El acento
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España despoblada

Las estadísticas prefiguran una sociedad anciana rodeada de islas de parados jóvenes.

MARCOS BALFAGÓN

España se despuebla, dice el Instituto Nacional de Estadística (INE). Perderá una décima parte de la población en los próximos 40 años. En 2022 ya se notará la pérdida de densidad demográfica; habrá 45 millones de habitantes, en lugar de los 46 millones actuales. No tienen razón los maledicentes; el fenómeno no puede imputarse a que  los españoles huyan despavoridos ante la política económica o las canciones de Bisbal. Se debe al descenso del número de mujeres en edad fértil, causado a su vez por la caída de la natalidad en los ochenta y principios de los noventa. Con largo aliento profético, el INE pronostica que el número de nacidos no volverá a crecer hasta 2030, aunque recaerá en 2040. Quién sabe, quizá en 2030 la solución de la escasez demográfica sea la clonación. Hay otra causa que explica el vaciado del país: el hundimiento del saldo migratorio. Aquí, el pronóstico es menos lejano. Este año llegarán a España 376.696 inmigrantes; pero saldrán del país 558.175 emigrantes. Tal como quería, el Gobierno ha conseguido acallar el efecto llamada y así se escucha amplificado el reclamo para españoles parados que suena desde otros países.

Las series del INE evocan un paisaje apocalíptico, de lúgubres distopías. Las estadísticas prefiguran una sociedad anciana (la esperanza de vida seguirá subiendo hasta los 86 años en los hombres y los 90 en las mujeres en 2051), con un aumento significativo de las defunciones debido al crecimiento de la edad y (esto no lo dice el INE, pero también se puede extrapolar el presente) rodeada de islas de parados jóvenes. En esta sociedad desequilibrada por la caída de la población, las pensiones se convertirían en un lujo. En 2022 habría 10 personas activas por cada seis inactivas (niños, jubilados); en 2051, la proporción sería prácticamente de un ocupado por un inactivo.

Solo son tendencias; preocupantes, sí, pero susceptibles de corrección. Si España gana otro Mundial, o si los merkelianos perdonan a Europa las políticas de ajuste, o si en las próximas elecciones gana un candidato que sepa decir algo más que “haremos lo que hay que hacer”, o si Mas se queda, quizá mejore el ánimo reproductor, aumenten los nacimientos y no se despidan los emigrantes.

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