Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
EL ACENTO

Venganza en la catedral

Si el robo del 'Códice Calixtino' fue una revancha, el autor logró su principal objetivo contra el deán

Con la detención de los ladrones y la recuperación del botín robado, las piezas encajan mejor en el rompecabezas. Un electricista que durante años trabajó en la catedral de Santiago fue el presunto autor del robo más famoso del año: el del Códice Calixtino. Desapareció del archivo catedralicio en julio de 2011. Los expertos aventuraron que el que lo sustrajo quizá actuó por encargo, que el códice era único y demasiado valioso como para ser vendido sin que los de la Brigada Policial de Patrimonio le echaran el guante de inmediato al malhechor.

¿Era acaso el autor del hurto un caprichoso amante del arte capaz de idear un limpio plan para llevarse el códice, pero no el Tumbo A, otra obra bibliográfica valiosísima que reposaba junto al códice? Y ya puestos, ¿por qué obras tan imponentes no estaban mejor custodiadas?

Tras un año de investigación, la policía ha resuelto el caso. El exempleado de la catedral José Manuel Fernández Castiñeiras, su esposa, su hijo y la pareja de este están detenidos desde la noche del martes. Entre sus pertenencias había 1,2 millones de euros, el códice, el Libro de las Horas, también robado de la catedral, y otros libros religiosos cuya desaparición se desconocía.

La custodia de tales bienes, como se ve, era mucho más negligente de lo esperado y quedan algunos cabos sueltos. ¿Cómo logró esta familia tanto dinero? ¿Hay un marchante detrás dispuesto a poner en el circuito del arte sus obras robadas? ¿Ha sido la codicia lo que ha movido a Fernández Castiñeiras? La policía cree que el móvil pudo ser la simple venganza contra el deán de la catedral y archivero José María Díaz, aquel que decía que su peor pesadilla sería que le pasase algo al Códice Calixtino.

El rompecabezas encaja un poco más. Las enigmáticas declaraciones del deán, como aquella en que señaló al ladrón como alguien que sabía lo que hacía, preocuparon a la policía, que vigilaba al sospechoso, ese vengador que ha visto cómo el deán fue tratado de urgencia al saber del robo y cómo presentó su renuncia como archivero al arzobispo varias veces. Este se la aceptó en octubre pasado.

El códice se ha recuperado, pero la venganza surtió su maléfico efecto.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.