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EDITORIAL

Infierno en Nigeria

Es urgente que el Gobierno actúe contra los secuestradores de niñas de Boko Haram

Nigeria está viviendo su transición hacia el liderazgo económico de África bajo el signo sangriento del terrorismo y el fundamentalismo. Los crímenes de los salafistas de Boko Haram se han centrado en las últimas semanas en el secuestro de colegialas para ser posteriormente violadas y vendidas. El 14 de abril, el ataque a un internado se saldó con la captura de 223 niñas. Tal atrocidad ha conmovido a la opinión pública mundial y ha generado una inusual ola de protestas en el país, a lo que los terroristas han respondido con insolencia. El domingo secuestraron a otras 11 niñas y el lunes, Aboubakar Shekau, líder de los radicales, reivindicaba en un vídeo el secuestro mientras los suyos arrasaban la ciudad de Gamboru, donde dejaron decenas de muertos.

Los raptos de niñas están cargados de significado. Boko Haram, que tiene por meta imponer la ley islámica en todo el país, significa “la educación occidental es pecado”, lo que entronca con el yihadismo más radical de Afganistán y Pakistán. Aboubakar Shekau reclamaba en su vídeo que las niñas abandonen las escuelas y se casen. El masivo secuestro del día 14 ha generado suspicacias en la población local, que no entiende la inacción de las autoridades para explorar la zona en la que las patrullas ciudadanas creen que están las secuestradas. Difícil evitar que alberguen sospechas de connivencia.

El presidente Goodluck Jonathan, espoleado por las protestas, ha reaccionado por fin a los hechos y ha pedido ayuda internacional. Solo Estados Unidos, Francia y Reino Unido se han mostrado dispuestos a auxiliar; y cabe preguntarse si la ayuda no debiera incluir presionar más duramente al Ejecutivo nigeriano para que ponga freno a un terrorismo islámico enloquecido que mata, viola niñas y las vende en nombre de Dios. Es de un gran valor que el conservador instituto islámico egipcio Al Azhar haya advertido de que los secuestros son contrarios a “las esencias del Islam y sus principios de tolerancia”.

No es aceptable que en la capital se desplieguen 6.000 efectivos de las fuerzas del orden para velar por la seguridad del Foro Económico Mundial para África que se celebra hasta el viernes mientras el noreste del país se deja en manos de crueles iluminados que aterrorizan impunemente a la población y pisotean sus derechos. Tales ataques son incompatibles también con el desarrollo económico que Nigeria acaricia.

 

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