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CARTAS AL DIRECTOR

En situación límite

Tras leer la noticia de la muerte de tres miembros de una misma familia en Alcalá de Guadaíra (Sevilla) por intoxicación, uno queda impactado. Aun con todas las cautelas que la investigación requiere, que el Ayuntamiento solicita y que el sentido común aconseja, lo cierto es que era una familia que estaba viviendo desde hace unos meses de lo que recogía de los contenedores, como vemos a tanta gente cada día por todos sitios. Papeles, cartones, metales y, sobre todo, comida.

Es muy duro ver a una persona remover dentro de un contenedor de comida, incluso meterse dentro para buscar más concienzudamente. Los ciudadanos que no vivimos esa desgracia somos conscientes, y la prueba de ello está en cómo nos volcamos cuando los bancos de alimentos piden comida o cuando las ONG que se dedican a ello solicitan ayuda. Pero y el Gobierno ¿qué hace? Me refiero al Gobierno central, que es el que tiene el poder para dar o quitar, para abrir la mano o cerrarla, para facilitar o recortar. Sé que la situación económica es muy grave, pero las personas son personas. Hay un momento en que tienen que dejar de ser votos. Los recortes tienen que tener un límite porque por encima de todo está la supervivencia y la dignidad de las personas.

Los recortes brutales, como anunciaban muchos economistas, no son la solución. Estrangulan la economía, ocasionan mucho dolor a los ciudadanos y vemos que, en lugar de producir mejoras, lo arruinan todo. La deuda pública es cada vez mayor porque la economía está muerta. Y miles de ciudadanos, como esta familia de Alcalá de Guadaíra están en situación límite. ¿Cuánto tiempo cree el Gobierno que podemos seguir así? Con otras políticas también se sale de la crisis, como vemos en Estados Unidos.— Luis González Iglesias. Mairena del Aljarafe, Sevilla.


La desgraciada noticia de la muerte de una familia casi completa en Sevilla a causa de una intoxicación, ha generado la comprensible consternación, pero plantea también algunos interrogantes. Por la información de prensa de que dispongo, se atribuye la muerte al consumo de pescado en malas condiciones; pero sorprende, si así fuera, la fatal virulencia con resultado de muerte rápida.

Nos viene a la memoria un caso similar ocurrido en Barcelona hace unos años. Una familia completa fue hallada muerta en el comedor de su domicilio, y se determinó una intoxicación alimenticia como causa de muerte. Varias horas más tarde, se hallaron restos de una barbacoa en el interior del inmueble, y a partir de esa sospecha se detectaron niveles letales de monóxido de carbono en la sangre de las víctimas.

La experiencia de CRIS-UTH en el estudio y tratamiento de estas intoxicaciones es cercana a los 4.000 casos —la más alta de España— y confirma que en las circunstancias descritas de escasez de recursos, es muy frecuente que esas familias enciendan hogueras o braseros dentro del habitáculo sin ventilación adecuada, con lo cual la formación de monóxido de carbono es inevitable. Este gas —muy venenoso— no tiene olor ni sabor, con lo cual no provoca ninguna reacción de rechazo y pudo hacer posible que las víctimas ignorasen su inhalación.

Me permito sugerir que los servicios sanitarios responsables revisitaran el escenario de la tragedia en busca de esos vestigios, y paralelamente determinar la carboxihemoglobina de la sangre de los cadáveres.— Jordi Desola. Profesor de Medicina Hiperbárica en la Universidad de Barcelona y director Médico de CRIS-UTH. Sant Joan Despí, Barcelona.

 

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