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El BID sugiere una reforma fiscal para garantizar el desarrollo en América Latina

En una nueva publicación, la institución aboga por garantizar un sistema impositivo progresivo y combatir el fraude fiscal

Portada del nuevo libro del BID.
Portada del nuevo libro del BID.

La recaudación fiscal en América Latina se ha incrementado considerablemente en los últimos 20 años pero la presencia de determinadas carencias estructurales, como un sistema impositivo regresivo o una evasión fiscal alarmante, es percibida por el Banco Interamericano de Desarrollo, como obstáculos para el crecimiento sostenible y equitativo en la región. El libro, Recaudar no basta. Los impuestos como instrumento de desarrollo, que este miércoles ha presentado el BID, sostiene que la tributación en América Latina es “un oportunidad desperdiciada” y aboga por considerar los impuestos como un instrumento de desarrollo más que como una simple fuente de ingresos.

“Los impuestos son algo más que un mero mecanismo de recaudación, deben contemplarse como un instrumento para atender a los grandes desafíos que afronta América Latina, el de la desigualdad, el de la productividad y el de la protección a las generaciones futuras”, explica en conversación telefónica Ana Corbacho, asesora económica del BID en el área de Instituciones para el Desarrollo. Corbacho indica que en América Latina se ha propiciado un desarrollo del IVA, pero no se ha hecho el mismo esfuerzo en el caso del impuesto sobre la renta de las personas físicas o en el de la propiedad, “desarrollando un sistema impositivo que no favorece la distribución de la recaudación”.

Como soluciones, el BID propone la mejora de la progresividad y la simplificación de los impuestos, en especial el de las personas físicas y el de sociedades, y un fortalecimiento de las administraciones tributarias, que permita un mayor control sobre el fraude fiscal.

Los impuestos son algo más que un mero mecanismo de recaudación, deben contemplarse como un instrumento para atender a los grandes desafíos que afronta América Latina, el de la desigualdad, el de la productividad y el de la protección a las generaciones futuras"

Ana Corbacho

“Debemos rediseñar el sistema impositivo si queremos promover la presencia de empresas más grandes, que sean más productivas, potencien el empleo y sirvan de motor al crecimiento económico”, sostiene Corbacho. La analista indica que el actual sistema impositivo de la región fomenta la existencia de empresas pequeñas y medianas. “En México, por ejemplo el 90% de las empresas tienen menos de cinco empleados”, explica. Corbacho denuncia que este tipo de empresas suelen desarrollarse al amparo de una economía informal, que es menos productiva que la legal. “Este tipo de empresas reciben muchas exenciones y beneficios, fomentando su mantenimiento y limitando su deseo de expansión”, añade.

El impuesto sobre la renta de las personas físicas también se contempla desde el BID como uno de los pilares del sistema tributario en América Latina, pero la publicación, no obstante, alerta sobre el escaso desarrollo de su potencial recaudador. En la región sólo el 10% de la población está registrada como contribuyente, frente al 59% que lo está en los países desarrollados, “y con las exenciones y beneficios fiscales, al final sólo paga el 4%”, indica Corbacho. Esta circunstancia determina que se recaude menos de lo que se debería y que la capacidad redistributiva sea mínima. “En la región sólo los más ricos están sujetos al impuesto sobre la renta y, al final, lo que se tributa es una cantidad mínima. Incrementar la capacidad recaudatoria y hacer el impuesto más progresivo supone ampliar la base impositiva e incorporar a la clase media”, sostiene Corbacho.

Otra de las grandes lacras para la eficacia de un sistema impositivo sostenible y que genere desarrollo es el alto índice de fraude fiscal. Según el Latinobarómetro, sólo uno de cada dos latinoamericanos cree que evadir impuestos es algo reprobable. La evasión fiscal es la causa de la pérdida de la mitad de lo que se podría recaudar del impuesto sobre la renta y del de sociedades y más de la cuarta parte de los ingresos generados por el IVA, de acuerdo con el BID. Si a esta tolerancia, se suma que en América Latina sólo el 2,8% de ese 10% de contribuyentes registrado se somete a auditorías y que el fraude fiscal no es uno de los delitos más perseguidos y que castiga con dureza, la magnitud de las consecuencias de la evasión se multiplica.

El BID propone la mejora de la progresividad y la simplificación de los impuestos y un fortalecimiento de las administraciones tributarias, que permita un mayor control sobre el fraude fiscal

Desde el BID no se defiende un modelo impositivo específico, aunque sí se destacan ejemplos concretos que se demuestran que han funcionado en determinados países, como el sistema dual en el impuesto sobre la renta aplicado por Uruguay -grava con tasas progresivas las rentas del trabajo y con una tasa plana la procedentes del capital-; el modelo impositivo aplicado por Chile al sector minero -que incorpora instrumentos más flexibles para favorecer la inversión privada-; o la recaudación subnacional implantada en Brasil y Argentina -cuya base de ingresos local ha paliado la falta de recursos generalizada para atender a las nuevas competencias a nivel local derivadas de la descentralización administrativa en los países de la zona-.

Además de los modelos ya implantados y de las respuestas más ortodoxas que se adelantan en el libro, el BID también propone “soluciones a la latinoamericana”. “Medidas que las circunstancias particulares de América Latina determinan que sólo se puedan aplicar en esta región”, explica Corbacho.

Entre ellas, la incorporación de un IVA personalizado que permita aliviar el peso impositivo de esa tasa a las familias con menos recursos, que son las más perjudicadas por el impuesto, a través de la transferencia condicionada de fondos públicos, o los incentivos para el uso más eficiente de los recursos naturales y finitos, como el petróleo o el gas natural, cuyo gravamen constituye una parte importante de los ingresos de Venezuela, Bolivia, Chile, Ecuador o México. “Los recursos naturales se han convertido en el maná del cielo para las arcas públicas de muchos de estos países desincentivando la inversión en otras fuentes energéticas”, explica Corbacho. “Esto se puede convertir en un problema porque estos recursos se agotarán en un futuro y hay que ver cómo resuelven esta dependencia”.

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