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Chipre retrasa la apertura de los bancos mientras negocia mitigar el rescate

Los bancos, que iban a reabrir el martes tras la fiesta del lunes, seguirán cerrados

El Gobierno negocia con la troika flexibilizar el impacto de la ayuda en los ahorradores

Bruselas aceptaría reducir la quita a pequeños ahorradores si al final se recauda todo lo pactado

El Ejecutivo chipriota necesita sacar adelante la ley en un parlamento fuertemente dividido

Dos personas retiran dinero de un cajero el sábado.
Dos personas retiran dinero de un cajero el sábado. AFP

El Gobierno de Chipre, que está negociando a contrarreloj un acuerdo para suavizar el impacto del rescate entre los pequeños ahorradores del país, ha anunciado este lunes que los bancos no volverán a abrir sus puertas finalmente hasta el jueves, dos días más tarde de lo previsto. Este retraso se debe a que, primero, el Ejecutivo necesita haber aprobado el acuerdo con el Eurogrupo en el Parlamento, lo que también se ha aplazado a mañana, martes, ante la necesidad de que, antes, debe tener el visto bueno de Bruselas y de sus socios a las nuevas condiciones. Los ministros de Finanzas de la eurozona celebran una conferencia telefónica en la que están revisando los términos del rescate.

La Unión Europea aceptaría reducir la quita para a pequeños ahorradores, siempre que el Ejecutivo chipriota se comprometa a recaudar la cantidad pactada. Es decir, que dejaría en manos de Nicosia el reparto del impacto entre los ahorradores. Según el acuerdo alcanzado el sábado entre la troika y el Gobierno chipriota, la quita a las cuentas bancarias podría recaudar hasta 5.800 millones de euros, mientras que la troika aportaría otros 10.000 millones.

Ante la evidencia de que le faltaban los escaños necesarios para sacar adelante la propuesta, el presidente, el conservador Nikos Anastasiadis, ya decidió el domingo posponer la votación en la Cámara. En un mensaje a la desesperada, el presidente trató de convencer a sus ciudadanos por dos vías: el miedo —la alternativa al rescate habría sido peor— y endulzar la amarga píldora —el Estado devolverá la mitad del dinero confiscado—. Anastasiadis acaparó los canales de televisión, en los que apareció a última hora de la tarde, rodeado por las banderas de Chipre y de esa Unión Europea a la que ahora tantos ciudadanos culpan de sus males. Aseguró que ha hecho lo necesario para evitar la quiebra, ya que el BCE estaba dispuesto a ahogar la liquidez de los dos principales bancos. Esta opción habría desencadenado en la salida del euro, aseguró. Luego lanzó el caramelo: “El Estado devolverá a los que mantengan sus depósitos más de dos años la mitad de su contribución en bonos de futuros ingresos por el gas natural”.

De poco le ha servido a Anastasiadis su proximidad ideológica y supuesta amistad con Angela Merkel. La canciller alemana —principal impulsora de que el rescate fuera acompañado de una quita a los ahorradores con la que se prevé recaudar unos 5.800 millones— ha colocado al presidente chipriota en una situación insostenible, tan solo dos semanas después de que asumiera el cargo. Un diputado de uno de las dos fuerzas políticas que le apoyan —con 29 de los 56 escaños—, el centrista Partido Democrático, dejó claro que no piensa contribuir a que los chipriotas pierdan parte de sus ahorros: el impuesto que se pretende aplicar el martes se llevaría el 6,75% de sus depósitos, el 10% a partir de los 100.000 euros. Sin ese voto, Anastasiadis dispone de 24 horas para encontrar otro que le apoye si no quiere tener que volver a Bruselas para decirle a sus colegas europeos que rechaza el plan.

