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Un plan español de atracción de talento internacional deja a la deriva laboral a 700 científicos

Los investigadores de excelencia vinieron en 2022 con una partida de ayudas María Zambrano que se agota en 2024 y no hay planes para consolidarlos

Desde la izquierda, los científicos con contratos María Zambrano en la Universidad Autónoma de Madrid, Ramón Gallego (biología), Elías López (física teórica), Miguel Ángel Fernández (ecología), Rogerio Portantiolo (geología),  Miguel Errazu (lengua) y William Douglas Carvalho (ecología)
Desde la izquierda, los científicos con contratos María Zambrano en la Universidad Autónoma de Madrid, Ramón Gallego (biología), Elías López (física teórica), Miguel Ángel Fernández (ecología), Rogerio Portantiolo (geología), Miguel Errazu (lengua) y William Douglas Carvalho (ecología).Santi Burgos
Elisa Silió

Unos 700 investigadores se instalaron hace dos años en España bajo el paraguas del programa de ayudas para la atracción de talento internacional María Zambrano, lanzado en enero de 2021 por el extinto Ministerio de Universidades y sufragado con fondos europeos. El sueldo en bruto era bueno (4.000 euros al mes) y se ofrecía una pequeña ayuda para acomodarse (3.500 euros). La oferta estaba enfocada en jóvenes extranjeros y españoles con muy brillantes trayectorias y en nacionales talentosos de más edad que estuvieran trabajando fuera y quisieran regresar. Aunque en el anuncio no había un compromiso por escrito de estabilización tras el final del contrato (de uno, dos o tres años), a juzgar por las intenciones expresadas por el ministro Manuel Castells en público ―expatriado casi toda su vida y sensible a su problemática―, ellos no esperaban que el Estado trajese a españoles de vuelta para luego expulsarles otra vez. Su historia, sin embargo, se torció desde el principio y su porvenir laboral está en el aire.

Estos investigadores se sienten ahora “ninguneados”. Tienen la sensación de haber pinchado en hueso con las universidades ―”lo que han hecho es vampirizar los fondos europeos, se han gastado cero euros en nosotros”, resumen―, así que han decidido hacer pública su situación con la complicidad de Sumar en la Comisión de Ciencia. Aspiran también a reunirse con el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que no ha hecho declaraciones a este diario. Tampoco se ha pronunciado la conferencia de rectores (CRUE). Este lunes la ministra Diana Morant se reúne con los rectores en el seno del Consejo de Universidades para hablar de financiación.

“En la convocatoria María Zambrano ―llamada recualificación del sistema universitario― se pedía específicamente un impacto en las nuevas líneas de investigación del grupo receptor. Esto hacía pensar que, tanto las universidades como el país, se verían reforzados e intentarían retener a las personas atraídas. Desconozco el motivo, pero, desde luego, no ha sido así”, se sorprende el biomédico Sergio Pedraza, de 32 años, que volvió a la Universidad de Córdoba tras un posgrado de dos años y medio en el reputadísimo King’s College London.

La mayoría de las universidades, con unos presupuestos muy diezmados, optaron por descontar a los zambranos todas las cuotas patronales (el importe mensual que paga la parte contratante para desempleo, Fogasa o formación) ―una práctica que ha llegado al Tribunal Supremo tras fallar en contra de ellas los tribunales superiores de Madrid, País Vasco o Galicia― en vez de asumir ese coste, lo que redujo su sueldo (tras restar los impuestos) a 2.200 euros. Su futuro, a juzgar por los 33 relatos biográficos recopilados por EL PAÍS ―unos 200 se han organizado, de los que los hombres han sido los más dispuestos a dar la cara―, es menos halagüeño de lo esperado. No les dejan presentarse a programas para convertirse en fijos, al considerarlos externos a esa universidad, y denuncian que no están pudiendo liderar proyectos de investigación ―vitales para poder tener suficientes méritos para lograr un contrato temporal sustancioso como los Ramón y Cajal o Marie Skłodowska-Curie―, porque para estar al frente de uno tienen que tener un salario que cubra todo el periodo, y los campus no suelen querer comprometerse a extender su estancia.

