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La odisea de las jornadas de puertas abiertas en la búsqueda de colegio: “Hemos visitado nueve centros en un mes”

Miles de familias buscan escuela para sus hijos en estas fechas. La cercanía a casa o al trabajo de los padres, si son públicas o privadas y el nivel socioeconómico condicionan la elección

Marta Ruiz y Bruno Teixeira junto a su hijo Lucas, a quien le están buscando colegio para el curso que viene, el jueves 21 de marzo, en Madrid.
Marta Ruiz y Bruno Teixeira junto a su hijo Lucas, a quien le están buscando colegio para el curso que viene, el jueves 21 de marzo, en Madrid.INMA FLORES
Pau Alemany

La manera de afrontar la elección del colegio al que llevar a los hijos abarca una horquilla muy amplia. En un extremo se sitúan las familias que, por falta de tiempo, por escasez de alternativas o porque creen que es el factor principal, deciden no darle muchas vueltas y apostar por el más cercano. En el otro, se encuentran aquellas que convierten el proceso en una odisea en la que saltan de centro en centro para estudiar las decenas de variables y valorar así cuál es el idóneo. El resto, que son la mayoría, se encuentra en medio.

Bruno Teixeira y Marta Ruiz, de 35 y 34 años respectivamente, se acercan más al segundo grupo. Esta pareja, que vive en un barrio al norte de Madrid, se ha dedicado el mes de marzo a visitar cada uno de los nueve centros públicos más cercanos a su vivienda, con el objetivo de encontrar el que más se adecúe a la educación deseada para su hijo Lucas. Un periplo que les ha obligado a hacer equilibrios con sus jornadas laborales y a invertir horas y horas para analizar cada detalle.

Su dedicación y su metódica organización permiten radiografiar cómo es este proceso en el que cada año se embarcan miles de familias en España por estas fechas. Aunque la educación no es obligatoria hasta los seis años, lo más habitual es inscribir a los hijos a partir de los tres.

La cercanía y la titularidad pública del colegio son los criterios principales para la pareja, que ha visitado nueve centros en el mes de marzo. Imagen del jueves 21 de marzo, en Madrid.
La cercanía y la titularidad pública del colegio son los criterios principales para la pareja, que ha visitado nueve centros en el mes de marzo. Imagen del jueves 21 de marzo, en Madrid.INMA FLORES

La lista de factores a tener en cuenta de la pareja recogía más de 30 variables de todo tipo, desde el horario de entrada o la laicidad del centro hasta el comedor con cocina propia o la estabilidad del claustro. Pero para el primer filtro de colegios se centraron especialmente en dos: la cercanía y la titularidad. El primero, que les permite conciliar su vida laboral, es uno de los puntos más relevantes para la mayoría de familias. El segundo se debe a una razón económica e ideológica.

Ambos tenían claro que querían valorar la oferta pública antes que la privada. “Yo he estudiado en un público y considero que la educación en España es de calidad, así que prefiero invertir ese dinero, por ejemplo, en extraescolares o en campamentos de verano”, argumenta Ruiz, a lo que Teixeira añade que es una manera de transmitirle a su hijo “cómo se debe utilizar el dinero” y que “aunque puedas, si no lo necesitas, no hace falta”.

La escuela pública predomina en todo el recorrido educativo, ya que dos de cada tres menores acuden a ella, según el documento Datos y cifras del curso escolar 2023/2024 del Ministerio de Educación. Esta proporción apenas varía desde el segundo ciclo de infantil hasta el bachillerato o la formación profesional, aunque sí que hay diferencias entre comunidades autónomas. País Vasco y Madrid encabezan la lista de mayor porcentaje de centros concertados o privados, con casi un 50% de su total, mientras que Castilla-La Mancha y Extremadura se sitúan en el lado opuesto, con menos del 20%.

Conseguir rellenar las aulas de infantil se complica en un país donde cada año nacen menos bebés. En 2023 se registró la cifra más baja de nacimientos, con 322.075, según el Instituto Nacional de Estadística. Los colegios públicos se han visto arrastrados hacia las prácticas del marketing educativo que, hasta hace unas décadas, eran un campo exclusivo de las escuelas privadas y concertadas, que necesitaban diferenciarse para justificar las cuotas.

