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TELEVISIÓN

‘Isabel’, la cara oculta de la serie

Entramos en la corte de los Reyes Católicos para conocer las entrañas de una de las series españolas más ambiciosas de los últimos años

Y el drama de una ficción que pasó de estar desterrada de la parrilla a convertirse en un éxito

A pesar de las heridas sufridas en la guerra televisiva de los lunes, la historia sigue su curso

La actriz Michelle Jenner junto al director de la serie, Jordi Frades. Ver fotogalería
La actriz Michelle Jenner junto al director de la serie, Jordi Frades.

A 30 kilómetros de Madrid es posible viajar en el tiempo. Media hora de carretera para encontrarse con el siglo XV. Entre los pasadizos fríos y oscuros de la corte de los Reyes Católicos huele a madera, a la cera derretida de las velas, y se escucha el crujir de los vestidos de época medieval mientras Isabel y Fernando hablan en castellano antiguo. Estamos en el rodaje de la tercera temporada de Isabel, una serie que, como el personaje que le da nombre, tuvo que lidiar sus propias batallas para alcanzar la meta: ser emitida y coronarse de éxito. Hay un largo día por delante; el equipo y los actores han llegado a los estudios de El Álamo aún con estrellas en el cielo en las primeras horas de la mañana, y no regresarán al siglo XXI hasta pasadas varias horas de ininterrumpido trabajo.

El nacimiento de esta ficción es digno de una película, un drama con un giro de guion deseado. Desde que terminaron de grabar la primera temporada en diciembre de 2011 hasta que empezó su emisión, estuvo nueve meses en suspenso. Como una reina destronada. La culpa: un recorte de 204 millones de euros en el presupuesto de RTVE. “Fueron momentos bastante duros. Televisión Española nos pedía que aguantáramos, pero llegó un momento en el que decidimos dejar de pagar dos platós de casi 4.000 metros y toda la infraestructura que comporta. Ya habíamos guardado el vestuario y el atrezo, y justo el día que entraban las excavadoras para desmontar los decorados llamaron de la cadena con la fecha de emisión”, recuerda ahora con alivio Laura García, la directora de producción de este relato histórico. Con la entrada de la nueva dirección en la corporación y en la cadena, decidieron dar luz verde a lo que estaba en la nevera y evidenciaba renovación, reconoce Fernando López Puig, director de ficción de TVE. En ese momento, una de las series españolas más ambiciosas de los últimos años – con un presupuesto de casi 600.000 euros por capítulo– ganaba la primera batalla.

Pero antes se enfrentaron a la decisión de cómo acercarse a unos personajes, no exentos de controversia, que determinaron el futuro de España. “Casi dos años para organizar una trama convincente, ni muy enciclopédica, ni muy ficcionada”, recuerda López Puig desde TVE. Todos los implicados reconocen que tuvieron que desempolvar los libros de historia. Y estuvieron de acuerdo: nada puesto a propósito para crear un efecto en la audiencia. La historia en sí ya les parecía más que interesante a la cadena, a la productora Diagonal TV y al director. “Es una serie básicamente histórica, también de intrigas políticas. De emociones, más que de amor. Todo lo que contamos siempre tiene una referencia a la verdad; si encontramos un hecho en dos libros o crónicas de la época, lo damos por bueno. Quizá haya pasajes que hemos fabulado, pero cuando algo es muy trascendente vamos con mucho cuidado”, cuenta el director, Jordi Frades, tras pasar toda la mañana en la sala de montaje. Ese es el motivo por el que, por ejemplo, cambiaron las primeras versiones sobre Juana la Beltraneja. Quedaba demasiado evidente que era hija de Beltrán de la Cueva y no del rey Enrique IV. “Nosotros no queremos resolver ningún enigma histórico”, sentencia el realizador catalán.

