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EDITORIAL

Horizonte inquietante

La indudable ventaja de la caída de los tipos de interés confirma los peligros del estancamiento

La intervención del presidente del BCE en el foro bancario de Jackson Hole ha vuelto a presionar los tipos de interés de la deuda pública en la eurozona a la baja, anticipando decisiones de estímulos monetarios adicionales. Eso permitió ayer al Tesoro español colocar letras a los tipos más bajos de su historia, cercanos al 0%. Las condiciones monetarias están permitiendo a España abaratar la financiación de la deuda pública en un momento en que alcanza volúmenes récord, con un ahorro en intereses muy beneficioso en un momento en que España lucha por reducir el déficit público.

 La situación europea contrasta con la de EE UU y con lo que los mercados financieros han deducido del discurso de la presidenta de la Reserva Federal. Y es que pese a que la crisis se desencadenó en EE UU, las decisiones adoptadas allí en estos siete años han permitido que esa economía crezca, reduzca de forma significativa el desempleo y afiance la confianza de sus agentes económicos. Por eso están anticipando la pronta retirada de los estímulos e incluso subidas de tipos de interés a mitad del próximo año. Un panorama bien distinto del de la eurozona, y cuya preocupación apenas trató de ocultar Mario Draghi.

Las economías del área monetaria crecen poco, el desempleo promedio es el doble del estadounidense, y en algunas como la española, cuatro veces superior. El crédito sigue inhibido y la fragmentación financiera apenas se ha reducido. La inflación roza la inquietante frontera deflacionista y la confianza de empresarios y familias sigue inhibiendo sus decisiones de consumo e inversión. Es ahora cuando Draghi admite las adversas consecuencias de políticas fiscales procíclicas y reafirma sus propósitos de adoptar nuevos estímulos, sugiriendo al tiempo programas de inversión comunitarios, con el fin de reanimar la demanda agregada. Más vale tarde que nunca.

La reacción de las cotizaciones de los bonos públicos en todas las economías de la eurozona no es expresiva de un horizonte más halagüeño, sino de esa previsible reacción del BCE. Los fundamentos de las economías no han mejorado, como tampoco lo han hecho las finanzas públicas, con volúmenes de deuda muy superiores a los de hace dos años, cuando esos mercados cotizaban tipos de interés para los tesoros italiano o español superiores al 7%.

La persistencia de tipos de interés tan bajos, lejos de invitar a su celebración puede estar concretando una inquietante premonición: el estancamiento y la cercanía a la deflación. Por eso es acertado el reconocimiento tardío de Draghi y la asociada sugerencia de llevar a cabo proyectos de inversión y reformas que prioricen el crecimiento económico. Y, por su parte, decisiones de intervención en los mercados financieros que además de estimular la financiación de las pequeñas y medianas empresas, alejen las amenazas deflacionistas que pesan especialmente sobre las economías más endeudadas, las que al mismo tiempo han sufrido programas de consolidación fiscal más severos. Con tipos tan bajos, la decepción puede resultar muy cara.

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