Margen para "modular" el impacto de la ayuda

Ante las dificultades, la Comisión Europea admitió la noche del domingo que había margen para modular la medida más polemica. “Si los dirigentes chipriotas se ponen de acuerdo en una escala más progresiva para la quita con vistas a que sea más justo para los pequeños ahorradores, y si al final tiene el mismo impacto financiero, la Comisión estaría dispuesta a recomendar al Eurogrupo que apoyara tal acuerdo”, señaló un portavoz del comisario de Economía, Olli Rehn. Según la agencia Reuters, Anastasiadis negocia con la troika bajar hasta el 3% el tipo aplicado en los primeros 100.000 euros, para elevarlo al 12,5% a partir de ese nivel. Tanto Angela Merkel como el ministro de Economía alemán, Wolfgang Schäuble, han señalado que Alemania estaba dispuesta a respetar la garantía de los primeros 100.000 euros imponiendo una tasa o quita más alta a los depósitos por encima de esa cifra, pero que fue el propio Gobierno chipriota el que prefirió repartir la carga de tal modo que afectase también a los pequeños ahorradores.

El presidente del Parlamento Europeo defendió el acuerdo, por gravar a “enormes depósitos de dudosa procedencia”

En la mañana del lunes, el canal de televisión chipriota Mega ha informado de que se está negociando bajar más la quita a los pequeños ahorradores. Según esta versión, que supone la última de un buen número de especulaciones que corren sobre cómo podría acabar la medida, los depositantes que tengan menos de 100.000 euros pagarían el 2% de sus fondos al Estado para financiar el rescate. El porcentaje subiría al 10% para los ahorros de entre 100.000 a 500.000 euros y al 15% para las cuentas que cuenten con mas de medio millón de euros. Otras fuentes citadas por Bloomberg hablan de sacar a los depósitos de menos de 20.000 euros de la tasa.

En una línea similar se había expresado el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schultz, en una entrevista con Welt am Sonntag. Schultz defendió el acuerdo, por gravar a “enormes depósitos de dudosa procedencia” en bancos chipriotas, ante los que se acumulaban las acusaciones de que servían de base al lavado de dinero negro. Pero abogó por eximir de la medida a los ahorradores que tengan menos de 25.000 euros. “Ellos no son los responsables de la crisis. La solución tiene que ser socialmente aceptable y hay que mejorarla”, añadió.

El miedo a la fuga de capitales

“Los ministros de Finanzas dijeron que había que reducir el peso del sector financiero chipriota. Si el Parlamento da el visto bueno al rescate, al día siguiente de levantarse el corralito muchísima gente sacará el dinero del banco porque sentirá que ya no es seguro. Si gana el no, también habrá fuga de depósitos por el pánico a que el país quiebre y abandone el euro. Sea como sea, los gobernantes europeos han logrado su objetivo de que Chipre deje de ser un paraíso para las transacciones financieras”, apunta con un toque de humor el analista y bloguero Yiannis Mouzakis desde un cafe del centro de Nicosia.

Por las calles semidesiertas de Nicosia circulaba ya ayer, domingo, el rumor de que tampoco abrirán el miércoles. “Dudo mucho que vuelvan a estar operativas hasta que se aclare la situación. Y nadie sabe cuándo será eso”, añade el analista Mouzakis.

El terremoto ocasionado por la constatación de que los ahorros de algunos europeos no están a salvo, ni siquiera los 100.000 euros que en teoría eran intocables, se ha dejado oír en todo el continente. Los más preocupados son los países del sur, temerosos de que este episodio en un país que no llega al millón de habitantes y con un PIB minúsculo reavive las tormentas que últimamente habían amainado.

Alemania y el FMI, en cambio, se salen con la suya al garantizar que a los chipriotas no les salen gratis los excesos del pasado y que la deuda pública del país no se disparará a niveles insostenibles, verdadera obsesión del organismo que encabeza Christine Lagarde. Rusia —cuyos millonarios habían elegido la pequeña isla para guardar un dinero no siempre obtenido por medios legales— ha insinuado que relajará las condiciones del préstamo de 2.500 millones que concedió en 2011 a Chipre a cambio de que el Gobierno le suministre información sobre los evasores fiscales. Y Reino Unido se encargó de garantizar los fondos de los británicos desplazados a la isla. “Las personas que están cumpliendo una labor para nuestro país en Chipre serán protegidas”, aseguró en la BBC el ministro de Economía, George Osborne, en referencia a miles de militares y funcionarios.

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