Ley CelaáOpinión
i

Educación en tiempo de pandemia: ¿reforma o mejora?

No tengo dudas de que nuestro sistema educativo requiere cambios profundos ni, tampoco, de que la actual ‘ley Wert’ ha de ser enviada al “rincón de pensar”

Juan M. Escudero
El colegio público López Ferreiro de Santiago de Compostela, el primer día de clase.
El colegio público López Ferreiro de Santiago de Compostela, el primer día de clase.OSCAR CORRAL / EL PAÍS

Reforma y mejora de la educación, dos grandes palabras cuyos significados y prácticas nos resbalan, como el agua, entre las manos. Deberían en teoría ir convenientemente unidas, pero en realidad muchas reformas no conllevan mejoras significativas, y muchos cambios para mejor resultan para peor. Estas apreciaciones podrían venir, en tiempos de pandemia, para la próxima Lomloe (Ley Orgánica de Modificación de la LOE). La covid-19 nos ha pillado por sorpresa y se nos ha presentado repleta de amenazas, desafíos e incertidumbres. Ha puesto en jaque la vida humana y la sanidad, la economía y el mundo del trabajo, la sociedad, la cultura, la misma política y, desde luego, la educación. Supone retos sin precedentes y exige simultáneamente respuestas con urgencia. Tendremos que reconstruir modos de pensar en uso y prioridades, desplegar e implementar estrategias y actuaciones con determinación, humildad, solidaridad, reflexión y flexibilidad. La activación de sinergias sumando diversas perspectivas, compromisos y actores va a ser crucial: no será posible proteger bienes comunes y esenciales en juego, concretamente educación, yendo cada cual a su aire.

No tengo dudas de que nuestro sistema educativo requiere cambios profundos ni, tampoco, de que la actual Lomce (ley Wert) ha de ser enviada al “rincón de pensar”. Creo que la Lomloe será mucho más pertinente (valores, principios, objetivos, decisiones estructurales y otras) que aquella, pero no sé si es del todo oportuna. Al observar otros ámbitos clave también impactados por la pandemia como el empleo, los ERTE han representado mejoras concretas, aplazando una reforma laboral también pendiente. Dos apuntes pues. Primero, una advertencia: la pandemia está zarandeando severamente nuestra vivienda (educación). Quizás, en lugar de remover ahora el terreno para construir otra casa, es urgente apuntalar mejor la que tenemos, protegiendo de la intemperie a sus habitantes. Advertidos estamos de que el ir y venir entre reformas puede distraer de mejoras necesarias, de ayer, hoy y mañana. Y de ahora mismo.

Ahora sí que –el virus silente nos lo está diciendo― o vamos juntos o todos iremos a pique.

Segundo, algunas mejoras ya mismo. Una, activar con conciencia renovada, determinación y eficacia un combate en firme en contra de la desigualdad e inequidades educativas, que son intolerables. Manos a la obra, entre todos, sin hacernos trampas en solitario: no bastará eliminar itinerarios prematuros ni recuperar diversificación curricular, pues el reto, el de antes y actual, es mucho más profundo. Dos, contamos con saberes y experiencias muy valiosas en materia de una educación de calidad justa y equitativa. Ojalá la Lomloe lo enmarque bien, pero no bastará con legislarlo. Empecemos, ya mismo, por crear condiciones favorables y cercanas a la cotidianidad educativa y sus protagonistas, movilizando relaciones, canales, propósitos y prácticas que fertilicen a todos los centros y aulas, a todo el sistema educativo. Tres, déjense tantas retóricas a favor del profesorado y, en su lugar, surja reconocimiento, respeto, apoyo, derechos y deberes, entornos laborales ricos, estimulantes, éticos. Y no más atribución simplista de los males que nos aquejan a los y las docentes: constituyen una malla de corresponsabilidades con otros muchos actores (inspectores, administradores, políticos, ciudadanía, etcétera). Cuatro, reconstruir a fondo el gobierno de toda la educación: roles profesionales e institucionales, corresponsabilidades, coordinación, integración (reconocimiento explícito de lo escolar, municipal, ONG…), cogobierno, enfoque sistémico.

Ahora sí que –el virus silente nos lo está diciendo― o vamos juntos o todos iremos a pique. Cinco, si no sabemos qué pasa, cómo y por qué, será muy difícil decidir con fundamento: datos, informaciones, evidencias idóneas, así en sanidad como en educación.

Ojalá la Lomloe llegue bien. Esas mejoras (urgidas más todavía por la pandemia) y otras a debatir y decidir podrían además para irle preparando el camino.

Juan M. Escudero es catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Murcia.

Siga EL PAÍS EDUCACIÓN en Twitter o Facebook

Apúntese a la Newsletter de Educación de EL PAÍS

Lo más visto en...

Top 50