nuevas terapias, anticuerpos manipulables para el tratamiento de cáncer, variedades vegetales resistentes a las sequías, satélites, instrumentos de diagnóstico médico, no podríamos validar el sistema.

Barañao relaciona la baja inversión en innovación con la estructura productiva regional

P. ¿Han venido científicos españoles, como usted anticipaba hace tres años?

R. Tenemos cinco españoles, un italiano, un francés…

P. Ecuador atrajo a muchos españoles

R. Sí, Ecuador tiene una política bastante agresiva, ha creado una ciudad de las ciencias y necesita poblarla de investigadores. Acá no tenemos esa necesidad: ya hay muchos investigadores y lo que tenemos que hacer es ayudarlos.

P. ¿Por qué no se ha logrado atraer más inversión privada en I+D?

R. Se concreta, pero no se refleja todavía en los grandes números. Si uno toma los casos individuales de las empresas de software, invierten tanto en I+D como Apple o IBM, pero son pequeñas. No tenemos en Argentina sedes de grandes corporaciones, que son las que realmente mueven el amperímetro en los países desarrollados.

P. Argentina hizo un esfuerzo, elevó la inversión en I+D del 0,4% al 0,6% en 12 años.

R. Ya estamos en 0,65%.

P. ¿Y cuánto aporta el sector público?

R. El 75%. Pero estamos revisando la cifra de inversión porque antes la inversión privada se medía según los bienes de capital que importaban las empresas. Ahora estamos usando una medida más actualizada. Seguramente estamos por encima del 0,65%.

P. ¿Por qué faltan grandes empresas que innoven?

R. No tenemos todavía en el sistema tributario y financiero argentino un ambiente amigable para la creación de empresas de tecnología. En el sector de software cualquier chico en un garaje crea una empresa. Los miembros de Preguntados crearon una aplicación que se usa en todo el mundo. La capacidad creativa que tenemos es muy grande. Lamentablemente no acompaña todavía el ambiente de capital de riesgo. En Silicon Valley cualquier chico con una idea como la de Preguntados tendría unos cuantos millones de dólares de inversores. Aquí son muy conservadores.

El potencial de innovación que tenemos es muy grande, y no solo en alta tecnología, también en los satélites, los reactores nucleares,  los medicamentos y los alimentos de gran consumo

P. Ahora Latinoamérica se enfrenta al interrogante de qué producirá en el futuro, ya que las materias primas se deprecian…

R. Un amigo empresario que creó los fondos de capital de riesgo más importantes de EE UU hizo un estudio de América Latina y vio que Argentina era la que mejor calificaba en conocimiento y, sobre todo, en emprendimiento. Lo que no le cuadraba era el ambiente de negocios y las reglas de Argentina. Decidió entonces empezar por invertir en Brasil. No descarta Argentina. El potencial de innovación que tenemos es muy grande, y no solo en alta tecnología, en los satélites, los reactores nucleares y los medicamentos, sino también en los alimentos masivos y para el mercado de mayor poder adquisitivo.

P. Usted habla del escaso ambiente de negocios de Argentina de cara a promocionar la innovación. Se va a enfadar el ministro de Economía, Axel Kicillof…

R. No… Kicillof tiene una posición más crítica sobre las industrias que no han innovado.

P. Pero si no hay un ambiente de negocios, ¿no es responsabilidad de la política económica?

R. No es solo la política económica sino también de la cultura tradicional de la banca de Argentina. No todo depende del Ministerio de Economía, que de hecho tiene un fondo para financiar proyectos tecnológicos, a los que ningún banco financia. Pero hay sectores que se han quedado en el tiempo porque no invirtieron. Si abrimos la economía, desaparecen.

P. Los controles de cambio que rigen en Argentina desalientan la inversión extranjera y la importación de tecnología. El que produce para el mercado interno carece de incentivos para modernizarse,

R. Estamos en una situación de transición de la economía. Nunca el equipo económico ha planteado que ésta sea una situación eterna. También es cierto que una apertura abrupta de la economía implicaría la desaparición de sectores. Esto me lleva a otro punto clave: ¿de qué van a trabajar los argentinos, o los ciudadanos del mundo, en el futuro? Hay un informe que muestra que dentro de 25 años, el 47% de las actividades actuales van a ser automatizadas. ¿Estamos preparando hoy a los chicos en la primaria para ello? Las tareas que desaparecen no son necesariamente rutinarias. Las únicas que van a subsistir son aquellas que requieran goce estético, diseño y humor, porque el ordenador no lo tiene.

P. El Gobierno kirchnerista había prometido llegar a una inversión en I+D del 1% del PIB en 2010. ¿Por qué no lo logró?

R. Está propuesto para 2020, pero hay todo un mito de que el 1% es una cifra mágica que hace que todo funcione.

P. Brasil lo aporta ya.

R. Claro, y Venezuela llegó a tener un 3%, pero los investigadores debieron devolver la plata (dinero) porque no sabía qué hacer con ella, no tenían recursos humanos.

P. ¿El 0,35% que falta tiene que ver con el sector privado?

R. Tiene que ver con la matriz productiva. Si uno le aplica a EE UU la matriz productiva de Chile, que se basa en el cobre, EE UU invertiría menos del 1%.