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¿De verdad necesitamos un chequeo médico anual?

Analítica completa, presión arterial, control de lunares… ¿Acción preventiva o interesada obsesión? Hablan los doctores

¿De verdad necesitamos un chequeo médico anual?

Sus partidarios lo defienden como medida para detectar a tiempo futuras enfermedades. Sus contrarios lo ven como producto de la obsesión por la salud y una esperanza absurda en revertir el irremediable paso del tiempo. ¿Tienen sentido los chequeos anuales cuando el paciente está sano? ¿Qué hay de interés médico preventivo y de negocio? Son algunas de las cuestiones que siete expertos analizan para abordar la necesidad del examen médico anual.

Para definir la importancia de un control médico, lo primero es plantear si conviene recomendarlo a todas las personas más allá de los grupos de riesgo (pacientes con adicciones, exceso de peso o antecedentes familiares de patologías, embarazadas y trabajadores expuestos a sustancias tóxicas). El consenso médico desaconseja someter sin control a la batería de pruebas a la población general, según indica el médico Juan Viña, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Valencia. “Un examen generalizado es excesivo. La clave es clasificar a los grupos de pacientes por factores de riesgo para especificar qué tipo de chequeos necesitan, y eso se hace bastante bien en España”.

Fuera de nuestras fronteras, el debate se extiende en países como Dinamarca, donde las autoridades sanitarias contemplan la posibilidad de realizar pruebas médicas generalizadas a toda la población. Sin embargo, estudios como el del danés Lasse T. Krogsböll, publicado en las revistas de referencia JAMA y British Medical Journal, afirman que un chequeo generalizado no disminuye el riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares. “Un error de entrada es atribuir al chequeo beneficios sobre la mortalidad. Eso es tan irritante como decir que el envejecimiento se puede curar”, observa Viña, fundador y exdirector de INCLIVA.

Según un trabajo publicado en la revista Annals of Internal Medicine, la historia clínica y la entrevista con el paciente resuelven entre el 75 y el 92% de los casos

Para Ángel Gil, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Juan Carlos I de Madrid, este examen médico suele ser oportunista. “Muchas personas acuden a las revisiones de forma rutinaria, pero también hay un gran porcentaje de gente que no las pasa. Lo ideal es que todos pasaran las pruebas cada tres o cinco años, en función de las que cada uno requiera. Pero el exceso de reconocimientos médicos puede convertirse en una obsesión y generar una población hipocondriaca con el riesgo de medicalizar la vida”.

Valorarlo como una medida preventiva es el motivo fundamental por el que debe recomendarse un chequeo médico anual, argumenta Christian Shin, responsable de la Unidad de Chequeos Médicos del Hospital Universitario Quirón de Madrid. “A partir de los 40 o 50 años una prueba anual o bianual no es mala idea. Es como pasar la ITV. Muchas veces, por motivos de trabajo o familia, olvidamos cuidarnos. El examen permite ver nuestra salud física y mental para intentar mejorar algunos hábitos de cara al futuro”.

No existe el chequeo perfecto que pueda asegurar al 100% que no le pase nada al paciente dentro de un año o dos, explica Shin, con 18 años de experiencia en el campo de los exámenes médicos. “Ningún chequeo, sea de uno o cinco días, con seis o veinte pruebas, de mayor o menor coste, puede detectar todos nuestros trastornos, porque somos humanos y podemos cambiar de un día para otro”, zanja.

Uno de los tipos de revisión donde la demanda crece corresponde al Reconocimiento Deportivo Avanzado, no superior a la hora y media de duración, diseñado para deportistas profesionales, al que puede acceder cualquier ciudadano que realice actividades físicas. “La American College of Sport Medicine y la Federación Internacional de Medicina del Deporte recomiendan el chequeo médico a partir de los 35 años en personas que inicien o reemprendan una actividad deportiva profesional o lúdica. Con el chequeo se consigue un despistaje de patologías y se ayuda a encontrar posibles lesiones y a mejorar el rendimiento”, explica Julio de la Morena, especialista de la Unidad de Medicina Deportiva del Hospital Sanitas La Moraleja.

Los pacientes que deciden someterse a un chequeo médico lo hacen, según este especialista en medicina de la educación física y del deporte, en respuesta a su preocupación por la salud, a su inquietud por adaptarse al esfuerzo físico o para seguir planes de entrenamiento orientados por el médico. “La demanda crece cada vez más porque el chequeo les beneficia. Las federaciones de determinados deportes lo obligan como requisito legal de seguridad para los profesionales. Para inscribirse en maratones, por ejemplo, los corredores deben pasar pruebas de esfuerzo obligatorias”, dice.

Solo al alcance de unos pocos

Los precios de este tipo de examen preventivo oscilan entre los 1.500 y 2.500 euros. Un modelo medio de chequeo privado, que incluye pruebas de análisis sencillos, de cardiología, audiometría y estereometría, urología o ginecología y radiologías, dura seis horas. “Por la presión sobre la atención primaria pública, el paciente solo dispone de 10 o 15 minutos con el médico. Es muy difícil aconsejar a nadie en ese tiempo. En mi consulta paso una hora con el paciente, porque lo más importante en cualquier chequeo es que el médico explique bien los resultados de las pruebas y los detalles básicos sobre lo que debe y no debe hacer”, explica Shin.

