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El lobo agoniza en Sierra Morena

Expertos apuntan a las monterías como causa de la casi extinción de la especie

Solo hay constancia oficial de un grupo reproductor en este territorio

Lobo fotografiado en Sierra Morena en 2006.
Lobo fotografiado en Sierra Morena en 2006.

Cuenta Víctor Gutiérrez Alba que Sierra Morena está plagada de sistemas de fototrampeo, instalados por los técnicos del programa Life para controlar la evolución del lince. "Pero la última foto capturada de un lobo es de hace nueve años", detalla este miembro de la Asociación de Amigos del Lobo de Sierra Morena. Esa imagen es para Gutiérrez Alba el símbolo del declive de esta especie en el norte de Andalucía, donde los expertos coinciden en que está al borde de desaparecer. Solo queda un grupo reproductor de lobo ibérico, según los últimos datos oficiales disponibles, recopilados por la Junta para el censo de 2012.

"A menos que se pongan en marcha acciones eficaces, esta población será la primera de lobo que se haya extinguido en Europa en los tiempos modernos", vaticina un grupo de 12 investigadores en un artículo publicado hace unos días en la revista Biodiversity and Conservation. José Vicente López-Bao, investigador de la Universidad de Oviedo, encabeza este artículo en el que se señala a las monterías (caza mayor) como causa de la desaparición del lobo en Sierra Morena. "Después de 28 años de protección, la especie no se ha recuperado, sino que ha menguado hasta llegar a solo un grupo", alerta el artículo.

El lobo agoniza en Sierra Morena

La pérdida de ejemplares arrancó a principios de siglo, cuando ya estaba vigente el programa andaluz de protección del lobo, una especie protegida por la normativa regional desde los años ochenta. En 1999, había documentados ocho grupos familiares que se habían reproducido. Pero, diez años después, ya solo había constancia de un grupo.

"Ni siquiera se conoce el número exacto de ejemplares", dice Javier Ruiz, miembro de la Sociedad Gaditana de Historia Natural. "Y tampoco está claro el grado de hibridación, de mezclas con perros", añade. "Lo primero que hace falta es conocer la situación real de esta población", apunta López-Bao. Este investigador sostiene que habría dos alternativas para poder tener un censo real: utilizar los excrementos y los análisis de ADN o ir directamente a capturas y marcar ejemplares.

La Sociedad Gaditana de Historia Natural organizó, a mediados de mes, unas jornadas sobre el lobo ibérico. De ese encuentro salió el Manifiesto de Jerez de la Frontera, que firman más de 30 asociaciones e investigadores. El documento pide al Gobierno andaluz que tramite ante la Unión Europea una petición para poner en marcha un programa Life en el sur de la Península para esta especie, lo que implicaría que llegaran fondos comunitarios.

"En el norte el problema con el lobo es la gestión, en Andalucía es la extinción", alerta Ruiz. Para poder frenar este declive los firmantes del manifiesto apuestan por ese programa Life. "Pero hace falta el apoyo social", sostiene Ruiz. "El lobo siempre cuesta votos", reconoce. Este investigador aboga por recuperar la "memoria histórica del lobo" con jornadas como las organizadas en Cádiz, provincia en la que ya no hay rastro de esta especie, o con documentales como el premiado WildMed, el último bosque mediterráneo. Ruiz también insiste en los beneficios económicos que el "turismo lobero" ya está dejando en el norte de la Península.

Ese potencial económico es el argumento que científicos y ecologistas esgrimen cuando algunos ganaderos de Castilla y León protestan por los ataques de lobos. Este conflicto no se da en Andalucía, según se desprende del programa regional de gestión de esta especie. Al igual que ocurre con el número de grupos reproductores, los ataques al ganado doméstico han caído de forma drástica y ya son solo anécdotas en la zona. En 2002, se constataron unos 40 en Sierra Morena. Diez años después, solo se pudo confirmar un ataque al ganado.

El rechazo social hacia el lobo en Sierra Morena, que acaba en su persecución y muerte ilegal, no viene desde la ganadería. Se centra, según el artículo publicado en Biodiversity and Conservation, en la caza mayor.

Sierra Morena es zona de monterías. Según López-Bao, el lobo tiene un "efecto de distribución y dispersa" a los ciervos cuando entra en un coto. Es decir, aleja las presas que los cazadores quieren abatir, por lo que tiene impactos económicos sobre el sector. El problema, según se resalta en el artículo, no estaría en los ataques a los ciervos. "Representan menos del 1% de los impactos sobre los ciervos", afirma López-Bao. El conflicto se centra en el impacto económico que supone la entrada del lobo en un coto. Eso lleva a que los persigan y eliminen.

Este investigador apunta a un problema parecido en Escandinavia, donde también existe un rechazo importante contra los lobos por su impacto en los renos. "Cuando irrumpe en una manada, los renos se dispersan", indica López-Bao. Juntar de nuevo a la manada implica un alto coste económico. De ahí que "la tolerancia al lobo sea muy baja", concluye este investigador.

Quince asociaciones ecologistas difundieron otro manifiesto en defensa del lobo en Sierra Morena también durante este mes de marzo. Entre otras medidas, exigían a las Administraciones que la especie sea declarada oficialmente "en peligro de extinción" y programas de recuperación concretos.

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