“Hay quien dice que esto es una serie de derechas y facha… no sé por qué, entonces no había ni derechas ni izquierdas. En todo caso es una visión posterior a lo que hizo esta mujer, estés de acuerdo o no”, señala Frades. No hay que olvidar que mientras algunos buscan la beatificación de Isabel la Católica, otros le reprochan la violencia de la Inquisición. “El reto era colocarse en esa época para juzgar las cosas que hizo con justicia. No quiere decir que estemos a favor…”, matiza. Esa era una de las mayores dificultades del guion. “Hay un problema fundamental para nosotros, por ejemplo con la expulsión de los judíos. Tenemos que escribir qué le pasaba por la cabeza a Isabel, y eso es lo que no está documentado”, resume José Luis Martín, director argumental de la serie. Qué mejor que guionizar escenas de alcoba para ver sus preocupaciones y mostrar qué les motivaba a tomar sus decisiones.

“Hay quien dice que es una serie facha… no sé por qué, entonces no había ni derechas ni izquierdas. Es una visión posterior”, dice el director, Jordi Frades

“Fueron importantísimos para el futuro de España, otra cosa es que uno haga reflexiones desde el siglo XXI sobre el siglo XV. No se puede hablar de genocidio o limpieza étnica porque en esa época no existía ese concepto”, explica José María de Francisco Olmos, decano de la Facultad de Documentación de la Complutense. Tampoco comparte la idea de que se pueda describir a Isabel como feminista: “Ella tiene plena conciencia de quién es: la reina propietaria de Castilla y no la esposa del rey. Y lucha por serlo no por su condición de mujer, sino porque cree que es reina por la gracia de Dios. Es la elegida por la providencia divina, y eso está demostrado porque gana la guerra”, matiza sentado en su despacho, donde una copia de un pasaporte firmado por los Reyes Católicos para un peregrino decora una de las paredes.

¿Se puede conocer la historia viendo la serie? De Francisco Olmos asegura que sí. “Es cierto que algunos hechos los tienen que juntar, pero es que si no sería un documental y no televisión. No nos pongamos excesivamente rigurosos. Sigue los acontecimientos y está bien”, opina este experto en los Reyes Católicos, alguien para quien la historia de España es tan apasionante que si la cogieran los productores americanos se volverían locos. “Partimos del hecho histórico, y a veces lo adornamos o manipulamos para que tenga más chicha, somos guionistas”, se defiende Martín, el director argumental de la serie. Así, al alcaide de Burgos y al conde de Plasencia los unieron en un personaje, hicieron coincidir en el tiempo un aborto de la reina de Castilla con una derrota militar de Fernando, y decidieron reflejar los rumores sobre la muerte de Alfonso por envenenamiento o el amor platónico de Gonzalo de Castro por la entonces infanta Isabel. “Si la leyenda es mejor que la verdad, se imprime la leyenda”, dice riendo al otro lado del teléfono Martín, hoy encerrado escribiendo los guiones del devenir de una historia ya revelada.

A las siete de la mañana han llegado los actores al estudio para afrontar el proceso de maquillaje y peluquería, pasar por el departamento de vestuario que dirige Pepe Reyes y estar listos antes de que a las ocho se escuche por primera vez la palabra “acción”. Entre los miles de metros cuadrados de los estudios donde transcurre la trama hay una sastrería, un espacio repleto de dibujos de los personajes y de los libros que han utilizado para documentarse sobre la moda de entonces. Cuatro habitaciones repletas de vestuario y pasillos con burros de ropa con las barras arqueadas por el peso de los ropajes evidencian el enorme reparto de Isabel. Solo en la segunda temporada, 130 actores. “Los trajes no pueden ser como los que llevaban, los tenemos que aligerar. Y aun así Michelle ha llevado a veces 30 kilos encima, como en la escena de la rendición de Granada”, dice Reyes. Michelle Jenner reconoce que al principio sintió miedo por el peso que supone interpretar a una reina “con una vida tan apasionante”. Superado ese temor, hoy padece el peso de sus trajes. “Los hay que son realmente difíciles de llevar. Encima, en esta temporada me están poniendo más gordita con un relleno de espuma de manga larga debajo de los vestidos. Los primeros días, cuando todavía hacía calor, me quería arrancar la ropa”, recuerda. Todo el reparto empieza a ensayar un mes antes de la grabación, y uno de los motivos es para que aprendan a llevar los incómodos trajes medievales.

