El acento
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El futuro de la memoria

Científicos barceloneses logran reducir el alzhéimer en ratones

MARCOS BALFAGÓN

Vivir muchos años ha traído consigo un crecimiento exponencial de las servidumbres de la edad, en particular del infarto, el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas. El lugar de honor entre estas últimas es el alzhéimer, la principal forma de demencia asociada a la edad de nuestro tiempo, que afecta a 30 millones de personas en el mundo, 400.000 solo en España. Unas cifras que probablemente se duplicarán en las próximas décadas.

Solo cabe, por tanto, recibir con esperanza el notable avance que acaba de lograr un equipo de neurocientíficos de la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabajando con ratones modificados para que funcionen como modelo del alzhéimer humano —con unos altos niveles de la misma proteína beta-amiloide que se acumula en el cerebro de los pacientes—, los investigadores han descubierto un gen esencial para las conexiones neuronales (llamado Crtc1) que está alterado en las fases tempranas de la dolencia; y no solo en los ratones modelo, sino también en muestras cerebrales de pacientes humanos.

Los científicos razonaron que, si la función defectuosa de ese gen está asociada a la pérdida de memoria en las fases iniciales del alzhéimer, su estimulación podría revertir los síntomas.

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Es lo que han comprobado en sus modelos animales de una forma espectacular. La inyección del gen correcto Crtc1 directamente en el hipocampo —la región cerebral más importante para la formación de recuerdos— logra que recuperen la memoria los ratones que ya habían empezado a perderla.

Inyectar genes en el cerebro de un enfermo está, por el momento, fuera de las posibilidades de la práctica médica. Sin embargo, tal limitación no resta un ápice de importancia al experimento barcelonés. Es perfectamente posible que esa acción se pueda mimetizar con una pequeña molécula —un candidato a fármaco— que estimule al gen natural del paciente o que corrija sus efectos indeseables. No hay ninguna garantía de que esa estrategia funcione, por supuesto, pero es evidente que merece la pena intentarlo. Lo que está en juego es nada menos que el futuro de la memoria.

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