El Banco Mundial baja a 2,3% su perspectiva de crecimiento para Latinoamérica y el Caribe

La invasión rusa a Ucrania y la incertidumbre geopolítica y comercial que genera impactarán negativamente sobre las economías emergentes en la región, de acuerdo con el último informe del organismo

Un vendedor de frutas observa su mercadería en Michoacan, México, el 22 de marzo de 2022.
Un vendedor de frutas observa su mercadería en Michoacan, México, el 22 de marzo de 2022.Andrea Murcia (Cuartoscuro)

El Banco Mundial espera que el Producto Interno Bruto de América Latina sea 0,4% menor de lo anticipado, alcanzando un crecimiento de 2,3% este año y 2,2% en 2023, de acuerdo a su reporte semianual de la región presentado este jueves. “Estas modestas proyecciones colocan al crecimiento regional entre los más bajos del mundo en un momento en que la región enfrenta grandes incertidumbres, como la posible aparición de nuevas variantes del coronavirus, un aumento de la presión inflacionaria y la guerra en Europa, que amenaza la recuperación mundial”, dijo el Banco Mundial en un comunicado de prensa.

“La invasión rusa de Ucrania a fines de febrero de 2022 supone un freno para la recuperación regional”, dice el reporte titulado Consolidando la recuperación: aprovechando las oportunidades del crecimiento verde. “Los precios del trigo y la energía se dispararon de inmediato. Mientras tanto, una nueva serie de interrupciones en las cadenas de suministro, tanto a causa de la guerra como del nuevo confinamiento por covid-19 en China, generan presiones estanflacionarias que dificultarán la labor de las autoridades monetarias”.

Los especialistas hacen un filoso énfasis en aprovechar la transición global hacia energías limpias y lejos de los combustibles fósiles como una oportunidad para que la región aproveche sus recursos y haga crecer sus economías. “América Latina tiene una gran ventaja comparativa verde que tiene que explotar”, dice por videoconferencia desde Washington Bill Maloney, economista jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial. “La matriz de generación eléctrica es de las más verdes del mundo, el 50% de la energía eléctrica proviene de renovables, tiene el 58% de las reservas de litio, 48% de las de cobre y el 50% de la biodiversidad del mundo”, explica.

El informe enumera estas ventajas comparativas, a las que considera un reto hacia el futuro: “La región debe transformar la extracción de estos recursos en clústeres de conocimiento con mayor valor agregado que puedan generar la capacidad doméstica de mantener al sector extractivo en la frontera tecnológica y de sostenibilidad”.

Según datos del BM, los países de América Latina y el Caribe perdieron el equivalente a 1,7% producto interno bruto anual a causa de los desastres relacionados con el clima, mientras que unas 5,8 millones de personas están en riesgo de caer en la extrema pobreza en la región para el año 2030. “Hay además problemas estructurales”, advierte Bill Maloney. “No hemos recuperado el empleo formal previo a la covid-19, y los 1,5 años de educación perdida implicaría 10% de pérdida de ingresos futuros en los alumnos afectados. Esto es un problema para la movilidad social”, dice Maloney.

El encargado de la región enciende además alarmas ante la inflación, “una mala noticia”. “Estamos entre 6% y 7% de inflación, sustancialmente por encima de los rangos de los objetivos de varios países. Esto pone a los hacedores de política en un dilema entre crecimiento e inflación. Si bien a principios del año pasado la inflación estuvo relacionada con la demanda pospandemia, ahora estamos hablando de factores por el lado de la oferta. Eso es un problema más difícil de abordar”, explica.

La multilateral, cuya sede está ubicada en Washington, recomienda políticas a los Gobiernos para fijar precios que promuevan la adopción de tecnologías bajas en emisiones de carbono, como son los autos eléctricos. Esto se pudiera implementar, recomiendan los especialistas autores del reporte, a través de subsidios a los combustibles fósiles e impuestos sobre el carbono.

El Banco Mundial recomienda también un sistema de “agricultura climáticamente inteligente”, que pudiera ayudar a los países a adaptarse a los cambios en los patrones de lluvia, así como la adopción de compromisos a adoptar políticas, planes a largo plazo, inversiones y mecanismos de reducción del riesgo para reducir la incertidumbre.

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