La pasta preferida por los chilenos

La firma de alimentos Carozzi entra en la comida mexicana y la confitería

Camión con alimentos de Carozzi.
Camión con alimentos de Carozzi.

En 1874, Augusto Carozzi Passani se dejó conquistar por “la novia del océano. La reina de todas las costas del mundo”, como llamaba Pablo Neruda a Valparaíso, la tercera ciudad más poblada de Chile. Fue en este puerto donde este italiano, procedente de una familia con una larga tradición en la industria, decidió fundar una de las primeras fábricas de pasta del país sudamericano. Carozzi quizás nunca imaginó que aquella pequeña empresa, llamada en ese entonces “La joven Italia”, se convertiría en un gigante de la industria de los alimentos en América Latina con ventas anuales de 1.100 millones de dólares (975 millones de euros).

En sus 118 años de historia, la compañía, que ahora lleva el apellido de su fundador, se ha expandido a lo largo de Chile y a otros 45 países alrededor del mundo. La firma ha saltado de las pastas y salsas de tomate al mercado de la confitería y la comida para animales domésticos. “Sus productos llegan al 100% de los hogares chilenos”, asegura Victoria Montecino, analista de Kantar Worldpanel.

Carozzi fue una de las empresas que popularizó la pasta en Chile, según explican los expertos en consumo. Actualmente, la compañía (participada en un 25% por Tiger Brands, la empresa alimenticia más grande de Sudáfrica) controla casi el 50% del mercado chileno de este alimento y se ubica como uno de los grandes comercializadores en la región, de acuerdo con los datos de la empresa recogidos en su memoria anual de 2014. Pero el negocio no está fundamentado solo en este producto. Las galletas, los chocolates y los caramelos se han convertido también en piezas esenciales para el crecimiento del grupo, pues han contribuido con más del 42% de los ingresos de la firma en Chile.

Las ventas anuales de la empresa superan los 1.100 millones de dólares

En este último segmento, Carozzi enfrenta un gran reto. En junio de este año entró en vigor una legislación que obliga a los fabricantes de alimentos sólidos y líquidos a etiquetar con advertencias sus productos, alertando de los altos niveles de calorías, grasas saturadas, sodios y azúcares, en caso de que sobrepasen los límites fijados por el Gobierno. Además, se ha prohibido la venta en las escuelas de ciertos alimentos y se han limitado los anuncios dedicados a los menores de edad. En Chile el sobrepeso alcanza casi al 65% de la población adulta y la obesidad ataca a tres de cada 10 niños menores de siete años.

La industria de los alimentos y bebidas ha expresado su preocupación sobre el impacto que podría traer esta medida en las ventas de sus productos. Sebastián García Tagle, gerente general de Carozzi, estima que la firma se verá afectada principalmente en el tema de las exportaciones.

El directivo indica, a través de un correo electrónico, que la empresa perderá el 30% de sus ventas en el exterior, pues para la compañía no es rentable producir un mismo alimento con dos paquetes diferentes: uno para el mercado chileno y otro para el extranjero. En septiembre de 2015, García Tagle aseguró al diario El Mercurio que 250 productos (principalmente confites) dejarían de exportarse. Las pérdidas podrían rondar los 15 millones de dólares, según la publicación.

Adicionalmente, Carozzi ha reformulado la composición de algunos productos, principalmente los relacionados con su marca más saludable (Vivo), con el fin de evitar las etiquetas, dicen los analistas de Euromonitor. El golpe de la nueva legislación ha levantado ampollas en la direción de la empresa. “La Ley de Etiquetado de Alimentos solo ha generado costes, deteriorando la productividad, afectando al comercio exterior y demonizando los alimentos”, escribe Gonzalo Bofill, el presidente de la firma, en la memoria del grupo de 2015. El directivo considera, además, que la nueva normativa no es la adecuada para el público y arremete: “El consumidor, que debió ser el gran beneficiado, recibe una ley que no le educa y que no le permite elegir correctamente”.

Grandes inversiones

El disgusto que ha causado la nueva legislación no es casual. La firma ha realizado importantes inversiones en este segmento. La más reciente se dio en 2015, al comprar el negocio de galletas, chocolates y caramelos de la Compañía de Cervecerías Unidas (CCU, líder en bebidas y ligado a la holandesa Heineken), por el que desembolsó casi 21 millones de dólares. La operación ha permitido a la firma sudamericana fortalecer su cuota de mercado en este nicho en Chile, en donde acapara una el 37% del mercado, por delante del gigante suizo Nestlé y la argentina Arcor, según Euromonitor.

Además, en su apetito por seguir ganando consumidores la compañía adquirió a finales del año pasado la firma Pancho Villa. La transacción por hacerse con el negocio del fabricante de productos mexicanos, como tortillas, nachos y salsas picantes, ascendió a más de 11 millones de dólares.

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