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EL PULSO COLUMNA i

Contra el Frente Nacional

Asesor ultraderechista y mercenario en Croacia en la guerra de los Balcanes: André-Yves Beck es un político inquietante

Una pintada de Jean Moulin fotografiada por Pierre Marquès.
Una pintada de Jean Moulin fotografiada por Pierre Marquès.

Jean Moulin nació en Béziers. El líder de la Resistencia francesa contra el invasor nazi nació en Béziers. La misma ciudad del sur de Francia donde ahora gobierna el Frente Nacional. Parece una contradicción de términos, una paradoja espacio-temporal: y tal vez lo sea. Aberración. Lo primero que pretende hacer con esta ciudad de 70.000 habitantes Robert Ménard, tras ganar las elecciones por mayoría absoluta, es doblar el número de policías municipales, armarlos hasta los dientes y dotarlos de equipos de videovigilancia, al tiempo que crea un Observatorio Municipal de la Tranquilidad Pública y apoya oficialmente la creación de comunidades de Voisins Vigilants (Moulin las llamaría “milicias populares”). Ya se ha decretado toque de queda para los menores de edad.

Si Marine Le Pen tal vez sea en estos momentos el personaje político más inquietante de Europa, en Béziers ese rol no lo ostenta el alcalde, sino uno de sus asesores más cercanos, el ultraderechista André-Yves Beck. Se dice que fue mercenario en Croacia durante la guerra de los Balcanes, pero lo que es seguro es que lleva desde los ochenta trabajando como asesor de comunicación en diversas Administraciones vinculadas con el Frente Nacional –que fue fundado, se dice pronto, por Le Pen padre hace ya más de cuarenta años–. Y que en 1991 fundó él mismo Nouvelle Résistance junto con Christian Bouchet, un confuso movimiento fascista, nacionalista y revolucionario. Seguramente la clave de todo radique en ese concepto: confusión.

De ese paisaje borroso y distópico acaba de regresar el artista francés Pierre Marquès, que lleva 15 años instalado en Barcelona, tras realizar su último proyecto. Conocido por sus trabajos con la silueta de los fusiles Kaláshnikov, que ha hecho dialogar con todo tipo de formatos y materiales (desde la publicidad de los diarios hasta las revistas porno, pasando por las paredes de las cuevas, a modo de pinturas rupestres), y por sus colaboraciones con el escritor Mathias Enard en libros como El manual del perfecto terrorista, ahora ha recurrido al graffiti para llenar su ciudad de origen de retratos de Jean Moulin, acompañados por el lema “crear es resistir”. Se trata, me cuenta, de “utilizar el paisaje urbano como único testigo eterno de la historia, vestir la ciudad de personajes que lo hicieron todo para que la humanidad estuviera protegida de una lacra que hoy en día invade otra vez Europa”. No podía quedar sin denuncia la irrupción del Frente Nacional con el 46,98% de los votos en una ciudad que siempre había sabido cómo integrar a sus inmigrantes: “Ejemplo de ello es La Colonie Espagnole, que tras la Guerra Civil se estableció allí y reforzó la sociedad local hasta fundirse con ella”.

Un artículo en Midi Libre se ha preguntado si esa súbita invasión de graffitis políticos no será una nueva forma de resistencia urbana colectiva. “Ojalá”, suspira él. Le cuento que Moulin fue torturado por la Gestapo: le arrancaron las uñas, le aplastaron los dedos con una puerta, le rompieron las muñecas, le destrozaron la cara: no delató a sus colaboradores. Y comenzamos a hablar sobre V de Vendetta y otras obras que han imaginado, en contextos neofascistas, la posibilidad de la vieja, difícil pero necesaria Revolución.

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