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TRIBUNA

Encrucijada con muchas variables

El ciclo económico global puede haber tocado techo, pero todavía mantiene expectativas de fortaleza

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En el ámbito macroeconómico el crecimiento sigue siendo positivo y con expectativas favorables. El informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) destaca que el crecimiento mundial de 2017 fue del 3,8%, el más elevado desde 2011, y que se mantendrá en el 3,9%, tanto en 2018 como en 2019, apoyado por condiciones financieras propicias. Sin embargo, hay una divergencia entre EE UU y la eurozona. En EE UU el crecimiento se ha visto impulsado por el efecto de la política fiscal del presidente Donald Trump, mientras que en la eurozona se han registrado datos de crecimiento más débiles en el primer trimestre, que algunos piensan es una situación coyuntural y el FMI ha revisado al alza.

La política de los bancos centrales no es la principal preocupación del mercado, que ya tiene asumido que la Reserva Federal estadounidense va a mantener, después de la primera subida de marzo, tres revisiones al alza adicionales de los tipos de interés para 2018 e incluso dos más para 2019. Tampoco ha afectado la paulatina retirada de liquidez por parte del Banco Central Europeo (BCE), que seguirá manteniendo sus compras mensuales de 30.000 millones de euros por lo menos hasta septiembre de 2018, y no parece que vaya a subir los tipos de interés hasta 2019. Estos eran datos que el mercado esperaba antes de la corrección.

Los resultados de las compañías, sobre todo en EE UU, están por encima de lo esperado, a lo que no cabe duda de que ha contribuido la reforma fiscal, pero también una situación positiva del crecimiento de la demanda. Con un incremento de los beneficios empresariales tan potente, el mercado bursátil puede seguir soportando la subida. En cuanto al sector tecnológico, aparte de las correcciones puntuales de dos de las grandes empresas tecnológicas, como Facebook o Amazon, se espera un entorno de mayor regulación, lo que debería afectar a sus valoraciones y subir la volatilidad.

Sin embargo, esta bonanza en lo económico está condicionada por un clima político que genera inestabilidad: deuda pública elevada, populismo, vuelta al proteccionismo, tensiones políticas... y la preocupación de los inversores parece centrarse en el análisis de la nueva situación geopolítica generada por el incremento de la tensión en el triángulo de relaciones entre Rusia, EE UU y China. La tensión entre Washington y Pekín se ha intensificado con la amenaza de subida de aranceles anunciada por Trump del 25% sobre las importaciones estadounidenses, lo que afectaría a 150.000 millones de dólares, que supone el total de las exportaciones chinas a EE UU, por lo que en esta guerra comercial China tiene las de perder. Por eso, la mayoría de los analistas piensan que responde a una estrategia negociadora por parte de Trump —que trata de frenar los abusos de China sobre la propiedad intelectual de empresas estadounidenses— y no va a derivar en una guerra comercial que afectaría a ambas economías (y, por lo tanto, al mundo en general) ya que la desaceleración de ambas potencias tendría un impacto global. De hecho, el tono de las últimas declaraciones ha sido más suave.

Las sanciones a Rusia y la subida de aranceles impuestos por EE UU sobre determinados productos, como el aluminio y el paladio, han dañado el valor de dos de las grandes firmas rusas, Rusal y ­Norilsk Nickel, además de disparar el precio de estas materias primas. La inestabilidad en Oriente Próximo, por el impacto del conflicto en Siria, ha tenido varias consecuencias, entre ellas la subida del precio del petróleo, que por encima de 70 dólares el barril está en máximos de los últimos dos años y puede afectar más a los países importadores.

Por la experiencia, el ciclo global puede haber tocado techo, pero todavía mantiene expectativas de fortaleza en 2018 y 2019. Sin embargo, hay factores relevantes que también pueden ocasionar un shock en el mercado. Por eso, en la reciente reunión de primavera del Banco Mundial y el FMI, con presencia de los principales líderes financieros, el debate fue cuándo se producirá la corrección, de qué tipo y con qué intensidad. Puesto que siempre se dice que la Bolsa es un indicador adelantado de lo que va a ocurrir, la pregunta que se pueden hacer los inversores es con qué anticipación.

Petra Mateos es catedrática de Economía Financiera.