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Reportaje:

No todos fueron Lorca

Granada espera atenta la decisión del juez Garzón sobre la exhumación de los compañeros de fosa del poeta español.- Según cálculos de la ARMH, sin embargo, hasta 13.000 personas desaparecieron por la represión nacional tras el alzamiento del 36

"¿Aparte de Lorca? Creo que Salvador Vila". El nombre del que fuera rector de la Universidad de Granada en julio de 1936 es el primero que se le viene a la cabeza al alcalde de la localidad granadina de Víznar, Luis Antonio Pérez (IU), preguntado por aquellos que la represión nacional eligió en los días que siguieron al alzamiento militar para dar su primera lección a los "subversivos". La memoria en Víznar, sin embargo, no se quita de la cabeza a su desaparecido universal, el poeta Federico García Lorca, fusilado en la madrugada del 17 al 18 de agosto de 1936. Más aún si la exhumación de sus restos, que hoy parece más cerca, espera la decisión de un juez al que muchos gustaría ver por Víznar. Los familiares de dos de los compañeros de fusilamiento de Lorca (Dióscoro Galindo y Francisco Galadí) solicitaron a Baltasar Garzón el 12 de septiembre la exhumación de sus restos.

"¿Tú crees que va a aprobarlo Garzón?", pregunta el alcalde al presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Granada (ARMH), Francisco González, ambos reunidos junto a varios vecinos en una cantina del municipio andaluz. La pregunta se la lleva el viento hacia donde también se pierde la memoria, el barranco de Víznar, fosa para cientos de represaliados por la Falange y lugar de paso hasta Fuente Grande, ya en el término municipal de Alfacar y donde se cree que está enterrado el poeta.

El rector apresado en Salamanca

Junto a los restos de Lorca, los de otras 3.000 personas, según los cálculos de la ARMH, andan perdidos entre la tierra y los olivos de un paisaje que no aparenta guardar tanta historia. Como la de Salvador Vila, rector del campus granadino en 1936 fusilado por los sublevados, también de madrugada, el 23 de octubre de ese año. Una placa en el barranco de Víznar, donde decenas de familiares de desaparecidos intentan ubicar sus restos, recuerda al que fuera discípulo de Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca. La muerte de Vila es de esas que los afanados por mantener la memoria viva relacionan con la obsesión aleccionadora de los golpistas al inicio de la Guerra Civil. En los días del alzamiento (17-18 julio de 1936), este arabista profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de Granada estaba de vacaciones en Salamanca. Allí fue arrestado y conducido hasta Granada para su muerte en Víznar junto a otras 28 personas.

Ya en 1926, Vila es detenido y confinado en la Isla de Chafarinas por repartir panfletos contra la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Sin ambargo y según relata Mercedes del Amo en el libro Salvador Vila. El rector fusilado en Víznar, su muerte está más relacionada con el vuelco en la relación entre Unamuno y el bando nacional. El escritor, rector entonces de la Universidad de Salamanca, es destituido por orden del general Franco el 22 de octubre tras su famoso discurso "venceréis pero no convenceréis". Un días después, su discípulo y hasta ese momento protegido es fusilado.

Granada recuerda especialmente al "rector", pero en las listas que la ARMH ha entregado al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, Vila es sólo uno más de los 6.376 represaliados (1936-1959) en la provincia andaluza que esperan ser reconocidos de forma oficial como víctimas de la Guerra Civil. Lorca vuelve a la memoria con otro de los fusilados en el mes de agosto, su cuñado Manuel Fernández Montesinos, alcalde (PSOE) de la ciudad desde el 1 de julio de 1936. Casado con Concha, hermana del poeta, Fernández Montesinos, fue arrestado el 20 de julio en el salón del Ayuntamiento. El alcalde, no obstante, corrió mejor 'suerte' que la mayoría de los muertos por el bando nacional y fue enterrado en un nicho en el cementerio de Granada. Allí, en el camposanto de la provincia, la ARMH calcula que otras 3.000 personas fueron fusiladas y enterradas. Sin embargo, ni el barranco de Víznar, alzado por la memoria de Lorca, ni el cementerio de Granada superan los en torno a 5.000 muertos que esconde el barranco del Carrizal, en tierra de Órgiva, capital de La Alpujarra, a unos 40 kilómetros de Granada.

Ejecutados por la causa 33

Al igual que el alcalde Fernández Montesinos fue incluido en la lista negra de los golpistas, así lo fueron los seis protagonistas de la causa 33, acta judicial por la que fueron condenados a muerte Virgilio Castilla (presidente de la Diputación), Juan José Santa Cruz (ingeniero jefe de Obras Públicas y diputado del PSOE en la Segunda República), Antonio Rus Romero (secretario del Comité del Frente Popular), José Alcántara García (sindicalista) y Enrique Martín Forero (abogado). Su delito: "rebelión militar". El sexto imputado por el entonces Código de Justicia Militar, el que fuera Gobernador civil, César Torres Martínez, evitó el paredón y cumplió ocho años de prisión.

Según dice el procedimiento judicial que ha logrado reunir el presidente de la ARMH, Francisco González, los arrestados fueron sorprendidos con armas el 27 de julio, tras la declaración del Estado de Guerra, en el interior del edificio del Gobierno civil. Ante la presencia de los golpistas, según el relato de los acontecimientos incluido en el acta, los detenidos dispararon a los guardias presentes, pero "casualmente no hicieron daño alguno", por lo que fueron apresados. El procedimiento judicial resuelve ejecutar a cinco de los seis detenidos el 1 de agosto de 1936 porque -dice la sentencia- "venían preparando un amplio movimiento subversivo". César Torres, el único que no sufrió un "juicio sumarísimo", cuenta González, fue el único que salvó la vida.

Lorca, pero también Vila, Montesinos, Castilla, Santa Cruz, Rus, Alcántara, Forero. Ocho nombres -entre 6.376- de la lista de desaparecidos en poder hoy de Garzón que esperan ser investigados si el juez admite a trámite las denuncia de las asociaciones de la Memoria Histórica. La ARMH recuerda sin embargo que fueron, según sus trabajos, cerca de 13.000 los desaparecidos por la represión de los sublevados. Casi la mitad, sin identidad, ubicación ni lista en la que aparecer.