Editorial
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Fin de la recesión

El tirón de Alemania y Francia beneficia a España e Italia, pero no garantiza la corrección del paro

El conjunto de la eurozona crece. El 0,3% de crecimiento registrado en el segundo trimestre del año, según la agencia estadística Eurostat, es superior a la mayoría de las previsiones. La contribución de Alemania y Francia al final de la recesión, que se inició en 2011 en el área monetaria constituida por las 17 economías, ha sido determinante. Aun así, que se abandone ese territorio negativo de crecimiento no significa que la recuperación vaya a ser suficientemente intensa para corregir a ritmo significativo el principal desequilibrio de la región, el desempleo, ni para que los problemas financieros de algunas economías periféricas puedan darse por superados.

Pero es indudable que las mejoras en las dos mayores economías europeas deberían facilitar la transición al crecimiento de la italiana y la española, que son hoy el principal centro de atención. La mayor sorpresa ha sido el crecimiento del PIB francés, que aumentó un 0,5% en el segundo trimestre con la demanda interna ejerciendo la mayor tracción. No será suficiente, sin embargo, para evitar que el conjunto del año concluya para la economía gala con una contracción, previsiblemente entre el 0,1% y 0,2%, como anticipaba el FMI, antes de crecer al 0,8% el año que viene.

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Sorprende también el tirón de Alemania. La economía europea más fuerte ha registrado una tasa del 0,7%, la mayor expansión en más de un año, gracias a la intensidad de la demanda interna y, dentro de ella, del consumo público y el gasto en construcción.

Portugal despide dos años y medio de retroceso con un crecimiento del 1,1% en ese segundo trimestre. Y ahí terminan las sorpresas favorables. La economía holandesa, que había hecho gala de sus políticas de austeridad, se ha mantenido en cifras negativas del 0,2%. Las tasas negativas de crecimiento del PIB en España e Italia son del 0,1% y 0,2%, respectivamente.

No hace falta conocer la composición detallada del crecimiento de cada una de las economías para mantener ciertas cautelas acerca de la continuidad del mismo. Y, en todo caso, sobre su eficacia para reducir de forma significativa el elevado desempleo en la región, en especial el de aquellas economías del sur más castigadas por la crisis y por la aplicación de políticas de ajuste fiscal que la han agravado.

Serán precisamente estas políticas presupuestarias las que sigan lastrando la intensidad de la recuperación en economías como la italiana y española, que deben librarse además de las amenazas que pesan sobre sus sistemas bancarios. La fragmentación financiera, las dificultades para el acceso al crédito y la ausencia de inversión publica y privada siguen pesando a la hora de salir de la recesión. Y de cómo se afronten dependerá que a la salida de ritmos negativos de crecimiento no le suceda un panorama cercano al estancamiento. Ir concretando la transición a la unión bancaria y promover proyectos de inversión comunitarios contribuirían a que estas señales favorables del segundo trimestre se asienten definitivamente.

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