En el horizonte del ministerio ―y así se refleja en las noticias de enero de 2021― , se vislumbraban los puestos que dejan los jubilados en masa, que permiten a las universidades estabilizar a muchos profesores, entre los que podrían encontrarse estos 700 científicos. Ese vacío en los escalafones altos es indiscutible ―entre 2019 y 2029 se van a jubilar 20.000 profesores― y la tasa de reposición se sitúa en el 120% (las universidades pueden meter en plantilla hasta a 12 profesores por cada 10 jubilados), pero, sin embargo, el porcentaje de precarios no baja.

Entre los investigadores afectados, está el asturiano Julio Villa-García, de 41 años, que decidió volver a su alma mater, la Universidad de Oviedo, donde se licenció en Filología inglesa, tras deshacer muchas maletas. Se diplomó en Kent (Reino Unido), hizo un máster en lingüística en Essex, se doctoró en la Universidad de Connecticut, fue profesor en una universidad de Filadelfia.... hasta que en 2020 ascendió a profesor titular de la Universidad de Manchester. Está acreditado para esta figura en España y se ha sentido “bien tratado” en sus tres años como zambrano en Oviedo: en su caso el campus sí que asumió las cuotas patronales y le han ido subiendo el sueldo con la inflación desbocada, mientras otros compañeros no han tenido esa suerte.

Pero la universidad, cuenta Villa-García, no va a sacar una plaza de titular a la que pueda presentarse y, para quedarse, la única opción que tiene es la de profesor ayudante doctor. Sería “bajar dos niveles” y cobraría 1.500 euros durante seis años, tras los cuales sería fijo tras aprobar otra oposición ―con méritos ya de sobra― al borde de los 50 años. Aún mantiene su excedencia en Manchester. El filólogo lamenta tener que pagar “ese peaje” después de “hacer una carrera de cierta distinción en el extranjero” que revierte en la universidad de cuna. Estos puestos de ayudante doctor, por debajo de su cualificación, son la salida que ofrecen algunas universidades. Si las comunidades gobernadas por el PP ceden, pronto se convocarán 3.400 plazas más por toda España.

En diciembre de 2021, el Ministerio de Universidades mejoró en apariencia las condiciones de los que aceptaron la oferta, al poder acceder al certificado de calidad investigadora R3 (antes I3). “En el programa María Zambrano, los investigadores que hayan sido beneficiarios de una de estas ayudas podrán tener una vía para su consolidación en el sistema universitario público”, anunció el departamento. El ministerio calculó que serían unos 700, la cifra final no se conoce porque las convocatorias se dejaron en manos de cada universidad y tampoco cuántos son extranjeros, pero un número alto son latinoamericanos, aunque en su mayoría se trata de españoles. Las universidades, que tienen que estabilizar a profesores que llevan años en situación precaria en sus aulas, no cuentan en general con los zambrano.

Según el BOE, las ayudas María Zambrano son un programa de excelencia nacional, de modo que sus beneficiarios pueden obtener el certificado R3, reservado para investigadores consolidados, si cumplen otros requisitos de publicaciones y estancias internacionales. Pero para ellos no hay reserva de plazas de estabilización, como ocurre en los procesos de incorporación de personal con los cajales, que ganaron un concurso supercompetitivo posdoctoral estatal. “Nos lo vendieron como que el Ministerio de Ciencia tenía los cajales y el de Universidades, a nosotros”, explica Miguel Ángel Fernández, que trabaja en astrobiólogo en la Autónoma de Madrid, tras renunciar a su contrato en la McGill University de Canadá.

En las bases de la convocatoria de la Autónoma de Madrid ―un caso inusual― se afirma que estos científicos “podrían concurrir a los futuros procedimientos de consolidación del personal docente e Investigador de la UAM”. Ahora no está claro. Desde comunicación explican que su comisión de estrategia va a “valorar la incorporación en algunos supuestos” de su plan de estabilización a zambranos. Entre los que aguardan noticias está el ecólogo brasileño William Douglas Carvalho, que ha logrado 150.000 euros de la National Geographic Society para investigar, o el oceanógrafo Rogerio Portantiolo, que ha venido desde Barranquilla (Colombia).

La Politécnica de Cataluña, que no ha contestado a este diario, señaló también en sus bases que era “voluntad” de la universidad que participasen en procesos para ser fijos los zambranos contratados en “departamentos deficitarios”. Los campus no suelen pronunciarse en las bases, pero sí lo hizo la Universidad de Valencia para dejar claro que no había “compromiso” de estabilización.

