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Draghi ve “dolorosos progresos” y pide a Rajoy que siga con las reformas

Bruselas considera que las condiciones para el rescate han cambiado

¿Brotes verdes? ¿Ha pasado lo peor? ¿Hay luz al final del túnel? ¿Viene tal vez algo de calma después de la tormenta? No se ve prácticamente nada de eso en Europa, y nada de nada en España, pero en cambio hace meses que se suceden las declaraciones marcadas por el optimismo autoindulgente de los líderes continentales. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, se sumó este lunes a esa línea argumental: “Las cosas están mejorando en España”.

Draghi ha definido el 2012 en España, Grecia, Irlanda y Portugal como “el año del progreso doloroso”

Los datos dicen exactamente lo contrario: la economía española acabará el año con una recesión profunda (una caída en torno al 1,5% del producto interior bruto, que se repetirá en 2013), con cerca de seis millones de parados y un sector financiero necesitado de grandes cantidades de dinero público e incapaz de reactivar el crédito. Frente a ese preocupante cuadro clínico, en Bruselas —y en Madrid— se impone la tesis de que España ha dejado de ser un riesgo inminente. Draghi rebuscó entre las estadísticas para encontrar refrendo a la política de austeridad que sigue reclamando pese a todo. “Las exportaciones españolas han subido un 27% desde 2009, la competitividad ha mejorado, los costes laborales están moderando”, dijo en una comparecencia ante el Europarlamento para pasmo de diputados y periodistas.

“El déficit por cuente corriente se ha reducido”, subrayó. Y es cierto: las exportaciones crecen a buen ritmo, aunque los expertos aclaran que el recorte del déficit comercial se debe en gran medida al hundimiento de las importaciones, fruto de la caída en barrena del consumo por la crisis y el paro. El segundo rescate sigue planeando en el horizonte a corto o medio plazo, aunque ha desaparecido del cortísimo plazo. “Las condiciones para un segundo rescate en España han cambiado notablemente”, explicó una alta fuente europea en Bruselas.

A esa mejoría —plasmada en una prima de riesgo que se mueve en el entorno de los 400 puntos, una especie de asfixia tolerable— se agarran los dirigentes europeos para explicar que los síntomas de alivio que ofrecen algunos indicadores son “alentadores”. Lejos de levantar el pie del acelerador de la doble hélice de la austeridad —recortes y reformas— por la gravedad de la recesión que se avecina, el banquero central europeo reclamó al Gobierno de Mariano Rajoy que “persevere” en esa política el año próximo: “2012 fue un año de dolorosos progresos. Y 2013 también debe serlo”.

Draghi hizo un resumen positivo de la última cumbre europea, al que se unieron el presidente del Consejo, Herman van Rompuy, y el de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso. El desbloqueo del próximo tramo de la ayuda a Grecia y el primer paso hacia el supervisor único permiten a la eurozona “ganar credibilidad”, explicó Van Rompuy, mientras que Draghi destacó los nuevos horizontes que ofrecen el fondo de resolución de entidades financieras para profundizar en la unión bancaria, y los contratos que firmarán los países y la Comisión Europea para comprometerse a hacer reformas, que permitirán ahondar en la unión fiscal.

Frente a los avances en el plano institucional, el oscuro horizonte en el plano estadístico: Draghi admitió que los indicadores económicos de la zona euro “se han estabilizado a niveles bajos”, y explicó que espera “una recuperación muy gradual a partir de la segunda mitad de 2013”. “A medio plazo los pronósticos son desafiantes”, dijo. El gran problema de esa tardía y lenta reactivación es el mercado laboral: el desempleo es un indicador retardado; cuando la economía se recupere, las cifras de paro esperarán todavía un año hasta mejorar. Con un desempleo medio superior al 10%, la situación de la eurozona es preocupante. Pero se convierte en alarmante con cifras por encima del 20% en el sur de Europa, y en particular en España.

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