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Las mujeres perciben dos de cada tres de los salarios más bajos

La brecha salarial de género se redujo en seis décimas en 2016, hasta el 22,3%

Trabajadoras de una planta de tratamiendo de basuras
Trabajadoras de una planta de tratamiendo de basuras

La brecha salarial de género redujo ligeramente en 2016, seis décimas. Las mujeres, con un sueldo bruto anual de 20.131,41 euros, cobraron un 22,3% menos que los hombres. Se mantuvo la tendencia tras el máximo alcanzado en 2013. Sin embargo, esta mejora es insuficiente para que sean ellas las que más sufren los salarios más bajos, unos 13.000 euros anuales o menos. Según el INE, un 16,8% de empleados percibe estos sueldos y la mayoría de ellos son mujeres, en concreto, dos de cada tres de quienes integran este colectivo.

España destaca en las estadísticas internacionales por la pobreza laboral. Es el país de la Unión Europea con una tasa más alta. Esto está directamente ligado a los bajos salarios y estos tienen, principalmente, rostro de mujer. La encuesta de estructura salarial divulgada este martes por el INE muestra esto con claridad.

En ella se observa que los salarios más bajos, dos tercios del salario mediano (19.432,62 euros brutos al año), afectan a dos de cada tres mujeres. Teniendo en cuenta que esta estadística mide la evolución de los salarios de quienes están inscritos en el régimen general de la Seguridad Social, esto supone que fueron algo más de 1,5 millones de trabajadoras quienes tuvieron este tipo de remuneraciones en 2016, año de referencia de esta encuesta.

Las mujeres perciben dos de cada tres de los salarios más bajos

Entre las cifras del INE, hay otras que indican que son las mujeres sobre quienes más se concentran los sueldos más bajos. Por ejemplo, cuando se divide el colectivo asalariado según el número de veces que se percibe el salario mínimo interprofesional (el SMI de hace dos años fue de 9.172,8 euros anuales). El 17,8% de mujeres asalariadas cobró durante el año menos del una vez el SMI frente al 7,8% de los hombres que trabajó por cuenta ajena. Lo mismo sucede entre quienes perciben al año de una a dos veces el SMI: un 37,7% frente al 29%. La relación se invierte los escalones.

Todos estos números acaban por traducirse en una brecha salarial de género que se redujo algo en 2016: la remuneración media de las mujeres fue un 22,3% más baja que la de los hombres (25.924,43 euros). Ese porcentaje fue seis décimas menor que en 2015 y mantuvo la tendencia iniciada en 2014. Justo un año antes, la brecha había tocado su techo durante esta crisis (24%).

A pesar de que ya van tres años a la baja, la diferencia en las remuneraciones de ambos géneros todavía se sitúa por encima de la que había antes de la crisis, según esta estadística, que en 2008 la cifraba en un 21,9%. Este incremento durante la crisis se debe, probablemente, a que la destrucción de empleo en esos años se cebó especialmente en puestos de trabajo masculinos temporales ligados a la construcción. Este tipo de empleos suelen tener peores remuneraciones y cuando desaparecen de la estadística se produce el llamado efecto composición, es decir, los sueldos altos pesan más y tiran al alza de la media.

Parciales y temporales

Pero más allá de este efecto composición ligado a la crisis, lo que más pesa en la brecha salarial son las inercias propias del mercado laboral español. Son las mujeres quienes más tienen un empleo a tiempo parcial y este tipo de trabajo está peor remunerado, como evidencia la estadística del INE. La hora de este tipo de contratos se remunera a una media de 10,67 euros, mientras que las de ocupaciones a jornada completa es de 15,55 euros. Algo parecido sucede cuando se habla de temporales e indefinidos, los primeros ganan 16.567,8 euros al año y los segundos 24.516,4 euros. En ambos casos (eventuales y fijos), además, los hombres siempre ganan más que las mujeres.

Otro de los elementos que influye en la brecha salarial son las profesiones más o menos feminizadas. Y esto también se ve en las cifras de la encuesta de estructura salarial. En las que tienen sueldos más altos (suministro energético o finanzas), la brecha es más amplia y la presencia de mujeres es más reducida (esto se nota incluso en las advertencias metodológicas). Por ejemplo, en la rama correspondiente al suministro energético la que tiene un salario medio más alto (50.992), el dato correspondiente a mujeres (44.147,19 euros) tiene un asterisco que señala que el tamaño de la muestra es pequeño y su fiabilidad disminuye.

 

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