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La inquietud sobrevuela Sant Sadurní, el pueblo del cava

Vecinos y antiguos trabajadores de Codorníu y Freixenet, preocupados por el traslado de las sedes de ambos gigantes

Instalaciones de cava Codorníu de Sant Sadurní.
Instalaciones de cava Codorníu de Sant Sadurní. EL PAÍS

Le llaman la "capital del cava" y el bautizo no es un capricho. Sant Sadurní d'Anoia (Alt Penedès, Barcelona) rezuma cava. Cuenta con más de 80 bodegas que se dedican a elaborar el famoso espumoso y es el feudo de dos de los colosos del sector: Freixenet y Codorníu. O al menos lo era porque el anuncio de las dos compañías de trasladar su sede social fuera de Cataluña ha despertado cierta inquietud en el municipio.

Sant Sadurní es un pueblo con poco más de 12.000 habitantes, pero se ha labrado fama internacional como cuna del cava a costa de sacar los codos frente a la vecina Vilafranca del Penedès. Ambas alardean de poseer los mejores viñedos de la zona.

Freixenet cuenta con una plantilla de más de 1.400 trabajadores, una buena parte de ellos trabajan en la hermosa bodega de Sant Sadurní. Josep Lluís Bonet, presidente de la compañía ha insistido en que la independencia produciría una "verdadera catástrofe". "Freixenet nos toca a todos en el pueblo. Todos tenemos alguien trabajando ahí", cuentan Jordi y Paquita, propietarios de Gust de poble, una coqueta licorería cerca de la estación. Josep Maria Ribas, alcalde de ERC, es trabajador de Freixenet, y ha declinado valorar qué incidencia tendrá la marcha de las empresas.

La culpa, "de la frivolidad" independentista

"En Cataluña, actualmente, no hay seguridad o estabilidad y es lógico que las empresas se pongan a resguardo", dijo ayer José Luis Bonet, presidente de Freixenet y de las Cámaras de Comercio, en un acto en Madrid. Con "desgarro", él mismo propondrá la semana que viene a su consejo de administración el traslado de domicilio social. "Si se produce la independencia, que no creo, seremos una multinacional española que opera en Cataluña", dijo de Freixenet.

"Pese a los planteamientos frívolos de los líderes independentistas de que las empresas no se irían, lo cierto es que se van en tromba", dijo Bonet, y advirtió: "Y las que se van no vuelven, o costará mucho tiempo". Denunció que Cataluña está "partida social y empresarialmente" entre partidarios y detractores de la independencia.

Según datos de la Oficina de Turismo, las bodegas del Penedès suman algo más de 400.000 visitas al año. Bodegas Torres es quien más público atrae, unos 125.000 visitantes anuales, seguida de cerca por Freixenet y Codorníu.

El grupo Codorníu Raventós, que ha trasladado su sede a La Rioja, tiene unos 800 trabajadores y ha avisado de que la crisis política "afecta a todos los empleados, clientes proveedores y colaboradores de Codorniu que trabajan repartidos por toda la geografía española". Isidre Martí trabajó 40 años en Codorníu. Sentado en un banco de la céntrica plaza del pueblo cree que la marcha "es un paripé" y añade que "el cava se va a seguir haciendo aquí, parece mentira que no os deis cuenta". Josep Carreras, compañero de tertulia, matiza: "pero los impuestos los pagarán allí". Andrés Puerto, jubilado y extrabajador de Codorníu, reconoce que "jamás pensé que podrían irse de Sant Sadurní".

En qué lugar tributarán las dos empresas a partir de ahora también inquieta a otros tres hombres que charlan frente al Ayuntamiento. Dos de ellos se llaman Jaume y el tercero, Marcelí. "No sabemos lo que va a pasar pero que se vayan seguro que no es buena noticia", coinciden. Sin embargo, uno de ellos apostilla: "Muchos impuestos no creo que paguen porque las dos empresas están en una situación delicada". El tercero desliza: "Que vayan con cuidado porque muchas de sus ventas las hacen en Cataluña y a ver si les va a pasar como a estos de al lado, que están perdiendo clientes", dice mientras señala con la barbilla a una sucursal de Banco Sabadell.

Josep Maria Albet i Noya es el presidente de la DO Penedès. Es una de las voces críticas con la producción intensiva de cava a precios ajustados, una práctica comercial que se ha querido asociar a las grandes marcas. Albet cree que el traslado de sede social es "maquillaje" y que no tendrá ninguna incidencia en el sector. Recuerda que Freixenet y Codorníu "venden mucho en el mercado español" y "tratan de quedar bien en estos momentos de incertidumbre". Y se muestra convencido de que la relevancia es mínima porque "los viñedos están aquí y toda su estructura también".