Sorprende encontrar también una carpintería en los estudios. Es la manera de optimizar dinero y tiempo en el montaje de los decorados, que tarda entre 5 y 20 días, en función de la complejidad de la secuencia, matiza Marcelo Pacheco. El director de arte de la serie, en posesión de tres premios de la Academia de Televisión por sus trabajos, asegura que hasta el momento Isabel es su gran reto.

Es en el vestuario y los decorados donde el académico De Francisco Olmos ve más fallos, pero son errores “de los que nos damos cuenta cuatro”, como sus colegas de Facultad, con quienes suele comentar la serie los martes. Cree que la reina de Castilla viste demasiado de blanco, o no le convenció ver a Juan Pacheco vestido de cuero negro. Recuerda cuando se vio por primera vez una moneda con la cara de los Reyes Católicos, que en vez de ser de 1475 era de 1497, “aunque de eso no creo que se dieran cuenta dos personas, sino media”, ríe. Pequeñas minucias que no desmerecen a la historia, por algo él remite a escenas de la serie como ejemplos en sus clases. Es una nueva arma para los profesores. “La primera temporada la despedimos en un cine de Madrid. Ahí se me acercó un profesor para contarme que con Isabel había recuperado a alumnos que creía perdidos y que ahora se han empezado a interesar por la historia”, recuerda con orgullo Ginés García Millán (Juan Pacheco).

El actor Rodolfo Sancho posa con Laura (izquierda) y Montse García, directora de producción y productora asociada. pulsa en la foto
El actor Rodolfo Sancho posa con Laura (izquierda) y Montse García, directora de producción y productora asociada.

El equipo cuenta con dos historiadores que trabajan con guionistas, vestuario y decorados. Uno más dedicado a la historia, y el otro, a las tradiciones de la época. Además colaboran desde la segunda temporada con la Real Academia Española para el lenguaje. “Con estos tres bastiones, muy mal se nos tiene que dar, aunque alguna vez se nos haya puesto la cara colorá”, dice la productora Laura García. Una vez que está hecho el guion, proceso que no tarda más de un mes y diez días, ellos lo filtran. “No nos los devuelven muy tachados ni se escandalizan. El proceso previo de documentación es bastante exhaustivo”, asegura Martín, quien dice haber podido realizar todo lo que tenía en mente excepto en las batallas. Una palabra que menciona con el mismo tono de decepción que Jordi Frades. Las escenas de acción parecen ser el talón de Aquiles de ambos. “Con el presupuesto que tenemos, sufrimos mucho, sobre todo con las escenas exteriores. Mis luchas con Laura siempre son por más caballos y figurantes. Sabemos lo que tenemos, pero nos comparan con Los Tudor y Juego de tronos, cuando nuestro presupuesto es su catering”, lamenta Frades. Amante y activo en todas las redes sociales, tras montar estas escenas ya se pone nervioso imaginándose los comentarios.

Tras tres horas de rodaje, el timbre indica un descanso de 15 minutos, el único de esa longitud en toda la jornada. Es el momento del bocadillo, y salen en tromba del plató el equipo y los actores. Muchos aprovechan para coger el móvil y reconectarse con el siglo XXI. “Cuando te das cuenta de cómo manipulaba Fernando, sacando a un arzobispo por otro, hablando con Maximiliano del sacro imperio… piensas: ¡si en esa época no había ­WhatsApp!”, dice con una seductora carcajada Rodolfo Sancho, el rostro del rey de Castilla, a quien no le disgusta en absoluto que le apunten errores de la serie. “Señal de que la siguen y que despierta interés”, asegura orgulloso de las audiencias. “Me regocija que le das algo de calidad a la gente, que podía parecer difícil de seguir porque la serie es muy política y muy coral, y no solo le interesa, sino que entra en la web para saber más”.

