Miles de refugiados recalan en el país nórdico tras una macabra travesía por una Europa que mira hacia otro lado
Dos niños refugiados matan el tiempo entre el frío fuera de los barracones de Grytan.Evan PantielLa hora de la comida es la más concurrida y propicia para el intercambio de impresiones.Evan PantielJean Azar, un sirio de Hasaké de 66 años que llegó a Suecia en los noventa y atiende y regenta un estanco en las afueras de Estocolmo.Evan PantielShihabi y Diab, llegados a Suecia tras haber pagado 12.000 euros a un contrabandista que se encargó de organizar su viaje. Recién casados, Diab no estaba dispuesto a incorporarse a filas y escaparon. De Damasco volaron a El Cairo, después viajaron a Alejandría y allí tomaron una patera rumbo a Europa.Evan PantielMohamed Amin, de 27 años, en el refugio de Grytan. Proviene de Deraa, la ciudad donde se iniciaron las revueltas que dieron origen a la guerra en Siria.Evan PantielJimmi Neme, horas antes de firmar su primer contrato en Suecia tras un año en el país. Llegó de Alepo, es economista y tiene 24 años. Las facilidades gubernamentales en un país muy ajeno a la actual corriente del resto de Europa le han ayudado a labrarse un futuro alejado de la guerra y de una de las ciudades donde se han vivido los combates más cruentos.Evan PantielSödertälje es la localidad sueca donde, entre otros, nació el famoso tenista Björn Borg y presume de haber acogido a más refugiados iraquíes que Estados Unidos y Canadá juntos. Un ejemplo de integración de la que se enorgullece un Gobierno cuyo discurso enfatiza la necesidad de contar con emigrantes.Evan Pantiel