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La detección precoz del cáncer de pulmón reduce las muertes un 20%

La tomografía de baja intensidad tiene un balance de coste-eficacia aceptable

Tomografía de un cáncer de pulmón.
Tomografía de un cáncer de pulmón. age fotostock

El cáncer de pulmón es el tercero en casos en España por detrás del de colon y próstata, pero con diferencia el que más muertes causa (21.118 en 2012, según los datos de la Sociedad Española de Oncología Médica, SEOM). Son tantas muertes como los dos más frecuentes, colon y próstata, juntos, afirma la oncóloga Dolores Isla, secretaria científica de la SEOM. Su tasa de curación está entre el 12% y 15%. Una manera de mejorar estas cifras sería disponer de una prueba de detección precoz. La tomografía, que ha demostrado que puede reducir la mortalidad un 20% si se usa en personas de riesgo (que hayan fumado el equivalente a una cajetilla al día en 30 años), pero tiene un problema de coste.

Su aplicación, sin embargo, acaba de recibir dos impulsos: Medicare, el sistema de sanidad pública de EEUU, ha aprobado su inclusión en su cartera de servicios, indica Isla, y un estudio de la Universidad de Darmouth acaba de calcular que cuesta unos 65.000 euros por año de vida de calidad ganada.

Esta cifra es importante, porque los estudiosos del balance entre coste y beneficio de una terapia manejan una barrera para lo aceptable que está alrededor de los 100.000 dólares (unos 80.000 euros). En España, la Fundación para la Excelencia y la Calidad Oncológica (ECO) publicó antes de verano un estudio sobre este tema de la rentabilidad y calculó que “un coste anual de entre 30.000 y 100.000 euros por tratamiento es razonable por cada año de vida ganado”. “La conclusión de nuestro estudio es que se pueden implantar programas de detección precoz del cáncer de mama de una manera coste-efectiva, sobre todo en personas de 65 a 75 años”, dice William C. Black, jefe del área de Cribado de Cáncer de Pulmón del Darmouth-Hitchcock Medical Center.

“La idea del uso de la tomografía de baja intensidad no es nueva”, señala Isla. Se basa en un estudio de 2011 del Instituto Nacional del Cáncer de EE UU publicado en New England Journal of Medicine que arrojó ese dato del 20% de descenso en la mortalidad. En él participaron más de 50.000 personas que eran fumadores de riesgo o lo habían sido hasta 15 años antes del ensayo (se considera que tres lustros es el tiempo que tardan los pulmones en eliminar el daño causado por el tabaco). “El año que viene se tendrán los resultados de dos trabajos europeos que esperamos que nos lo confirmen”, dice Isla.

Con la evidencia científica a favor, la pregunta es por qué no se implanta este sistema. “El problema es que es muy caro. Para establecer un programa de cribado poblacional haría falta personal especialmente entrenado y muchos más escáneres de los que tenemos, pero el beneficio sería similar al del cribado de cáncer de mama”, indica la oncóloga.

Además, hay otro factor. “Es verdad que para cáncer de mama y colon hay un cribado (y para próstata también, aunque no es necesario hacérselo)”, indica Isla. “Pero de los cuatro más frecuentes, colon, próstata, mama y pulmón, este es el único que tiene una causa conocida de más del 85% de los casos, que es el tabaco, señala. Por eso no tendría sentido establecer un programa de cribado sin una educación y un programa de deshabituación tabáquica”, dice Isla.

El debate sobre el cribado no es la única novedad que ha habido en el campo del cáncer de pulmón. Como otras neoplasias, se trata de una enfermedad que ha emprendido el camino de la medicina personalizada. “En ese campo hemos sido pioneros”, afirma Isla. En 2004 se descubrió el papel de la mutación en el gen EGFR, que afecta a un 10% de los cánceres de pulmón y ya hay un fármaco para tratarla. También se ha descrito una alteración del ALK (otro 3% de los casos). De momento, “no hace falta hacer análisis a todos”, y solo se analizan en casos de cáncer avanzado, explica Isla. En estos subgrupos se ha conseguido, en menos de 10 años, duplicar la supervivencia (entre 12 o 14 meses a 25 o 30). En esta línea “todos los ensayos clínicos que se están haciendo son sobre biomarcadores, y hay muchísimas dianas moleculares que se están investigando”, apunta Isla.

Este abordaje tiene mucho recorrido. Con la baja tasa de supervivencia del cáncer de pulmón en general, “hay mucho que mejorar”, dice la oncóloga. Aparte de los nuevos tratamientos en ensayo, estos fármacos que ahora se usan solo en casos de cáncer avanzado se están probando en fases más tempranas.

Con estos nuevos abordajes, y los que vendrán, la Fundación ECO señala otro aspecto: el tiempo desde que se diagnostica un cáncer de pulmón hasta que se inicia el tratamiento indicado para cada tipo no debe pasar de un mes. “Necesitamos disponer de centros de referencia que puedan ofrecer un diagnóstico molecular máximo, no sólo para las determinaciones de EGFR y ALK sino también para ROS1, MET, PDL1 y técnicas de ultrasecuenciación con paneles que incluyan múltiples genes”, ha dicho el presidente de la fundación, Carlos Camps. El objetivo es claro: “Los casos de cáncer de pulmón sin especificación [una diana terapéutica o un gen específico] deberían reducirse a menos del 10%”, indica el coordinador de Criterios de Calidad de la fundación, Guillermo López Vivancos.

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