La Universidad de Sevilla (US), por su parte, aseguró que “podría” tenerse en cuenta su evaluación como mérito en su plan de captación de talento. Según el gabinete de comunicación de la US, su idea es que se queden un 20% de ellos mediante distintos programas (Ramón y Cajal, un plan propio de la universidad, uno autonómico...) que terminan desembocando en la estabilización. Pero a esta no se llega directamente con la Zambrano. Cecilia Huertas, bióloga molecular de 42 años formada en el Barts Cancer Institute de la Queen Mary University de Londres y en la Universidad de Cambridge, ya se ha quedado en paro y aspira a ganar alguna de estas convocatorias de Sevilla. Trabaja en tumores.

Haber cumplido 40 años o haber terminado la tesis hace más de una década impide optar a convocatorias. Es la barrera de Miguel Errazu, de 46 años. Aunque gracias a su excelencia, no se va al paro. “He ganado una beca postdoctoral Marie Skłodowska-Curie [un concurso europeo hipercompetitivo] para el periodo 2025-2026, y salgo de nuevo del país el próximo enero con destino a la Universidad de Goldsmiths (Londres). Aunque mi intención, desde luego, fue siempre quedarme en Madrid”, se lamenta Errazu. Para emplearse en la Autónoma tuvo que renunciar al Sistema Nacional de Investigadores mexicano, país en el que trabajaba desde 2015 en estudios sobre cine.

“Cuando se habla de atracción de talento, nos olvidamos de la retención de talento”, reflexiona José Antonio Carrasco, de 49 años, biólogo molecular y mánager en un laboratorio británico hasta que logró la María Zambrano en la US. Ha encontrado trabajo en una empresa española. En su opinión, “los conceptos de estancias en el extranjero se están modificando para solo considerarlas siempre que la persona que las haga mantenga el vínculo con la universidad”.

Muchos latinos optaron por venirse a España con una María Zambrano. Es el caso del ingeniero eléctrico peruano Renzo Fabián, de 40 años. Vendió sus cosas y desmontó su casa en Brasil para emplearse en la Politécnica de Cataluña. Se sintió bien acogido, pero renunció en abril de 2023 al contrato para aceptar un puesto permanente en Luxemburgo. “Incurrí en muchos gastos para mudarme a Barcelona y las cosas se fueron poniendo insostenibles económicamente. Era una convocatoria internacional y, si se promociona la ayuda como 4.000 euros, no hay quien se imagine que le van a quitar 1.000 euros de la cuota patronal”. Ahora Fabián está estabilizado con su familia en Países Bajos.

Algunos científicos tratan de agarrarse a que su departamento gane un concurso para permanecer allí. En eso confía la química Marta Martínez, de 36 años. Le concedieron la María Zambrano cuando estaba terminando su posgrado en París con la reconocidísima posdoctoral Marie Skłodowska-Curie. Su única puerta pasa porque Castilla y León les conceda a la Universidad de Burgos ―donde se graduó, doctoró y trabaja ahora― un proyecto de tres años y, paradojas del destino, no puede constar como investigadora principal porque si no no pueden contratarla con esos fondos. El biólogo Mario Aguilar, de 40 años, también aguarda, en su caso, una partida de la Asociación Española contra el Cáncer para continuar investigando en la Universidad Miguel Hernández de Elche la base genética que explica cómo las interacciones sociales, terapias de grupo o el estado emocional ayudan a un paciente de cáncer. Por edad se le cierrran otras opciones, pero en su momento confió en la jubilación de muchos profesionales.

Mientras que Miguel Rivas, de 34 años y doctor en Bellas Artes, está a pocas semanas de terminar su contrato en la Universidad del País Vasco y no ve ninguna salida. “Estos contratos de atracción de talento se consideran estancias y en opinión de la universidad le libra de cualquier responsabilidad de consolidación, puesto que nos ha transformado simbólicamente en figuras de paso”, relata. “En agosto regresaré a Alemania, reintegrándome en el Claustro de Excelencia EXC2020 Temporal Communities (FU BERLIN), siendo un caso más de talento atraído y expelido, resultado de un programa que supone un ejemplo paradigmático de la pésima gestión de los fondos europeos. Una fantástica oportunidad perdida y desperdiciada por las universidades del Estado”.

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Elisa Silió
Es redactora especializada en educación desde 2013, y en los últimos tiempos se ha centrado en temas universitarios. Antes dedicó su tiempo a la información cultural en Babelia, con foco especial en la literatura infantil.
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