Para Mònica Nadal, directora de investigación de la Fundació Jaume Bofill —una entidad que elabora estudios de política educativa desde la perspectiva de la equidad—, es la Administración la que debería “ajustar las plazas a la demanda”. “Las escuelas tienen que trabajar para tener un buen proyecto, no para hacer marketing”, comenta. El alumnado del segundo ciclo de infantil este curso es de 1.110.256, mientras que hace una década la cifra era de 1.438.812, lo que supone una reducción del 33%, según el documento del Ministerio de Educación.

Una vez aplicado el primer filtro, a Ruiz y a Teixeira les quedaba una lista todavía demasiado larga con una quincena de centros. Dedicaron una tarde a buscar la ubicación de cada uno hasta descartar unos pocos más y quedarse con los últimos nueve. Eran los elegidos para ir a las visitas.

Las jornadas de puertas abiertas son decisivas para determinar la elección final. O más bien, para “descartar aquellas opciones que menos gustan”, según el especialista en equidad educativa en Save the Children, Alfonso Echazarra. Algunos centros con buena fama consiguen reunir a decenas de padres que preguntan e inspeccionan minuciosamente cada detalle. Otros, en cambio, muestran una estampa más solitaria, ya que apenas se presentan un par de parejas.

Tras la segunda criba, la prioridad para los padres de Lucas era la enseñanza, que el centro contase con un proyecto educativo acorde a sus ideas. “Si no pasa nada extraño, es el lugar en el que estará desde los 3 hasta los 12, así que tiene que ser el criterio principal”, argumenta Teixeira.

El abanico de criterios para valorar la enseñanza es amplio. Aunque hay dos cuestiones que sobresalen por las posiciones opuestas entre unas familias y otras: el inglés y el uso de la tecnología.

Tras el auge de las escuelas bilingües en las últimas dos décadas, con alrededor de un millón y medio de alumnos escolarizados en programas de este tipo, según la Asociación de Enseñanza Bilingüe, el debate sobre su conveniencia divide a los expertos. Ruiz y Teixeira coinciden en la importancia del idioma, pero difieren en el camino para aprenderlo: mientras que ella prefiere un colegio donde la apuesta por la lengua extranjera sea más potente, él aboga por aprenderla preferentemente fuera de las aulas.

El otro criterio, el de las pantallas, ha recorrido un camino similar al del inglés. El incremento de las últimas décadas de ordenadores y tabletas en el aula ha desencadenado el dilema de hasta qué punto hay que introducirlos y utilizarlos. “Ni tanto ni tan poco”, resume la pareja, que apuesta por un modelo intermedio donde la prioridad sea la escritura, pero que también tenga en cuenta el factor tecnológico.

Segregación

La segregación escolar, que se produce sobre todo en las ciudades, donde hay una oferta mayor, es otro de los aspectos que, aunque se reconozca con la boca chica, también pesa en el momento de la elección. Save the Children la describe como “la sobrerrepresentación o concentración de alumnado con discapacidad, gitano, migrante o de bajo nivel socioeconómico”.

Echazarra considera que “existen pocas escuelas perdidas, pero las hay”. “Cuando se sobrepasa un porcentaje de alumnado de alguno de estos grupos, es muy difícil quitarse el estigma”, explica. Nadal añade que la responsabilidad de que esto ocurra “es de la Administración”, que tendría que encargarse de repartir “el alumnado vulnerable de manera más equilibrada”. “No podemos acusar a las familias de ser racistas o excluyentes”, advierte.

Tanto Ruiz como Teixeira tienen claro que quieren apuntar a su hijo a un colegio en el que haya diversidad, pero reconocen que hay algunos que prefieren evitar por el estigma creado. “Ni un extremo ni otro. Quiero que vaya al cole y se mezcle con gente de todo tipo”, resume Ruiz.

Terminado el maratón de jornadas de puertas abiertas que les ha mantenido ocupados durante varios días, a la pareja todavía le queda el esprint final. “Ahora tenemos que estudiar cuántos puntos conseguimos en cada centro según su baremo y escoger el orden”, afirma Teixeira. Así que todo el trabajo hecho hasta ahora se puede desmoronar si no consiguen los puntos necesarios. Tras revisar las anotaciones, ambos concuerdan en cuál será su primera opción, pero todavía tendrán que esperar unos meses hasta conocer el destino definitivo.

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