Un error de entrada es atribuir al chequeo beneficios sobre la mortalidad. Eso es tan irritante como decir que el envejecimiento se puede curar”, observa Juan Viña

Aunque los chequeos médicos nacieron con el objetivo de anticipar el riesgo de padecer determinadas enfermedades, la detección precoz está desaconsejada por prestigiosas organizaciones como US Preventive Services Task Force y Canadian Task Force, que negaron ya en los años 80 la utilidad de los chequeos anuales o bianuales realizados de modo indiscriminado, como recuerda Amando Martín, presidente del Organismo de Coordinación del Programa de Actividades Preventivas y Promoción de la Salud (PAPPS) de la Sociedad Española de Medicina de Familia (semFYC).

Para Martín, las vacunaciones o la eliminación de las conductas de riesgo representan medidas preventivas más eficaces que la indicación de chequeos, al igual que los llamados determinantes de la salud. “Las condiciones socioeconómicas, culturales y de salubridad urbana pueden mejorar nuestra cantidad y calidad de vida, en el ámbito personal y colectivo. La salud no es el producto del sistema sanitario, sino de distintos sectores. En Cataluña, el PINSAP es pionero en coordinar los distintos departamentos de la Generalitat en el diseño de acciones conjuntas para mejorar la salud”, detalla.

La última tecnología no debe arrebatar el protagonismo de las preguntas clásicas de la consulta –qué le pasa, desde cuándo y a qué se lo atribuye–, como defiende Manuel Serrano, jefe de la Unidad de Medicina Interna y Urgencias de la Clínica La Luz de Madrid, que insiste en que la conversación con el paciente, la historia clínica y la exploración física aportan más información sobre los factores de riesgo que cualquier otra medida preventiva. “Muchos pacientes nos piden una prueba de esfuerzo anual, sin saber que eso no les evitará que mañana puedan sufrir un infarto. Un consejo en consulta sobre estilos de vida es mucho más factible para promover una salud correcta que las pruebas clínicas en busca de enfermedades que a lo mejor nunca encontraremos. Tomar la tensión, ayudar a dejar de fumar o hacer analíticas a partir de los 50 años son medidas bastante más razonables”.

En medicina, ¿menos es más?

Según un trabajo publicado en la revista Annals of Internal Medicine, la historia clínica y la entrevista con el paciente resuelven entre el 75 y el 92% de los casos, indica el médico Juan Gérvas, autor de un controvertido libro, Sano y salvo (y libre de intervenciones médicas innecesarias), en el que incluye recomendaciones como “no se mida el colesterol, ¡sea feliz!”. “En medicina, menos es más. No tiene que medírselo nadie que no haya sufrido una isquemia de miocardio o un infarto, o con hipercolesterolemia familiar genética. La buena prevención no debe consistir en solicitar pruebas inyectándole al paciente miedo al colesterol, los alimentos, el sexo o la playa", insiste.

Gérvas rechaza cualquier tipo de examen indiscriminado, salvo para casos de riesgo, al carecer de fundamento científico la mayor parte de las pruebas preventivas. “El buen médico no hace diagnósticos precoces, sino oportunos y certeros. Algunas de estas calificaciones llevan a intervenciones que hacen más daño que beneficio. Las revisiones de Cochrane Collaboration [ONG internacional por la promoción de la salud], que estudia los chequeos anuales, recomiendan que se dejen de hacer porque no modifican la mortalidad”.

Para Martín, las vacunaciones o la eliminación de las conductas de riesgo representan medidas preventivas más eficaces que la indicación de chequeos

En la misma línea, el doctor Manuel Serrano recuerda que el refrán “más vale prevenir que curar” no siempre funciona. “Las maniobras de diagnóstico precoz pueden incurrir en elementos negativos como el sobrediagnóstico, el sobretratamiento, o en etiquetar a enfermos como personas que no lo son (falsos positivos) o inducir la falsa confianza de tener buena salud a personas enfermas (falsos negativos). Todas las actuaciones sanitarias conllevan aspectos positivos pero también riesgos, porque no son inocuas”, subraya.

Frente a la eficacia cuestionada de algunas pruebas diagnósticas, el protagonismo de la oferta de chequeos anuales se promueve, según coinciden algunos profesionales, por un interés más económico que médico. “Puede haber una connotación comercial en indicaciones de determinadas pruebas. Conozco casos de mujeres a las que se les realizan mamografías y citologías vaginales con una frecuencia mucho mayor de la aconsejada por el programa de prevención de nuestra sociedad y publicaciones como Annals of Internal Medicine, que es entre dos y tres años. Pues hay ginecólogos que la solicitan anualmente", apunta Amando Martín, especialista en Medicina de Familia y Comunitaria y Medicina Interna. “Pero es que la gente pide chequeos anuales aunque se le diga que no son necesarios. Gran parte de estas pruebas van dirigidas a personas con un alto poder adquisitivo, por lo que se considera al chequeo como una especie de bien de consumo más”, concluye el doctor Serrano, con 39 años de ejercicio profesional.

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