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Los militantes kirchneristas comienzan el control de precios

Los supermercados incumplen con el abastecimiento de productos clave

La diputada oficialista Maria Jose Lubertino controla precios congelados en Buenos Aires.
La diputada oficialista Maria Jose Lubertino controla precios congelados en Buenos Aires.

Los militantes kirchneristas han comenzado este mes a practicar el control de precios con el que buscan combatir la inflación, que asciende al 21% anual, según las agencias provinciales de estadística. Acompañados por inspectores municipales o solos, jóvenes y dirigentes políticos han salido a recorrer los grandes supermercados con los que el Gobierno de la peronista Cristina Fernández de Kirchner acordó que mantuvieran congelados los precios de 500 productos desde febrero hasta octubre, mes de las elecciones que renovarán la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Los militantes, con la lista de 500 artículos en la mano, recorren los pasillos de las tiendas como Carrefour o Wal-Mart para cerciorarse que no haya desabastecimiento y que se cumplan con los precios pactados.

Desde febrero hasta mayo rigió una congelación de precios de todos los 10.000 productos que ofrecen los grandes supermercados en toda Argentina, con lo que la inflación se redujo respecto del 23% en enero. Sin embargo, las empresas convencieron al Gobierno de que les resultaba imposible seguir con los mismos precios más allá de esos cuatro meses y entonces convinieron que desde el pasado día 1 solo 500 mantuvieran su valor. Para controlar que se respeten esos precios, pero sobre todo para asegurarse que los supermercados ofrezcan esos productos, Fernández anunció un plan llamado Mirar para Cuidar, que consiste en que inspectores municipales acompañados por hasta cuatro militantes políticos o sociales visiten supermercados y, en caso de detectar irregularidades, las denuncien al secretario de Comercio Interior de Argentina, Guillermo Moreno, que desde 2006 impulsa el control de precios y la subestimación de las estadísticas nacionales de inflación.

En Buenos Aires, donde gobierna un alcalde conservador, Mauricio Macri, no son los inspectores municipales los que salen a la calle sino los militantes kirchneristas por su cuenta. El pasado sábado, la diputada local María José Lubertino y un asesor suyo visitaron un Carrefour para mirar para cuidar. Una semana antes habían recorrido un local de la minorista argentina Coto y otro de la chilena Jumbo. “En Jumbo, el responsable del local me dijo que faltaban 53 de los 500 productos”, cuenta Lubertino, que se encuentra con el mandamás de aquel Carrefour.

-¿Los 500 productos están señalizados? -le pregunta.

-Sí. Acá ya vinieron esta semana cinco pibitos con los chalequitos que dicen Mirar para Cuidar. Ellos vienen, anotan, hacen encuestas con clientes.

-Pero los carteles son muy chicos. Si venís caminando, no te das cuenta -recrimina la diputada, y recuerda que Jumbo los destaca más -. ¿Cuántos faltantes hay? –cambia de tema mientras recorren juntos el hipermercado.

-Tenemos 60 faltantes. Ayer eran 80 –responde el encargado del local de capitales franceses.

-¿Y por qué hay faltantes?

-Puede ser porque hay más demanda de esos productos con precios congelados. Por ejemplo, de aceite, azúcar, vinagre.

En el estante de aceites con precios congelados un cartel aclara que cada cliente puede comprar solo dos botellas. Una marca ya está agotada y la otra va por la misma senda.

-¿Por qué limitan las compras?

-Porque el abastecimiento no da para tanto. Las aceiteras hacen una distribución cuantificada. Con dos aceites para una familia es suficiente, pero acá vienen tipos que quieren 12 para después revenderlos.

-¿Los 500 productos se venden más que los otros?

-Se venden si están a buen precio porque hay productos más baratos –muestra el encargado cómo la marca de un queso cuesta menos que otra cuyo valor fue pactado con el Gobierno.

-La idea del acuerdo de precios es ser indicativo para que el producto de al lado también tenga que mantenerse sin cambios – confía Lubertino en la competencia-. Hoy en día el otro queso es más barato, pero puede subir de precio hasta octubre. El congelado no.

Después controlan el precio de la carne vacuna, pasión y orgullo de los argentinos. Desde hace dos años, el Gobierno acordó con industrias y supermercados el Asado para Todos a 1,76 euros por kilo.

-No te queda casi nada de Asado para Todos. Y además tiene mucha grasa –se queja la diputada-. Hoy es el día en que la gente se hace su asado…

-Pero está el asado del nuevo acuerdo de precios –se refiere el encargado al que cuesta 5,58 euros el kilo.

-Veamos el vino, que la gente compra para acompañar el asado –le propone Lubertino.

Su asesor detecta que faltan dos marcas baratas cuyas botellas cuestan 1,39 euros.

-Pero si tomas eso, corrés riesgo de un accidente cerebrovascular –bromea la diputada.

-¿Ustedes son los que controlan los precios? –interrumpe una cliente cuarentona con su carro.

-Sí –le responde Lubertino.

-Porque no hay algodón común, solo hay premium. Y los precios de muchas cosas aumentaron –alude la señora al final de la congelación en la mayoría de los artículos- El precio del champú está por las nubes. La realidad no es el verso que nos intenta vender el Gobierno.

-Estamos justamente controlando los precios –le responde la dirigente kirchnerista.

-Espero que hagan algo. Estoy muy enojada.

-No me entregan algodón que no sea premium –el encargado le echa la culpa a los fabricantes.

De allí se marchan a ver la Ropa para Todos, un nuevo plan del Gobierno para abaratar la indumentaria mediante un acuerdo con industrias y supermercados. El vaquero que antes costaba 18,18 euros ahora vale 12,75, por ejemplo.

“El Mirar para Cuidar tiene la pretensión de dar cierto grado de estabilidad y referencia para toda la cadena productiva y los comercios más chicos”, explica la diputada kircherista. “También busca cierto grado de movilización social, que la propia ciudadanía genere aprendizajes de educación al consumidor. Si el abastecimiento no se normaliza en una semana, empezarán las multas de la Secretaría de Comercio. Nosotros tenemos que insistir”, justifica su accionar.

Un economista del Gobierno local de Macri, Federico Sturzenegger, ha criticado el control militante de los precios al recordar que también las juventudes hitlerianas lo hacían. La comparación provocó polémica y colegas kirchneristas respondieron que John Kenneth Galbraith había dirigido en la Segunda Guerra Mundial una oficina de control de precios en EE UU. Lubertino, abogada, le contestó también: “Sturzenegger era secretario de Política Económica en la catástrofe argentina de 2001. Es de los que nos condujeron a esa crisis. Yo quiero estar en todo lo contrario”. Así de polarizada parece la política argentina.