La nueva economía de Barcelona se afianza al margen de las viejas élites

El Círculo de Economía escoge su nueva presidencia y Sánchez Llibre repetirá en Foment

Acto convocado por Foment del Treball y Pimec en 2021 por la recuperación económica.
Acto convocado por Foment del Treball y Pimec en 2021 por la recuperación económica.Carles Ribas

En las primerías de los años cincuenta el historiador Jaume Vicens Vives se hizo cargo de la mentoría de los inquietos jóvenes burgueses (entre quienes había Carlos Ferrer Salat, Joan Más Cantí, Carlos Güell) que acabaron fundando el Círculo de Economía. En la segunda mitad de los ochenta, en un ejercicio parecido, el entonces presidente de Fomento del Trabajo, Alfredo Molinas, seleccionó a un pequeño grupo de bisoños de la camarilla empresarial (destacaron Juan Rosell, Joaquim Gay de Montellà, Joaquín Trigo) en lo que marcaría la dirección de la patronal catalana hasta hace cuatro años. Desde entonces apenas ha habido en Barcelona interés por la búsqueda de savia nueva en ambas entidades.

Tan poca más que hoy lunes un experimentado político de más de setenta años, Josep Sánchez Llibre, se asegurará por falta de oposición cuatro años más en la presidencia de Foment y mañana martes dos personas de más de 60, Rosa Cañadas y Jaume Guardiola, se disputarán en una jornada histórica —nunca antes hubo elecciones— la del Círculo de Economía, las dos entidades con más impronta de la Barcelona económica y empresarial.

El rejuvenecimiento de esas entidades se produce al ralentí, pese a la evolución de la economía barcelonesa, transformada desde la industria de antaño a otra más anclada a las rentas inmobiliarias, el turismo y las startups nacidas en los viveros de las nuevas tecnologías. La prueba más palpable no es que los jóvenes sean pocos y en una segunda línea, sino que en el Círculo haya menos de medio centenar de socios (de cerca de 1.300) con menos de 40 años.

El “somos 400 personas que nos encontramos en todas partes” que afirmaba hace 20 años Fèlix Millet en El oasi català ha quedado desfasado, como reconoce uno de sus autores, Andreu Farràs. “Los apellidos se han multiplicado. Siguen en lo alto de la pirámide de la riqueza muchas viejas familias, pero al contrario ya no quieren influir en la sociedad. Lo dejan para los nuevos ricos, los ambiciosos, los jóvenes emprendedores” dice Farràs. Opina que esas nuevas hornadas, ante la dificultad de acceder a los clubes de siempre, han apostado por otros que han florecido en las últimas décadas. Femcat o, sobre todo, Barcelona Global, niegan que persigan el mismo objetivo o que estén compitiendo, pero lo cierto es que les han dado una dentellada a su protagonismo en los despachos de la Administración y los medios de comunicación.

“Estar en las entidades no es lo que más les motiva, les interesa más conseguir ser unicornios [jóvenes empresas valoradas en más de 1.000 millones de dólares], pero en el futuro necesitarán instrumentos de este tipo”, dice de esos jóvenes Joaquim Coello, quien fue el primer presidente de Barcelona Global. Lo cierto es que las fronteras cada vez son más finas, como demuestra el esfuerzo que ha hecho el Foment de Sánchez Llibre para modernizar su estructura y crear un think tank que, con el exdirector general del Círculo de Economía Jordi Alberich al frente, se parece mucho a los planteamientos a largo plazo del Cercle y poco a los trazos habituales de una patronal.

Tomàs Casas, economista, profesor de la Universidad de St. Gallen y coautor de uno de los principales estudios cuantitativos sobre las élites (Elite Quality Report), asume que la existencia de excesivas entidades puede tener repercusiones y no solo positivas. “En Cataluña quizás hay una excesiva fragmentación en el sistema de elites, y ciertamente poca cohesión. Por otra parte y teóricamente, el hecho de que haya diferentes focos de coordinación puede ser positivo, siempre que la competencia entre elites sea vigorosa e institucionalizada.”

Los clubes se distinguen justamente de los antiguos por ser más ejecutivos. No les interesa tanto la reflexión a largo plazo, sino los resultados tangibles a corto y medio plazo. Hace unos meses el Círculo ponía el acento en torno a la paz social y el riesgo que afrontan las democracias liberales mientras que Barcelona Global trabajaba para que la Copa del América recalara en Barcelona en 2024. Es solo un ejemplo.

Ambas entidades comparten algunos apellidos, tanto de solera como desconocidos hasta hace poco tiempo. Maite Barrera, que accedió recientemente a la presidencia de Barcelona Global y estará en la junta del Círculo si se impone Guardiola, es uno de ellos. Pero el cambio sustancial es que en Barcelona Global aparecen nombres como Oscar Pierre, fundador de la plataforma de reparto Glovo; Enric Asunción, arquitecto del fabricante de cargadores eléctricos para coches Wallbox; o el jugador del Barcelona Gerard Piqué. Todos ellos son representantes de una nueva economía que comparten foro con otros empresarios centrados justamente en buscar financiación para ayudar en el camino a futuros unicornios. “Tenemos que tener la Barcelona que queremos ahora y no la de hace 100 años. Y, en ese sentido, Barcelona Global es más enfocada y concreta que el Círculo”, señala uno de los miembros de la nueva junta de Barcelona Global.

El surgimiento de nuevas entidades no es ajeno al cambio de los tiempos de una economía que cada vez mira menos de reojo a Oriente y en el que, a nivel interno, los grandes grupos de servicios controlan el Ibex, pero también han perdido comba frente a la nueva economía. Y quizás la pérdida de vigor del empresariado catalán: en las últimas décadas ha aparecido un nuevo campeón nacional, el grupo de hemoderivados Grifols.

Sin duda, el mapa ha cambiado. Las elecciones en la Cámara de Comercio de Barcelona, en las que se impuso una candidatura independentista ajena hasta ese momento a las instituciones del poder barcelonés, fueron y, cuando falta un año para la próxima convocatoria, todavía no se perciben movimientos para recuperarla.

En Fomento es un ex político quien asumió un cargo que siempre había ocupado un empresario. Alberich, unas de las personas que mejor conoce las relaciones en la élite catalana, explica ese nuevo estado, en parte, por lo siguiente: “Las nuevas élites piensan mucho globalmente y con sus iguales en todas partes del mundo, pero han perdido interés por lo que sucede en su propio país. Y su fin último es la acumulación de riqueza, no tanto un medio para conseguir otras cosas tal y como fue en el pasado, lo que les permitía pensar más en el interés general”.

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Sobre la firma

Dani Cordero

Dani Cordero es redactor de economía en EL PAÍS, responsable del área de industria y automoción. Licenciado en Periodismo por la Universitat Ramon Llull, ha trabajado para distintos medios de comunicación como Expansión, El Mundo y Ara, entre otros, siempre desde Barcelona.

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