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CONSOLIDACIÓN FISCAL

Francia exige al BCE que actúe para intentar frenar la cotización del euro

El Elíseo propone una reunión especial de los líderes comunitarios sobre la divisa Los expertos afirman que el plan de Valls frenará el crecimiento Los sindicatos llaman a la huelga el 15 de mayo

Montebourg y Rebsamen, responsable de Empleo, tras la reunión del gabinete que ha aprobado los nuevos recortes.
Montebourg y Rebsamen, responsable de Empleo, tras la reunión del gabinete que ha aprobado los nuevos recortes.PATRICK KOVARIK (AFP)

Escindido entre su vieja alma social y su flamante calculadora neoliberal, y obligado a poner en marcha el arduo servicio posventa de los anunciados recortes de 50.000 millones de euros en dos años y medio, el Gobierno socialista francés dio el jueves nuevas muestras de su afición al doble lenguaje. El primer ministro, Manuel Valls, aseguró que los recortes de la protección social y la congelación de los sueldos de los funcionarios y las pensiones “no son un plan de austeridad”, pese a que los expertos del Observatorio Francés de Coyunturas Económicas (OFCE), un comité de sabios adscrito al prestigioso Sciences Po, advirtieron de que el plan exigido por Bruselas y Berlín no permitirá crear empleo y reducirá el crecimiento previsto para los próximos dos años.

Los sindicatos recibieron con furia los anuncios de Valls, especialmente tras saber que la congelación de los salarios públicos no durará solo un año, como dijo el primer ministro, sino que se extenderá hasta 2017. Fuerza Obrera, que convocó una huelga para el 15 de mayo, consideró “inaceptable” la medida y recordó que los empleados públicos llevan ocho años perdiendo poder adquisitivo.

El ministro de Economía, Arnaud Montebourg exigió a la Comisión Europea y al BCE “contrapartidas” y “un cambio de rumbo” para ayudar a Francia

Todas las centrales criticaron además los recortes de las prestaciones sociales, que restarán 11.000 millones a la Seguridad Social y 10.000 millones a los gastos en Sanidad. Incluso el sindicato más afín a los socialistas, la CFDT, desde un tono más moderado, dijo que las medidas anunciadas por Valls son “inaceptables”.

Las críticas tuvieron un efecto inmediato: el colorista ministro de Economía, Arnaud Montebourg, salió a escena en tromba y exigió a la Comisión Europea y al Banco Central Europeo “contrapartidas” y “un cambio de rumbo” para ayudar a Francia a cumplir con el objetivo del 3% de déficit en 2015.

Montebourg afirmó en una entrevista al diario económico Les Echos que “el Gobierno ha asumido sus responsabilidades en materia de déficit público”, y añadió: “A cambio, es hora de que la Comisión Europea organice, estimule y relance por fin el crecimiento europeo”.

El ministro reclama que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y el BCE pongan en marcha el plan de inversiones del 2% del PIB europeo solicitado por los sindicatos europeos, y subraya que “hace falta ayudar a las infanterías nacionales con el apoyo aéreo del Banco Central Europeo”. Montebourg pide además una reunión urgente de los socios europeos para tomar medidas destinadas a “bajar el precio del euro y cambiar el dogma”. Según el ministro, “la política monetaria y de cambio es potestad del Consejo Europeo, y es preciso dar un nuevo mandato político al BCE inspirado en el modelo de la Reserva Federal [el banco central estadounidense]”.

“¡El BCE ha luchado tanto contra la inflación que estamos en la deflación!”, ironizó Montebourg, que dejó claro que Francia espera que en la próxima reunión del BCE, a principios de mayo, “Mario Draghi pase de las palabras a la acción y haga bajar el precio del euro”. “La política no convencional es la solución a los problemas”, concluyó Montebourg. “Eso es lo que hacen Obama y Cameron. Su política presupuestaria es dura, pero su política monetaria es suave”.

La economía francesa.
La economía francesa.

¿Habla el ministro en nombre propio, se trata de una proclama electoralista o refleja el parecer de su Gobierno? Estas son las eternas dudas con ‘El Desglobalizador’, recién ascendido por François Hollande y Manuel Valls a la principal cartera de Bercy, sede central de los ministerios económicos.

Como representante del ala izquierdista y mayoritaria del Partido Socialista, Montebourg es el hombre llamado a tender puentes entre el Gobierno y los sindicatos y el PS, que desde esta semana tiene un nuevo primer secretario, Jean-Marc Cambadélis, un europeísta enfrentado frontalmente a las tesis neoliberales de Berlín y Bruselas.

Montebourg afirma que el Fondo Monetario Internacional y las patronales de Francia e Italia han pedido al BCE que actúe, y recuerda que “la Unión Europea no será juzgada por las cifras fetiches fijadas en los tratados sino por la bajada del paro”. Según el ministro de Economía, que también lo es de Industria y Tecnología Digital, “el balance de la Comisión en materia de crecimiento es absolutamente negativo, y es ese fracaso el que ha hecho avanzar al Frente Nacional”.

Con las europeas del 25 de mayo cada vez más cerca, y la cierta amenaza de que la calle explote, los socialistas franceses necesitan algo más que recortes y palabrería para recuperarse del desencanto y la desafección que mostraron sus electores en las pasadas elecciones municipales.

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El diagnóstico emitido por los sabios del Observatorio Francés de Coyunturas Económicas (OFCE) es palmario: la economía europea ha mejorado, la confianza está volviendo a Francia, el relativo relajamiento de la austeridad en el bienio 2012-2013 permitirá a la economía gala prolongar esa tendencia positiva, pero las medidas de ahorro suplementarias anunciadas por Valls dejarán el crecimiento del PIB en el 1% este año y en el 1,5% en 2015, aunque —eso sí— el déficit bajará al 3,7% en 2014 y al 3,1% en 2015.

Según el organismo adscrito del Instituto de Estudios Políticos, los recortes de 50.000 millones restarán nueve décimas al crecimiento del PIB este año y siete décimas el próximo. Esas previsiones no permiten hablar de recuperación y no garantizan, concluye el OFCE, una mejoría del empleo, la distribución de rentas, el consumo y la inversión. Todo ello, dicen los sabios, porque “el recorte del gasto ejerce un multiplicador negativo más pronunciado que las subidas de impuestos cuando la economía está en el ciclo bajo”.

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