Unas palabras que el actor lanzaba en nuestra visita en octubre, cuando aún la serie rondaba el 20% de cuota de pantalla y el equipo grababa los martes con una sonrisa. Pero en la batalla televisiva de los lunes apareció un nuevo enemigo. Tras esperar dos años en el cajón, también como consecuencia de una crisis que parece no dejar un blanco intacto, empezaba El tiempo entre costuras, una ficción que les ha causado una pequeña herida de guerra: ahora no superan el 15% de share. Y la trama de Antena 3 superó el 25% de cuota de pantalla el día de su estreno. “Una pena, la verdad… gane quien gane, perdemos todos”, decía en su perfil de Twitter Frades tras saltar la noticia de que Antena 3 decidía emitir los lunes la serie basada en la novela homónima de María Dueñas. Saber que tiene una única temporada seguramente sea un consuelo, aunque Fernando López Puig reconoce haber mantenido reuniones con la productora para valorar opciones. Aunque se mantiene optimista. “Tenemos un suelo de espectadores muy importante. Y lo que está claro es que los lunes hay ocho millones de personas viendo ficción española. Nos gustaría tener más audiencia, pero no podemos hacer nada”.

“Es un regalo que nos da miles de satisfacciones. Como que te abran la Alhambra para grabar, que ni a Ridley Scott se la abrieron [para El reino de los cielos, en 2005]. Merece la pena hacer la serie solo por este tipo de cosas”, recuerda con emoción la productora. Un momento que Roberto Enríquez, alter ego de Muley Hacén, califica como mágico. “Aquel rodaje no estuvo exento de folclore; aunque nos acotaban las zonas, al otro lado hordas de turistas pensaban que formábamos parte del espectáculo. Debemos de estar en el álbum de fotos de un montón de gente”, recuerda. Unas puertas que no les abrieron en Barcelona, cuando el Museo de Historia de la ciudad vetó la grabación del atentado que sufrió Fernando en la plaza del Rey en 1492. “Cada uno tiene su forma de ver las cosas, y no queremos darle más importancia porque no la tiene. Consideramos este capítulo cerrado y nos vamos a Plasencia”, caballos y sus entrenadores incluidos, dice quitándole hierro al asunto García.

Un solo capítulo requiere más de 100 personas en el equipo, un mes de escritura de guion, 12 días de grabación, unos 10 días de montaje, el mismo número que para trabajar con los efectos especiales y la música, en manos de Federico Jusid. En la primera temporada, el músico tuvo que viajar a Hungría para grabar con la Orquesta Sinfónica de Budapest. Pero hoy ya no hace falta. La grandilocuencia que parece rodear a esta serie ha conseguido que la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE se haya incorporado al proyecto desde la segunda temporada. Ciento cincuenta músicos –ni un solo instrumento electrónico– y 65 voces.

“Siempre que te veo de ti, te veo más guapa. Tía buena”, le suelta Jordi Frades a Mi­chelle Jenner cuando aparece despojada del maquillaje y las ropas de la reina de Castilla. Son las cuatro y media de la tarde, y la ausencia del incesante timbre que indica cuándo el personal debe quedarse mudo porque se está grabando significa que la jornada ha terminado. También acabará en la tercera temporada su papel de Isabel la Católica. “La serie está planteada para tres temporadas, y yo lo prefiero, porque a veces muchas series, cuando funcionan, se empeñan en estirarlas como chicles, y creo que allí pierden. Y esto no es ficción”, afirma la actriz, premio Ondas 2013 por su interpretación (Isabel lo recibió como mejor ficción española el año pasado). La historia es la que es, y en este caso termina con la muerte de la soberana castellana que reunificó los reinos.

El rodaje de la tercera temporada sigue su curso mientras este lunes termina en TVE la segunda y es inevitable hablar de la posibilidad de una cuarta. Todos han oído rumores. Pero ¿por dónde seguir? ¿Inmediatamente después con la regencia de Fernando? ¿Quizá empezar con Juana la Loca o saltar directamente a Carlos I? “Estamos en el debate de contenidos, y, por supuesto, de producción y presupuesto”, avanza López Puig desde TVE, consciente de que este tipo de historias encajan en una cadena con voluntad de servicio público. Mientras se está decidiendo cómo seguir con la historia y abandonamos la corte, ya se mueven los decorados. Aún quedan por rodar los días de esplendor de Castilla.

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