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TABAQUISMO

Un estudio apunta que los cigarrillos electrónicos pueden ayudar a dejar de fumar tabaco

Todavía no hay investigaciones sobre la seguridad a medio y largo plazo de estos productos

Un ejecutivo de una fábrica de cigarrillos electrónicos muestra cómo se usa el producto.
Un ejecutivo de una fábrica de cigarrillos electrónicos muestra cómo se usa el producto. REUTERS

Un estudio ha registrado una posible utilidad de los cigarrillos electrónicos entre personas que no quieren dejar de fumar. En el trabajo se siguió a 45 voluntarios durante ocho meses, tanto por Internet como por encuentros personales, y el resultado fue que el 21% cambió los pitillos de papel por los electrónicos; el 15% los redujo un 80% y otro 8% había bajado el número de cigarrillos más del 50%. El trabajo lo ha dirigido Frank Baeyens, de la Universidad de Leuven (Holanda), y lo ha publicado la International Journal of Environmental Research and Public Health.

El estudio es solo el primero de una serie, según explica Baeyens. Durante los dos primeros meses del periodo de prueba se ofrecieron a los voluntarios dos tipos de cigarrillos electrónicos o seguir con pitillos. A los dos meses, a todos se les ofreció usar los vapeadores. Durante los ocho meses se les ofreció una cantidad fija de nicotina (18 miligramos por mililitro), que es “la más frecuente” que eligen los usuarios de estos productos para empezar el consumo, afirma el investigador por correo electrónico.

Con este planteamiento lo que se ha hecho ha sido cambiar –total o parcialmente- la adicción a la nicotina del tabaco por la de los cigarrillos electrónicos. En algunas de las pruebas que se hicieron presenciales a los voluntarios, por ejemplo, se les midió el nivel de adicción y el síndrome de abstinencia cuando no se les dejaba fumar, y se vio que ambos productos lo eliminaban igual, pero lo curioso fue que los usuarios de cigarrillos electrónicos lo pasaban menos mal. También se comprobó que todos tenían niveles similares de monóxido de carbono y de derivados de la nicotina.

El investigador apunta que en los siguientes ensayos probarán la utilidad de los dispositivos no para cambiar una fuente de nicotina por otra, sino para medir una de las incógnitas de estos productos: si, mediante una reducción de la nicotina inhalada, pueden servir para dejar de fumar.

Los cigarrillos electrónicos están en el centro de un debate sobre su utilidad. La UE, por ejemplo, no ha llegado a un acuerdo sobre cómo deben tratarse. Si se publicitan como un remedio para dejar de fumar, deberían demostrar mediante ensayos clínicos esa propiedad y ser tratados como un medicamento. Si no, solo les queda ser comercializados como una variante del tabaco. En ese caso, deberían aplicárseles las mismas restricciones (a la publicidad, a la venta a menores). Esta es la postura que defienden los médicos especializados en tabaquismo en España, como los de Medicina Familiar y Comunitaria o los del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo. Todavía no hay estudios sobre su seguridad a medio y largo plazo (no se quema papel y no se inhala su humo, pero el vapor de agua que se inspira no va solo: tiene aromatizantes, gliceroles, nicotina y no se sabe qué más).

La Organización Mundial de la Salud tampoco ha tomado una postura clara al respecto. Ante la falta de esos estudios, solo ha aconsejado prudencia y que se vigile.

Enmarcado en este llamamiento, este estudio es de los primeros al respecto. Ha habido otros (varios publicados en la revista Addiction) sobre su posible utilidad para dejar de fumar, pero ninguno ha sido tan rotundo como para convencer a la comunidad científica, que sigue esperando trabajos serios sobre su seguridad y posibles efectos adversos.